El pasado domingo 20 de noviembre la ciudad de Santa Fe marchó en repudio a la violencia y criminalización hacia la diversidad sexual, para luego culminar la movilización en un festival cultural celebrando las sexualidades disidentes.
Victoria Ficetto Militante de Pan y Rosas - Santa Fe
Jueves 24 de noviembre de 2016 16:33
La movilización fue convocada por distintas organizaciones, pero con la cualidad de ser auspiciada y solventada por el municipio y el gobierno de la provincia, una hipocresía disfrazada de colaboración y apoyo. ¿No son acaso los gobiernos responsables de los travesticidios, de la falta de implementación de la Ley de Educación Sexual Integral, de las violencias a las que es sometida la comunidad LGTBIQ cotidianamente?.
Se levantaban consignas contra los travesticidios y femicidios, contra la violencia policial e institucional, e incluso exigían la separación de la Iglesia y el Estado. Pero ante un micrófono abierto, nadie mencionó que la policía tucumana detuvo y abusó sexualmente de una joven trans, ni el escandaloso accionar policial que demoró a dos jóvenes cordobesas por besarse en la Plaza Colón, ni a Michelle Mendoza -activista trans de Rosario- quien fue detenida y golpeada por las fuerzas policiales santafesinas. Tampoco se hicieron denuncias sobre los abusos en nuestra propia ciudad, ignorando episodios homofóbicos que cotidianamente tienen lugar en Santa Fe, tales como, que se baje del transporte público o que se eche del shopping La Ribera a personas del mismo sexo por demostraciones afectivas. De igual modo, nadie se pronunció ante la detención de siete activistas que se manifestaban frente a la Legislatura el pasado viernes para denunciar el Abuso Infantil y la complicidad de la Justicia, el Gobierno y La Iglesia. Dos días después, la misma policía oficia de cordón de seguridad durante la marcha, cortesía de la municipalidad -cosas que pasan cuando es el Estado el que organiza-. “Lo que no se nombra no existe” se escuchó en una de las intervenciones. Bajo éste postulado, entonces, ¿no hubiese sido más que necesaria la denuncia a la complicidad gubernamental?.
Callando no se quita la existencia, callando se ignora e invisibiliza. Lejos de asomarse a responsabilizar a los gobiernos de turno, se les agradeció, se demostró gratitud al folcklorismo escénico desplazando lo combativo de un día de lucha. Otras de las intervenciones mencionaba detalladamente la persecución hacia el colectivo trans durante el golpe militar del 76 (donde se estima que 400 homosexuales fueron detenidos durante, muchos de ellos torturados, violados, y hasta asesinados), pero en nuestro democrático presente existen casos como el de Vanesa Zabala, mujer trans de Reconquista que fue golpeada, estrangulada, empalada y asesinada. A dos días del crimen, la policía y la municipalidad quemaron el lugar de los hechos, y a tres años los acusados han recuperado la libertad por vencimiento de los plazos procesales que dispone la legislación vigente para ser llevados a juicio. De ella tampoco se habló, ni de Coty Olmos, ni de tantas otras. Aunque no se nombre existe, existen los crímenes de odio, la implicancia policial, la Justicia que garantiza la impunidad, la responsabilidad del Estado, la complicidad de los gobiernos.
La municipalidad también se hizo presente en el escenario, “sepan que van a contar con nuestro acompañamiento” dijo quien oró en su nombre. Quienes luchamos todos los días para terminar con todo tipo de opresión, no confiamos en el acompañamiento del Estado ni de la gestión a cargo, entendemos esa declaración como una burla, no queremos caridad, ni nos vamos a conformar con migajas ni con luces de colores. Señalamos que la municipalidad, así como todo el Estado de conjunto, son quienes garantizan las violencias de cada día.
Nuestras peleas siguen asimilándose a todas aquellas de antaño que llevaban a las calles al movimiento por la liberación del colectivo, desde la actualidad en Medio Oriente donde las personas son privadas de su libertad y asesinadas por su orientación sexual hasta ese 1969 en Stonewall -hito fundador de las peleas y reivindicaciones por nuestros derechos-. La única salida es organizar un movimiento independiente de los gobiernos y tomar las calles por una verdadera visibilización, que las tiña de colores y festividad pero que también se plante ante los actores principales de los grilletes que nos someten y sometieron a través de la historia.
Celebramos a quienes se reunieron el pasado domingo en favor de nuestras reivindicaciones de ayer y hoy, pero además los invitamos a levantar un movimiento combativo para terminar con todas las opresiones que avasallan al colectivo LGTBIQ.
Este 25 de noviembre, en el Día Internacional Contra la Violencia hacia las Mujeres, salgamos a las calles y hagamos oír la lucha del movimiento de mujeres y del movimiento LGTBIQ en un mismo grito. Las militantes de Pan y Rosas sabemos que sólo dando ésta lucha conjuntamente es como sentaremos las bases de la revolución social basada verdaderamente en la igualdad, como decía Rosa Luxemburgo, “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.