Aunque pasó relativamente desapercibido, la patria chica de Carlos Tévez fue el lugar seleccionado para un bautismo nada inocente.
Miércoles 26 de agosto de 2015
Fotografía:DyN
Fotografía:DyN
Desde el ignoto barrio Ejército de los Andes, popularmente conocido como Fuerte Apache, Sergio Massa presentó su “plan de seguridad ampliada” que contempla la intervención de las FF.AA. como fuerzas auxiliares de la policía y las fuerzas de seguridad “en la toma del control del territorio de los barrios”. Así el líder del Frente Renovador radicalizó su discurso de mano dura, tras sostener la baja de la edad de imputabilidad a 14 años y una reforma reaccionaria del Código Penal, dejando claro su perfil hacia las elecciones de octubre.
Claro que la iniciativa no se limita a la extensión de tareas de patrullaje, inspección de fronteras e “inteligencia específica” sino que además auspicia el despliegue territorial de las FF.AA. y sus batallones de ingenieros y médicos con el objeto de movilizar su logística y asistir en la construcción de desagues e infraestructura, así como el montaje de hospitales y comedores de campana de zonas “tomadas por el narcotráfico”, en buen romance las villas y las barriadas más plebeyas del conurbano, ya atestadas por miles de efectivos de la Bonaerense, la Gendarmería y las policías comunales.
De este modo, Massa echó a rodar un programa para regular la “intervención temporaria” de las FF.AA. en labores de seguridad y la vida cotidiana de la sociedad civil, desafiando abiertamente las leyes de Seguridad Interior y Defensa, que resultan taxativas respecto de la participación de los militares en esa esfera. Sin embargo, el caudillo de Tigre fue aún más lejos, pues estableció que la seguridad ampliada comprendía “presencia policial, servicio de salud y sistema educativo, acompañadas por las FF.AA.”, desplazando así la relevancia de las instituciones de carácter universal bajo la expresa tutela de las instituciones coercitivas en aras de blindar el poder represivo del Estado.
En otras palabras, Massa trazó su programa en línea con las reformas reaccionarias efectuadas en los estados de México y Colombia, en plena ofensiva neoliberal, que dieron rienda suelta a las FF.AA. para combatir las llamadas “nuevas amenazas” (narcotráfico, terrorismo), segando la vida de miles de campesinos, sembrando el terror entre la población civil y volviendo difusa la delimitación entre el Estado y los cárteles, retroalimentando mutuamente la violencia estatal y paraestatal contra las grandes masas.
Es la doctrina de Estado que instauró el ex presidente norteamericano George Bush y que propagandizan el Pentágono y las fracciones más rapaces del Partido Republicano. La misma que sustentaba el think tank del ex presidente Eduardo Duhalde, la Conferencia Episcopal, la Sociedad Rural y toda la derecha cavernaria para que reinara el “orden” tras la inestabilidad abierta por la crisis de diciembre de 2001.
Para ser justos, la iniciativa de Massa en realidad fermenta bajo la semilla sembrada por el gobierno de Cristina, que aún sin la formalidad de la letra institucional estableció la intervención de las FF.AA. en decenas de villas y asentamiento precarios del conurbano bonaerense, travestidas en tareas sanitarias y educativas (bajo la bendición de Hebe de Bonafini), así como su despliegue en el control de fronteras mediante el operativo Escudo Norte.
Todavía resuenan las proclamas del ex jefe del Ejército, caído en desgracia por su participación en la dictadura genocida, bregando por unas FF.AA. “sanmartinianas”, integradas al “proyecto nacional y popular”, al tiempo que Cristina aseguraba que “las FF.AA. tienen un nuevo rol a través de la solidaridad y la ayuda, lo que nos permite cerrar la brecha que épocas trágicas abrieron en nuestras FF.AA. y la sociedad” (La Nación, 4/07/13). Cristina y el ex teniente general Milani se proponían la relegitimación de las FF.AA. por la vía de un “anclaje territorial en la colaboración de tareas comunitarias” (Perfil, 22/03/14) para garantizar un “Estado presente”.
Sobre ese humus hoy germinan los llamados al próximo gobierno que resulte electo hacia la “reconciliación nacional” y la “pacificación” con los genocidas realizados por el diario La Nación en sus editoriales sin firma del 16, 21 y 24 de agosto. Cortados por la misma tijera del menemismo, Massa, así como Daniel Scioli y Mauricio Macri albergan un imaginario derechista que cuece habas temerarias contra los intereses de las grandes mayorías populares, como bien sabe la Tribuna de Doctrina de los Mitre.