A casi 10 meses del comienzo del movimiento, y después de las vacaciones de verano, este último sábado miles de chalecos amarillos volvieron a las calles de las principales ciudades de Francia.
Lunes 9 de septiembre de 2019 15:46
Este sábado 7 de setiembre se cumplió la semana número 43 (Acto 43) de manifestaciones convocadas por los chalecos amarillos desde hace casi 10 meses atrás. A pesar de una merma en la cantidad de manifestantes durante el receso vacacional que acaba de terminar, durante el que se mantuvo activo un núcleo de activistas, los chalecos amarillos volvieron a mostrar su fuerza con movilizaciones en las principales ciudades.
Si bien en Francia el período de vacaciones es sinónimo de "calma política", claramente este verano de 2019 ha escapado a esa regla. Entre los diversos temas que mantuvieron activa la política francesa, y preocupado a Macron, estuvieron la muerte de un joven en medio de un episodio de represión policial en Nantes, las movilizaciones contra el G7 en Biarritz, y la continuidad todos los sábados de las marchas de chalecos amarillos (que congregó a al "núcleo duro" del movimiento durante el período de receso).
Pero no solo las movilizaciones dan cuenta del descontento y la inestabilidad. Según los sondeos de principios de septiembre dos tercios de los encuestados no creen que Macron pueda llevar adelante la reforma de las jubilaciones, que es una de las claves de su mandato.
En este contexto la vuelta de los chalecos amarillos a las calles en su "Acto 43" el último sábado es una primera prueba del "septiembre negro" que los manifestantes prometieron para Emmanuel Macron.
Con la vuelta de los chalecos amarillos volvió la clásica guerra de cifras entre los medios, la Policía y los manifestantes. Los medios de comunicación y la prefectura hablaron, por ejemplo, de 500 manifestantes en Toulouse, mientras que las cifras que circulaban en grupos de chalecos amarillos anunciaron varios miles de manifestantes, adelantando una estimación de entre 5.000 a 8.000 personas.
Por otra parte su regreso a las calles también estuvo estuvo marcado por nuevos episodios de violencia policial. En Montpellier, "capital del acto 43", donde según los organizadores marcharon 5.000 personas, los manifestantes fueron atacados con gases lacrimógenos y flashballs (pelotas de goma), mientras que los medios solo informaban sobre un auto de la Policía incendiado. También tuvo lugar una fuerte represión en Rouen, mientras que en París al menos 87 personas fueron arrestadas, y la Policía detenía a los manifestantes que llevaran mochilas o chalecos.
Esta vuelta a la movilización, aunque sea parcial, es una muestra de la profundidad de la bronca social. En este contexto la política de las direcciones sindicales, que es la de negociar con el Gobierno y llamar a accionas aisladas o separadas de los movimientos, aparece ya no como impotente sino como absolutamente criminal. Por el contrario, lo que está en juego es la convergencia de las luchas: la de los chalecos amarillos junto a la de los docentes y trabajadores de la salud, que confluyan con la de los jóvenes y los barrios populares.
El mes de septiembre puede constituir una afrenta para Macron, y convertirse en un momento clave para que vuelvan a emerger con fuerza las manifestaciones y huelgas que lo vuelvan a poner a la defensiva.