Desde Francia, el ex trabajador de la fábrica Saiar brindó testimonio por primera vez sobre su calvario: la persecución en Chile, su detención dentro de la fábrica junto a otros compañeros, los traslados y torturas, hasta su expulsión al país europeo. Su trabajo por enjuiciar a Pinochet y su involucramiento en el movimiento obrero francés. En la audiencia también declararon Liliana Cagna y Leonardo Blanco.

Valeria Jasper @ValeriaMachluk
Domingo 2 de mayo de 2021 22:08
Marcos Alegría reside en Francia, desde que el 16 de febrero de 1977 oficiales lo llevaron esposado hasta el avión de Air France. Una vez en vuelo y en tierra francesa, fue libre.
Pasaron más de cuatro décadas para que Alegría pudiera testificar por primera vez el martirio que padeció en Argentina durante la última dictadura cívico militar eclesiástica.
“Es un deber estar acá”
Su relato no puede desligarse de la realidad chilena a partir del 11 de septiembre de 1973 cuando Pinochet irrumpe en la escena y desata una feroz represión contra los sectores trabajadores, políticos y estudiantiles.
Era representante estudiantil ante el consejo normativo en la escuela normal donde estudiaba. Viendo lo que se venía, en agosto de 1974, con 22 años, decidió trasladarse a Argentina. Llegó a la localidad de Quilmes donde se encontraba un hermano de crianza. A los dos meses logró la estadía legal y el ingreso a la fábrica de termotanques Saiar como medio oficial.
“En ese año, la industria está en pleno desarrollo de luchas sindicales por obtener el respeto de las condiciones de seguridad. Me encontré en un medio activo y comencé a participar, a pesar de haberme prometido, por mi experiencia en Chile, de quedarme tranquilo, sabiendo lo que la represión podía llegar a hacer”, relató Alegría.
En el transcurso de su testimonio dio cuenta de la complicidad directa del sector empresario en el secuestro de trabajadores en la dictadura y contextualizó el secuestro de un grupo de trabajadores de la fábrica Saiar en lo que fue un año muy activo en cuanto a la organización obrera en la zona sur del conurbano bonaerense.
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“En 1975 éramos parte de la Coordinadora Sur, que estaba peleando el liderazgo contra la burocracia sindical. Esto hizo que Saiar se convirtiera en vanguardia en la región”.
En este sentido, el testigo afirmó que ya en ese mismo año, dentro de la fábrica había rumores de un golpe. “Saiar estaba muy controlado, sospechábamos que la dirección se reunía con servicios de seguridad. Muchos trabajadores eran seguidos y como Comisión Interna había decidido estar atentos”.
Así lo dejó asentado el testimonio de otros de los testigos, Leonardo Blanco. Junto a su hermano fue secuestrado el 7 de noviembre de 1975. Siguiendo la lógica de los traslados por distintos centros clandestinos, pasó por las Brigadas de Banfield y Quilmes, Villa Devoto y Chaco, puesto en libertad el 7 de noviembre de 1981.
El patrón entregador
El 13 de abril de 1976 la fábrica Saiar fue copada por el Ejército. En el minucioso relato que brindó Alegría, recordó que dos oficiales junto al jefe de personal, Juan Manuel Martínez Riviere, señalado por varios sobrevivientes como el encargado de los operativos en la fábrica, llamaron al menos a seis empleados del establecimiento y fueron trasladados a la Comisaría 1° de Quilmes.
“Éramos simplemente obreros organizados que reivindicábamos nuestros derechos en función de una construcción colectiva. Eso era todo; yo pienso que ese fue nuestro crimen”, reflexionó al repasar los acontecimientos.
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Algo a lo que también concluyó Liliana Cagna, quien testificó por el secuestro de su hermano Ernesto, cuyos restos fueron identificados en 2011 gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Enrique Cagna, de 20 años, era delegado gremial de Hilandería Olmos, hoy conocida como Mafissa, fábrica de La Plata y centro de enormes luchas obreras.
Marcos Alegría fue trasladado a la Brigada de Banfield donde los gritos traspasaban todos los sentidos. A fines de mayo llegó a Villa Devoto, ahí se enteraron que estaban a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Las palabras se cortan en los recuerdos y en las lágrimas. Haber llegado a Devoto era sobrevivir: “Están vivos nos dijeron compañeros de mayor experiencia, salieron vivos nos dijeron”
En el mes de septiembre son llevados a la Unidad 9 de La Plata donde se encontraron todos los trabajadores de Saiar que habían sido secuestrados con ellos en abril de 1976. Allí pudo recibir la visita de su padre y su hermano.
Para noviembre vuelve a ser trasladado, esta vez a la Coordinación Federal y desde la Alcaidía de Capital Federal es llevado a Ezeiza para ser expulsado a Francia el 16 de febrero de 1977, previa firma de renuncia a su puesto laboral el Saiar. “Aun siendo desaparecidos, éramos asalariados de Saiar”.
Seguir la lucha
Liliana junto a su madre iniciaron un camino de búsqueda que pudo cumplir su destino. En la presentación del libro sobre La Noche de los Lápices, en 1986, encontró su nombre y pudo saber del paso de su hermano por la Brigada de Banfield.
La identificación de sus restos, en noviembre de 2011 fue cerrar un círculo. “Recuperar algo de lo que fue, porque fue una persona. Yo pienso en las miles de familias que aún no han podido lograrlo”, afirmó Liliana.
En Francia, Marcos Alegría junto a su compañera que pudo llegar desde Chile, pudieron estudiar y trabajar. Participó activamente como delegado en el movimiento obrero francés hasta su jubilación, agregando que “en definitiva son las mismas luchas”. Trabajó incansablemente por el juicio y castigo a Pinochet y pudo colaborar en la reconstrucción de lo ocurrido en Argentina, siempre exigiendo juicio y castigo a los culpables.
“Como sobreviviente y testigo de esta represión, me permito dejar una huella para que las generaciones actuales y futuras sigan pidiendo justicia. Por los 30.000, por nuestros pueblos y que mantengan en alto la consigna Nunca Más”.