Las protestas que comenzaron el martes fueron violentamente reprimidas por la Policía dejando al menos 20 muertos y más de 1.000 heridos. La frustración juvenil es la protagonista de las protestas.

Juan Andrés Gallardo @juanagallardo1
Jueves 3 de octubre de 2019 17:12
Tres días de intensas protestas y una brutal represión estatal dejaron al menos 25 manifestantes muertos y 1.100 heridos. La ola de protestas es protagonizada centralmente por jóvenes que piden empleos, servicios de calidad y el fin de la corrupción, entre otras demandas.
Las movilizaciones que estallaron el martes en las principales ciudades del centro y sur del país, escalaron en su nivel de violencia con enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas represivas, producto del hartazgo por las condiciones de miseria que se viven en el país.
Tras años de guerra, ocupación y saqueo económico estadounidense, y luego de guerra contra el Estado Islámico, la situación en Irak es de calamitosa. La migración masiva y los adultos que murieron durante las guerras dejaron una población abrumadoramente juvenil. Hoy el 60% de la población irakí tiene menos de 25 años y 40% de esos jóvenes están desempleados. La mayoría vivió toda su vida bajo ocupación y guerra, y la imagen que tienen de los políticos es de una casta de corruptos que negociaron los recursos naturales y económicos del país con las potencias imperialistas dejando a Irak en la miseria.
Las protestas han sido especialmente violentas en la provincia meridional de Di Qar, donde han muerto al menos 10 personas. Pero los enfrentamientos se repiten en las principales ciudades del sur y centro del país.
Con el correr de los días las demandas han comenzado a incluir la renuncia de los responsables gubernamentales por la represión y también se empiezan a escuchar las demandas de "abajo el gobierno" y "abajo el régimen" que resonaron durante la primavera árabe y en las actuales movilizaciones en Argelia y Sudán.
Ante este escenario el Gobierno de Adel Abdel Mahdi, formado hace solo un año, ha decretado el toque de queda en Bagdad y las provincias de Di Qar, Nayaf (centro) y Maysan (sureste). Además, cerca del 75 % del país está desconectado de internet, menos la región del Kurdistán, según NetBlocks, una plataforma global que monitorea la censura en la red. El Gobierno pensaba de esta forma desalentar las movilizaciones y evitar la comunicación entre los manifestantes. Sin embargo el resultado fue el inverso. Las protestas son más grandes y violentas con el correr de los días.
Las manifestaciones que comenzaron el martes en la capital, fueron convocadas a través de las redes sociales por usuarios particulares y no por un partido o movimiento político de las varias facciones que dominan la escena política iraquí, aunque las localidades donde se desarrolla la protesta son mayoritariamente de población chií.
Hasta ahora las movilizaciones parecen tener un alto contenido de espontaneidad.
Recién el miércoles por la noche el clérigo chií Muqtada al Sadr dijo a sus seguidores a que organizaran “sentadas pacíficas”, aunque hasta este jueves no había habido una confluencia del movimiento de protesta con los seguidores de Sadr.
En los meses pasados ya se habían registrado protestas por la falta de servicios básicos, como electricidad y agua, y de oportunidades de empleo para los jóvenes, que son los protagonistas de las movilizaciones actuales.
La bronca de esos más de 20 millones de jóvenes es directamente proporcional a la situación de saqueo al que fue sometido Irak durante las últimas décadas. Los principales recursos del país quedaron en manos privadas y las ganancias son fugadas del país. Los números son irrefutables: aunque el petroleo explica un 65% del PIB, y un 90% de los ingresos del Gobierno, esa industria solo emplea a un 1% de la fuerza laboral local. La mayoría de los que logran tener un empleo lo hacen en la administración pública (60% de los que tienen un trabajo), la desocupación es del 30% (el 40% entre la juventud) y al menos un tercio de la población se encuentra sumida en la pobreza.

Juan Andrés Gallardo
Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario