El Banco Central no logró contener la corrida contra el peso y la cotización de la divisa verde cerró a $ 21,52. Los factores económicos y políticos que explican la escalada.

Pablo Anino @PabloAnino
Miércoles 2 de mayo de 2018
El dólar volvió a escalar este miércoles hasta los $ 21,52. Esto ocurrió a pesar que el Banco Central siguió entregando divisas para contener la cotización: más del 10 % de las reservas se esfumaron desde marzo a esta parte.
Una corrida cambiaria no la hacen los pequeños ahorristas que buscan comprar dólares para preservar sus ahorros frente a la inflación. Son los lobos de Wall Street, el capital financiero internacional, los que están saqueando las reservas del Banco Central.
Los especuladores se convirtieron en el enemigo menos pensado de un Gobierno que se arrodilló ante los fondos buitre en Nueva York y celebró la vuelta al mundo. El macrismo les habla con el corazón, pero le responden con el bolsillo.
Luego de dilapidar reservas durante toda la semana pasada sin lograr controlar la fuga de divisas, el viernes la autoridad monetaria subió la tasa de interés de referencia, dando incentivos a la bicicleta financiera, una imposición de los “mercados” que quebró el camino de bajas de tasas trazado en la conferencia de prensa del equipo económico del 28 de diciembre de 2017.
Las voces que llegan desde Wall Street dan cuenta de la situación compleja de la economía argentina. Si bien dicen que no cayó bien la modificación de las metas inflacionarias de diciembre, fue visto con buenos ojos el aumento de tasas que anunció el viernes pasado el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger.
No fue suficiente
A último momento de la semana pasada el Central logró contener la suba del dólar, pero el efecto se diluyó pronto: la suba del dólar se reinició con más fuerza después del fin de semana largo. El economista Rodolfo Santángelo había advertido que “la tasa de interés es un instrumento muy imperfecto para calmar las expectativas del mercado”.
Hasta el mediodía de este miércoles se habían vendido U$S 250 millones de dólares, pero no alcanzó. Fue entonces que “El Central se corrió, se fue a la cucha”, según relató un operador. Luego volvió a intervenir hasta totalizar la venta de U$S 400 millones de dólares. Pero el dólar igual llegó a $ 21,52.
Los funcionarios oficialistas aseguran que Federico Sturzenegger tiene poder de fuego bajo la forma de reservas. Pero es una fortaleza prestada gracias a la escalada de endeudamiento público principalmente y el ingreso especulativo de divisas secundariamente.
Los mismos que le dieron los ladrillos para construir la fortaleza los están tirando abajo como si se tratara del Muro de Berlín. Si con las reservas bastaba, no hubiera sido necesario subir las tasas, una medida de carácter recesivo en una economía cuyo crecimiento pronosticado oscila el 2 % y podría bajar más con las turbulencias en curso.
Un analista señaló correctamente que aunque no se retiren más capitales, con que sólo se detenga la entrada el Gobierno enfrenta un problema grave. No había canilla libre para embriagarse sin límite.
El árbol y el bosque
En la coyuntura la suba del dólar responde a factores internacionales y locales. A la suba de la tasa de interés que paga el bono a 10 años en los Estados Unidos, ahora se suma la decisión del Tesoro de ampliar las subastas de bonos: la aspiradora de dólares del país del norte aumentará su potencia.
La inestabilidad de las monedas atraviesa el mundo denominado emergente, o semi colonial y dependiente, según los términos marxistas. Pero tiene mayor impacto en Argentina por la liberalización cambiaria que hace más vulnerable el país a los flujos financieros y los profundos desequilibrios que atraviesa la economía.
La política de contener el dólar por parte del oficialismo constituye un intento desesperado para evitar que la inflación se agite aún más: 2,4 % fue la inflación de abril, según varias consultoras. En pocos días se conocerán las cifras oficiales.
La meta inflacionaria fijada en diciembre estará liquidada en junio: un gigantesco error de cálculo del gabinete económico, que se agranda producto de las internas de gabinete. La retroalimentación entre inflación y tipo de cambio constituye uno de los círculos viciosos más característicos de la atrasada economía nacional.
Todo el esquema paritario cerrado con promesas de reapertura y las paritarias por cerrar pueden alterarse y alterar el panorama económico y político si los trabajadores se proponen no respetar la entrega de las cúpulas sindicales que respetan el techo del 15 %.
La defensa del poder de compra del salario es central porque la inflación, que refleja sólo en parte el impacto de los tarifazos, se va a acelerar en la medida que continúe la suba del dólar.
Justamente el debate que tiene lugar en el Congreso en rechazo de los tarifazos, a pesar de la muy módica suavización que intenta el peronismo, es un aspecto clave en la pérdida de confianza de los “mercados” sobre el poder político del macrismo para llevar adelante su programa económico.
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Lo más concentrado del empresariado nacional hizo causa común (lo cual, obviamente, está en su naturaleza) con el ajuste y llamó a aceptar los tarifazos: cuando piden un “esfuerzo de todos”, están hablando del resto y cuando dicen que “vamos a salir adelante” hablan de ellos mismos, como se lee en estos días en las redes.
El Gobierno parece estar perdiendo la confianza de los "mercados" y del peronismo ajuste friendly, dos de los aliados centrales hasta el momento.
El debate por los tarifazos está impactando en otra normativa: se está postergando el tratamiento de una nueva ley de mercado de capitales, que el “mercado” considera clave para que el país sea recategorizado como economía emergente por Morgan Stanley Capital Internacional (MSCI) en el mes de junio. El tiempo se acota.
Ese deseo fue postergado el año pasado cuando gran parte del establishment descontaba que sucedería. Podrían estar reuniéndose las condiciones para un nuevo desencanto.
Detrás de los factores coyunturales que empujan la suba del dólar hay fuertes desequilibrios estructurales.
Aún con los tarifazos y la baja de subsidios, el oficialismo no logró moderar el déficit fiscal porque los pagos de intereses de la deuda crecen en mayor proporción que el ahorro fiscal en compensaciones energéticas y al transporte.
Las cuentas externas negativas significan un exorbitante flujo de dólares al exterior que desangran la economía nacional: la balanza comercial (agravada este año por la sequía y la poca liquidación de agroexportadores) y la de servicios, los pagos de deuda externa, la remisión de ganancias de las empresas multinacionales, la fuga de capitales.
Esas son las causas profundas de la maratón hacia el dólar. No las resuelven ni la tasa de interés ni la entrega de reservas, sino una reorganización más profunda de la economía nacional, o al menos un paso más firme en el ajuste, que es lo que exigen los “mercados”.
El nivel de tensión económica y financiera tiene un reflejo directo en la vulnerabilidad del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que es objeto de múltiples denuncias: evasión y posterior blanqueo, patrimonio offshore, vuelos en aviones privados, cenas carísimas con la titular del FMI, Christine Lagarde, hasta la compra de Chocoarroz con dinero público. Al calor de las denuncias crecen los rumores de recambios en el equipo económico.
La nacionalización de la banca y del comercio exterior indican un camino distinto al vaciamiento del país por parte del capital financiero internacional y sus socios locales. Es una tarea inscripta en una reorganización económica de otra clase, que debe comprender la nacionalización de los servicios públicos y tirar abajo los tarifazos, en función de atender las necesidades de la clase trabajadora.

Pablo Anino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.