Según la consultora MoveHub, México ocupa el lugar 64 de 122 países analizados en lo que cuesta alimentar una familia, teniendo que trabajar más horas para subsistir y destinar una quinta parte del sueldo obtenido.

Óscar Fernández @OscarFdz94
Martes 19 de marzo de 2019
Esta medición, muy similar a la de Chile, corresponde a un trabajador que percibe un "salario medio alto" y una familia de cuatro integrantes, hay que considerar entonces que se trata de un sector un tanto privilegiado, en relación a una enorme franja que percibe entre uno y dos salarios mínimos y aquellos que no tienen un empleo regular.
En 1930, el economista burgués Keynes dijo que los hombres del siglo XXI trabajarían 15 horas a la semana gracias a los avances tecnológicos. Actualmente, el promedio de horas que se trabaja a la semana en el mundo es de 70. [1]
En 1930, el economista burgués Keynes dijo que los hombres del siglo XXI trabajarían 15 horas a la semana gracias a los avances tecnológicos. Actualmente, el promedio de horas que se trabaja a la semana en el mundo es de 70. [1]
Muy lejos de la "predicción de Keynes", México ocupa el primer lugar entre los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) donde se trabajan más horas. Y por el otro lado, el Consejo Nacional de Evaluacion de la Politica de Desarrollo Social (CONEVAL) calculó el mes pasado que el costo de la canasta básica en zonas urbanas es de $1554.12, mientras que el salario mínimo es de $102.68 diarios (cerca del 6%) es decir, 3,080.40 al mes. Un poco menos del doble pero sin considerar, vestido, transporte educación, etc.
Es decir que la extrapolación de Keynes de 1930 parece no haberse cumplido, ni era de esperarse en el marco de la división internacional del trabajo establecida luego de la II guerra mundial, que hasta la fecha no ha reducido las condiciones de miseria en el el mundo salvo en unos cuantos países centrales y hasta hace un par de décadas. Ahora hasta en las potencias centrales se han incrementado incrementado las jornadas de trabajo para aguantar la crisis.
Si en 1817 el "socialista utópico" inglés Robert Owen había acuñado la consigna de ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de recreación (conocida como el 8-8-8), y si 100 años después esa demanda se volvería realidad para los trabajadores mexicanos, esto es sólo en el papel pues hoy en día dicha jornada pareciera un trabajo de medio tiempo, ya que no alcanza para cubrir todas las necesidades básicas, ni siquiera con la participación de dos o tres integrantes de una familia en el circuito del trabajo asalariado. La cruda realidad es que los obreros se ven obligados a trabajar doce o más horas diarias.
Desde que fue aprobada en 2011 la reforma laboral, como uno de los últimos actos del sexenio de Felipe Calderón, se inauguró un periodo durante el mandato de Peña Nieto en el que fueron aprobadas distintas “reformas estructurales” que en realidad eran planes de ajuste. En el caso de la laboral, fungió como alfombra roja para el capital nacional y transnacional, institucionalizando la subcontratación (el llamado outsourcing) y la flexibilización laboral resultando en los hechos un recorte a la capacidad de compra salarial, lo que conocemos como precarización laboral.
Lo mismo ocurrió con la reforma educativa contra la que han protestado a lo largo de la década los maestros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), a través de la Coordinadora (CNTE) y algunas otras corrientes del gigantesco sindicato magisterial, al señalar al maestro como responsable del bajo rendimiento de México en cuestiones educativas, mientras implementaron "evaluaciones estandarizadas" usadas para despedir a los maestros "que no cumplan con las condiciones establecidas por los organismos internacionales", en primer lugar, que no protesten contra estos planes de precarización del magisterio.
Más horas para poder comer
El resultado es que los mexicanos necesitan en los hechos trabajar más horas de las que formalmente están obligados por contrato a llevar a cabo, incluso llegando al extremo de laborar un 50 a 70% más de lo que hace más de 100 años había decretado el Artículo 123 de la constitución mexicana. Quienes más han padecido esta realidad ha sido la juventud; los jóvenes recién egresados suelen ser puestos a períodos de prueba donde no suelen tener prestaciones adicionales a su mísero salario por el trabajo que llevan a cabo (eso sin contar con las horas requeridas por el servicio social o las prácticas profesionales que exigen en las universidades, en el caso de los futuros licenciados e ingenieros).
Hay quienes dicen que México está de lleno en la modernización e incluso hay quien opina, como AMLO, que eliminando la corrupción automáticamente "seremos una potencia". Sin embargo, esta aparente "realidad" no corresponde con el hecho de que México sea también un enorme receptor de inversión extranjera directa, es decir, dependiente del desarrollo del capital transnacional.
Mientras que cientos y cientos de compañías vienen a dar sus servicios en el país y contratar a jóvenes mexicanos buscando integrarlos desde las aulas al trabajo medianamente calificado de las maquiladoras -porque, en última instancia, ¿qué es un estudiante sino un futuro trabajador? Y mientras los gobiernos del PRI, PAN y ahora también el nuevo gobierno de la “Cuarta Transformación” han resaltado que la inversión extranjera es necesaria para el mejoramiento de la economía del país, los trabajadores y la juventud mexicana no han visto el prometido mejoramiento en sus vidas. lo único que ven es como el esfuerzo de su trabajo genera enormes ganancias que se van al otro lado de la frontera mientras acá la vida sigue igual.
Por eso los trabajadores de Coca Cola de Matamoros, cuando estallaron su huelga, declararon que “les prometieron una transformación y estaban peleando por ella”. Pero lejos de un cambio, la respuesta de todos los niveles de gobierno y órganos empresariales fue hacer todo lo posible para mantener el status quo y que continuara el abuso de la patronal y el control del charrismo sindical de la CTM, llegando a declarar que no tolerarían su “nuevo sindicalismo”, un sindicalismo espontáneo que en realidad peleaba contra las extenuantes jornadas laborales y la precarización asalariada, motivo por el cual planteaban un aumento del 20% y bono de $32,000.
El mundo del trabajo como negocio transnacional
En ambos casos es palpable que las jornadas laborales en México, en los hechos, no son suficientes para cubrir las necesidades de la población. La razón es que el modelo económico —aunque López Obrador argumente que el neoliberalismo ya no rige en México— se estipula según las necesidades de los empresarios, incluyendo a aquellos de las compañías extranjeras, que no operarían en México si no hubiera accionistas nacionales garantizándoles la extracción de ganancia en el país actuando como sus socios menores.
Sin embargo, la "predicción" de Keynes sí acertó en algo: la tecnología ha avanzado al grado de que varios economistas han planteado la incógnita de la automatización del trabajo y el papel de la robótica (ver por ejemplo acá) aunque sólo sea para ralentizar un poco la fuerte crisis de la economía mundial que a duras penas trata de levantarse en el terreno de la manufactura y de que fueran hipotecados los presupuestos estatales de las principales potencias para salvar del hundimiento al sistema bancario y financiero en 2007/2008.
Sucede que la industria en México durante el sexenio de Peña Nieto, o lo que fue denominado como el “sexenio del empleo”, dio trabajos precarios como medida de contención, enmascarando el hecho de que aún existe lo que suele llamarse "ejército industrial de reserva", un sector de la población económicamente activa desempleada o en el trabajo informal que sirve de base para exacerbar la explotación de los que tiene trabajo formal.
Si, por el contrario, todas las manos disponibles pudieran ingresar a un trabajo estable —siguiendo un modelo basado en las necesidades de la sociedad y no en la sed de ganancia de los empresarios—, sería posible no sólo eliminar el desempleo, sino trabajar incluso seis horas diarias por cinco días a la semana, así como satisfacer la demanda de que el salario sea suficiente para subsistir si éste fuera equivalente al costo de la canasta básica y se indexara conforme a la inflación. De ese modo, la realidad acuciante de los trabajadores y jóvenes en nuestro país se vería aliviada.
Dicha hipótesis que presentamos es posible realizarla, pero partiendo solamente de la organización en centros de trabajo y sin ninguna confianza en los partidos al servicio de los empresarios y sus instituciones políticas y económicas para las cuales responden, pues ya es justo que los medios de producción vayan pasando a manos de los que realmente producen: los trabajadores..
[1] Jimena Vergara, “De la lucha obrera a la lucha por el comunismo”, 22 de febrero de 2015

Óscar Fernández
Politólogo - Universidad Iberoamericana