Crónica en primera persona. No debía ni quería quedar embarazada. Pero pasó por culpa de la inexistencia de educación sexual. Ahora soy ilegal si decido. Pero no estoy sola.
Viernes 19 de julio de 2019 09:03
Dibujo Caro Daglio
Hace unas semanas venía con náuseas, vómitos y algún otro síntoma. Empecé a descartar posibilidades. Test de embarazo positivo. No entendía bien qué pasaba.
¡Si me había cuidado! Preservativo, pastillas anticonceptivas desde hace cinco años... Entré en pánico. No quiero ni puedo.
Se lo conté a mi compañero. Le dije que no quiero ni puedo tener ese embarazo. Me acompaña. Lo que yo decida está bien. “Yo te voy a apoyar”, me dice.
Ginecólogo, estudios, miedo y preguntas.
Si bien tomo pastillas anticonceptivas, también tomé antibióticos. Pero nadie nunca te dice que así disminuye la efectividad. Me indigno con la falta de educación sexual. Y sigo con miedo.
Obvio que al ginecólogo tuve que ir como si quisiera tenerlo, porque decidir sobre nuestros propios cuerpos sigue siendo ilegal. Porque esos dinosaurios nos lo negaron.
Esos dinosaurios son los mismos que aparecen por la televisión apoyando al “progresismo” de Alberto Fernández, el candidato que dice que el derecho al aborto puede esperar porque ese es un tema que “divide la sociedad”.
No quiero ser madre. Pero tampoco puedo, por condiciones materiales. Soy sumamente precarizada, como casi toda la juventud. A veces no tengo para comer yo… ¡imaginate si tengo un bebe. No puedo, pero principalmente no quiero ser madre. Y eso es ilegal. Y también es un tabú.
En mi caso, esta vez tuve la posibilidad de elegir, de contar con acompañamiento de mi compañero y algunas personas más. Puedo abortar sin miedo a morirme. No como la mayoría de las pibas que abortan en pésimas condiciones, con perchas o perejil, y terminan muertas.
Ojo, insisto, que yo no me muera abortando no es un privilegio de clase. Como dije, a veces no tengo para comer. Es gracias al acompañamiento y contención que recibí que estoy en mejores condiciones que la mayoría de las pibas.
Voy a trabajar. Hoy más que nunca me ato en la mochila el pañuelo verde que dice “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal, seguro y gratuito para no morir”.