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Red Internacional
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Abusos sexuales e impunidad. Mar del Plata: cuando Iglesia y jueces pretendieron callar a 44 niñas y niños abusados

En 2013 varias familias de los jardines Gianelli y Fleming denunciaron a una profesora. La Iglesia la defendió con abogada y custodios. En 2017 logró su absolución. La Cámara ordenó un nuevo juicio. Ella sigue abrazando niñas y niños.

Daniel Satur

Daniel Satur @saturnetroc

Viernes 5 de octubre de 2018 15:03

Foto 0223

El 23 de febrero de 2017 Analía Schwartz se sentó, luego de varios años de espera, ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Nº1 de Mar del Plata, ante el fiscal, ante su abogada Patricia Perelló y ante los abogados de 44 familias querellantes.

Fuera de un Tribunal, rodeado por 200 efectivos policiales, las familias contenían su ansiedad en silencio. En la puerta, días antes, un grupo de monjas montó una escena de rezos y plegarias para que la profesora, a la que consideraban parte de “la familia”, fuera declarada inocente.

A Schwartz se le imputaron, en los autos de elevación a juicio, nueve casos de “abuso sexual infantil” y seis de “corrupción de menores”, de los que fueron víctimas 44 niñas y niños de entre 3 y 5 años. Eran sus alumnas y alumnos de cinco salas de dos jardines de infantes privados, uno confesional (San Antonio María Gianelli) y otro laico (“Mamina”, del Instituto Fleming), ubicados a cinco cuadras uno del otro.

La mayor parte de las denuncias provenían de familias cuyos hijos e hijas iban al jardín religioso y se sucedieron, como una catarata imparable, entre el 7 el 14 de septiembre de 2013.

Entre esos convulsionados días y febrero de 2017 probablemente Schwartz haya imaginado muchas veces que poco y nada iba a pasarle. Es que tenía (y tiene aún) a su favor el amparo de la jerarquía eclesiástica, que hasta le puso a una de las abogadas más caras de Mar del Plata (muy experimentada en estos casos) y montó mil maniobras para desacreditar públicamente a quienes solo exigían al Poder Judicial un poco de reparación para sus hijos e hijas.

Para las familias querellantes el juicio oral fue realmente escandaloso. Luego de analizar las decenas de testimonios de niñas y niños abusados, de las familias denunciantes y de directivos y docentes de los jardines, los jueces Facundo Gómez Urso, Aldo Carnevale y Pablo Viñas decidieron absolver a Schwartz el 16 de mayo de 2017. Además de negar las pruebas, llegaron a escribir en la sentencia que es necesario revisar los protocolos internacionales con los que se aplica el método de la Cámara Gesell a menores de edad, porque ellos no les creyeron nada a las víctimas.

Las maniobras de la Curia y los jueces (a las que se sumó la complicidad de las grandes empresas periodística marplatenses) no lograron amedrentar a las familias, quienes enseguida apelaron la sentencia al igual que el fiscal Fernando Castro. Finalmente el 1° de marzo de este año el Tribunal de Casación Penal reconoció, en un importante fallo que siente jurisprudencia, anular la sentencia del TOC 1 de Mar del Plata y ordenar que se haga un nuevo juicio con otros jueces.

Mientra las víctimas (que ya tienen entre ocho y diez) y sus familiares aguardan saber qué jueces estarán a cargo del nuevo proceso y cuándo comenzará el juicio, el caso tuvo otra novedad. La semana pasada la Suprema Corte de Justicia bonaerense rechazó un recurso extraordinario de “inaplicabilidad de la ley” que había presentado la abogada Perelló, defensora de Schwartz, y con el que pretendía frenar el nuevo juicio.

Colegio Gianelli | Foto {La Capital}
Colegio Gianelli | Foto {La Capital}

Los casos, las denuncias

La primera vez que C. y su pareja escucharon a su hija contar los abusos sufridos fue cuando ella tenía cinco años. Y fue de casualidad. En diálogo con La Izquierda Diario recuerda: “Mi mujer estaba en casa, leyendo en la computadora una noticia que hablaba de una docente abusadora en el colegio Gianelli y mostraba la foto de esa profesora. En ese momento mi hija pasaba por al lado y al ver la pantalla preguntó ’¿por qué está la foto de esa mujer mala en la tele?’”.

Ellos no habían conocido a la profesora de música de la sala, por eso la mamá, sin entender mucho, le preguntó a la nena “¿la conocés?” Y la nena le dijo que sí, que había sido su maestra de música, que era mala y relató varias situaciones compatibles con abusos.

Cuando decidieron ir a hacer la denuncia a la Comisaría de la Mujer y de la Familia de Mar del Plata se dieron cuenta de que no eran los únicos denunciantes. Y que el primer caso en conocerse también se dio por casualidad, “durante una fiesta familiar una de las mamás notó que su hijo se bajaba los pantalones y se tocaba. Cuando le preguntó por qué lo hacía él le respondió que era un juego que les hacía hacer la seño de música”, relata C.

Ahí comenzaron las consultas entre mamás y todo se desató. Los relatos de varios chicos y chicas coincidían. Todo lo hacía la maestra en las clases de música. Enseguida pidieron una reunión con las autoridades del colegio. La primera reacción de los directivos fue negar todo. “No puede ser, es imposible que pase algo así acá, no tenemos ningún antecedente”, dijeron. Pero apareció una mamá con un acta, firmada tres meses antes, donde constaba la denuncia de que su hijo estaba sufriendo situaciones de abuso. El acta estaba firmada por los propios directivos. Padres y madres no lo dudaron más, les estaban mintiendo.

C. recuerda que “en esos días alborotados se produjeron corridas y peleas entre quienes acusaban y quienes defendían a la profesora. En momento aparecieron en uno de los colegios barrabravas de un club y empezaron a romper las instalaciones. Producto de las reparaciones en el edificio se terminaron eliminando pruebas”. Hasta ese momento la sala de música tenía vidrios esmerilados, y fueron cambiados por transparentes. En el juicio quedó demostrado que se modificó el espacio donde los chicos cuentan que pasaban las cosas.

A través de la Cámara Gesell se recogieron varios testimonios coincidentes entre las víctimas. Entre otras cosas se supo que al momento de producirse los abusos les sacaban fotos y filmaban. “Eso nunca se investigó en el juicio, ni siquiera se allanó la propia casa de la abusadora”, denuncia C. ante este diario. Y sospecha el por qué: “Sabemos que la pornografía infantil y las redes de pedofilia tienen mucha fuerza y actúan permanentemente, por eso creemos que tanto encubrimiento de la Iglesia puede tener que ver con algunas prácticas que trascienden a la maestra de música”.

Todos los relatos de los menores en Cámara Gesell detallan dónde y cómo se produjeron los abusos. Y todos coinciden en la misma persona como ejecutora. Fueron muchos los relatos que no dejaron lugar a dudas, tanto por su precisión como por su coincidencia colectiva. Sin embargo parecieron no serles suficientes a los jueces Gómez Urso, Carnevale y Viñas.

Foto web pública de Patricia Perelló
Foto web pública de Patricia Perelló

Abogada de dios

A las familias les quedó claro desde el principio que la jerarquía católica estaba decidida a bancar con todo a la abusadora. Una de las pruebas más contundentes de ello tiene nombre, apellido y varios títulos: Patricia Perelló, la abogada defensora de Schwartz.

En Mar del Plata Perelló es demasiado conocida. Entre múltiples cargos y tareas, desde 2002 obtuvo nombramientos como co-fiscal federal y conjueza de tribunal y de cámara. Además durante años fue asesora del bloque del Partido Justicialista en las cámaras de Diputados y de Senadores de la Legislatura bonaerense. Presidió varias “ONG”. El año pasado se sumó como “directora de seguridad ciudadana” al Consejo de Planificación Técnica bonaerense. Lleva años interviniendo personalmente en causas judiciales en las que, de una u otra manera, están involucradas instituciones eclesiásticas. Y por si fuera poco, mantiene una estrechísima relación con el diario La Capital y el resto de los medios que posee ese grupo empresario marplatense.

En octubre de 2002, diez años antes de los hechos denunciados en los jardines Gianelli y Fleming, Perelló asumió la defensa de Fernando Melo Pacheco, un profesor de educación física al que veinte familias de chicos y chicas de entre 4 y 5 años acusaron de diversos abusos sexuales. En marzo de 2006, Melo Pacheco fue absuelto, también por el TOC 1 de Mar del Plata. La misma sentencia favorable recibiría en las instancias superiores y hoy las familias esperan una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Además de Schwartz y Melo Pacheco, hubo otros miembros de instituciones católicas que fueron denunciados por abusos sexuales y contaron con la inestimable defensa de la doctora Perelló. Casi todos ellos lograron se absueltos.

En 2015, mientras se instruía la causa contra la profesora Analía Schwartz, su abogada publicó una de sus columnas en La Capital, titulada “Qué hay detrás del auge de las denuncias sobre abuso sexual infantil”. Allí afirmaba que los niños “pueden mentir, pueden malinterpretar, pueden distorsionar, y pueden tener un discurso co-construido a partir de interrogatorios inapropiados de sus padres, familiares, y de los propios psicólogos”.

Las madres y los padres de las 44 víctimas de los jardines Gianelli y Fleming saben que los honorarios de Perelló son altísimos. C. asegura que “muchos de los padres y madres de las víctimas hasta tuvimos que vender el auto para pagar un abogado. Una simple maestra de música no puede pagarle el sueldo a esa abogada”.

A esta altura nadie duda de que a Perelló, si es que cobra por sus servicios, le paga sus honorarios el mismo Obispado de Mar del Plata. Pero hay quienes dicen que puede estar haciéndolo ad honorem, ya que el Obispado es casi como su casa. De hecho, es desde esa dependencia eclesiástica de donde suelen enviarse mails a periodistas, medios y otros abogados con mensajes de parte del estudio de la doctora Perelló.

Analía Schwartz con custodios de la Catedral marplatense | Foto {0223}
Analía Schwartz con custodios de la Catedral marplatense | Foto {0223}

Opción por los pobres

Las familias de las 44 víctimas procuraron que la profesora Schwartz no diera más clases frente a niñas y niños. Como argumento esgrimen que la causa sobre su culpabilidad sigue abierta, con lo cual mínimamente debería preservarse a los demás infantes de la posibilidad de que la mujer reincida en sus abusos.

Pero aunque hace años no da clases de música en el Ginelli ni en el Fleming, a varios padres y madres les llegó recientemente la noticia de que Schwartz sigue abrazando cotidianamente a muchas niñas y muchos niños al amparo de curas y monjas.

“Las familias fuimos al Consejo Escolar a exigir que la maestra nunca más estuviera con chicos. Pero pese a que en las dos instituciones no siguió, hace poco nos venimos a enterar de que realiza actividades en la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en una zona periférica de Mar del Plata, donde viven muchas familias vulnerables, con muchos chicos”, afirma C.

La preocupación es más que entendible. “A la mujer que está afrontando un proceso judicial por tanta cantidad de abusos le dieron un lugar en un espacio donde está en contacto permanente con chicos y chicas que, además, están en una situación económica desfavorable y de mucha vulnerabilidad. Y sabemos que también participó en campamentos en el camping Calazanz organizados por la Iglesia”, concluye C.

Las familias denunciantes no olvidarán nunca que cuando Schwartz iba a Tribunales solía ser acompañada nada menos que por la custodia especial de los guardias del obispo de Mar del Plata. Y tampoco que en la Catedral marplatense se hizo más de una misas pidiéndole a Dios (y por su intermedio a los jueces) que salven a la acusada de la justicia terrenal.


Esta es la primera de una serie de notas sobre el caso Gianelli Fleming. La denominación según el nombre de los jardines de infantes y no según el de la abusadora se debe a que el entramado de encubrimiento no es ni individual ni privado, sino que es institucional por donde se lo mire.

Próximos artículos aportarán información sobre los jerarcas de la Iglesia que están sumamente interesados en que el pellejo de la profesora Schwartz sea salvado para toda la eternidad. El elenco incluye a personajes relacionados con el Instituto Antonio Provolo de Mendoza. Nada menos.

Mirá el documental No Abusarás. El mandamiento negado en la iglesia de Francisco


Daniel Satur

Nació en La Plata en 1975. Trabajó en diferentes oficios (tornero, librero, técnico de TV por cable, tapicero y vendedor de varias cosas, desde planes de salud a pastelitos calientes). Estudió periodismo en la UNLP. Ejerce el violento oficio como editor y cronista de La Izquierda Diario. Milita hace más de dos décadas en el Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) | IG @saturdaniel X @saturnetroc

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