En tiempos de coronavirus, el Gobierno anuncia la cuarentena por diez días. Un amplio sector de trabajadores , los jóvenes más precarizados que trabajamos en Rappi, Glovo o casas de comida rápida como Burger King o McDonald’s, sentimos más que nunca cómo somos los primeros en ser descartados.
Viernes 20 de marzo de 2020 17:20
Un día después de que Alberto Fernández anunciara las medidas de prevención para que no se propague el virus, llegaron los recortes de las horas. Al día de hoy, y con la cuarentena que rige desde anoche, el escenario es de incertidumbre. En los grupos de wasap llueven los mensajes de bronca sobre qué van a hacer las grandes empresas que la levantan en pala a costa de nuestros nulos derechos laborales.
El Gobierno desde el comienzo de la pandemia dejó muy claro que es el empleador quien decide la cantidad de empleados que va a necesitar para el día. Durante esta semana trabajamos así: dejaron gente afuera e hicieron que las tareas que recaen cotidianamente sobre diez personas, recaigan sobre cuatro o cinco. Estamos hablando de un recorte de horas, una quincena pésima y de nuestros cuerpos cada vez más rotos.
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Los que trabajamos con el sistema de banco de horas, en una "buena quincena" sacamos con suerte $5.000. Los más precarizados, los que entramos por un convenio con el Ministerio de Trabajo, tenemos una forma de pago peor: nos descuentan $3000 en la primera quincena y nos la abonan casi finalizando el mes. ¿Qué pasa ahora que una de las medidas de seguridad es la cuarentena total? Una trabajadora de McDonald’s hace días dijo con bronca: “Estoy yendo a laburar igual, obviamente piensan en sus intereses y nuestras vidas no les importa” y “Burger King sólo piensa en sus bolsillos.” Y ahora, se suma que nos dejan sin respuesta sobre qué sucederá con nuestras horas no trabajadas. “Burger King dice que no corresponde pagar esas horas, es una licencia” es uno de los rumores que dejó correr un encargado en los grupos.
¿Nuestras vidas no valen? Para los grandes empresarios y el Estado, que sólo anuncia medidas que favorecen a los mismos, al parecer, somos carne de cañón. Con las medidas de salubridad garantizadas, McDonald’s y Burger King, que tienen la capacidad para cocinar en grandes cantidades, podrían destinar su producción de comida para aquellos a quienes la crisis les pega el doble. Por ejemplos, a los bolsones de comida que están entregando las escuelas a las familias, por un valor de $37 por día. Una miseria.
Desde la juventud precarizada debemos organizarnos y exigir, como plantea la izquierda de Nicolás del Caño y el Frente de Izquierda, licencias con goce de sueldo, no sólo para la población de riesgo, sino para todos los trabajadores, prohibición de los despidos y que el Estado garantice provisión masiva de test para la detención del virus.
Todos los recursos deben estar puestos para combatir la pandemia asegurando la salud de los trabajadores. Que la plata se destine a la salud y no al pago de la deuda externa.
Al virus lo frenamos entre todos los trabajadores, somos nosotros quienes podemos llevar a cabo medidas a favor de las grandes mayorías. Por eso, la producción tiene que estar organizada según nuestras necesidades y no el lucro empresarial. Así como los trabajadores de Rappi en Italia sostienen que su vida vale más que una pizza, nosotros gritamos que ¡nuestras vidas valen más que sus ganancias!