Un recorrido por la exposición del Museo de Arte Moderno. Desde alguna composición antigua, lienzos, inquietantes esculturas, hasta fotografías digitales.
Sábado 4 de febrero de 2017
De ésta manera se tituló a la exposición que es presentada en el Museo de Arte Moderno. Ésta pensada para exhibirse en dos partes, ésta primera, compuesta nada más y nada menos que de 64 piezas, no delimitadas por época o corriente. Entre ellas podemos encontrar alguna composición antigua, lienzos, inquietantes esculturas, hasta fotografías digitales. Las técnicas, muchas… el objetivo, provocar.
Abyecta atracción
“Obras que desafían el patrón de lo bello”: así se presenta la exposición. Y no es para menos, ya que una de las cosas más interesantes que podemos encontrar en ella, es precisamente la contradicción que puede causarnos el apreciar una de éstas piezas, verdaderas obras de arte, imponentes, cuyo talento de los autores en definitiva no está bajo escrutinio y que, sin embargo, no encajan dentro del estereotipo de “obra de arte” frase utilizada casi como sinónimo de belleza.
Esta muestra reúne lienzos, esculturas, artes plásticas y fotografía de diversos autores, algunas piezas son incluso anónimas mientras hay otras de artistas de la talla de Leonora Carrington, Julio Ruelas, David Alfaro Siqueiros, Francisco Toledo, entre otros. No es para nada limitativa, lo que busca es mostrar éste otro lado del arte, que intencionalmente apela a las contradicciones humanas, al lado obscuro y resulta provocador.
Lo monstruoso comienza a cruzar un límite, se trata de lo que está afuera: expulsado, desconyuntado, deforme, anómalo. Más allá de los umbrales, y también en la intersección de ellos, el monstruo señala nuevas formas de realidad. Daniela Tarazona, curadora.
Humanamente monstruoso
Una de las cosas más interesantes que podemos sentir al salir de la sala de exposición, es precisamente cómo los autores buscan apelar al sentido más humano, logrando así embellecer una imagen dislocada, enrarecer lo propio o apelar a lo naturalmente extraño y a lo que culturalmente nos han condicionado a temer. Por lo que fue un extraordinario esfuerzo el haber reunido todas éstas obras para crear la atmósfera que tiene este proyecto.
La exposición se encuentra situada en una sala no muy grande. Sin embargo, se encuentra divida en cuatro partes.
La primera se titula “Naturaleza, instinto y disfraz”. En ésta parte podemos encontrar una iconografía que resulta más una incitación a ser alguien más, a disfrazarse y en ella podemos encontrar máscaras, un tipo de función de luchadores bajo los reflectores en la representación de su personaje, y desde luego un retrato al arte popular figuras parecidas a alebrijes.
La segunda parte se llama “Metamorfosis: El animal y yo”, y qué mejor idea, si la imagen del monstruo siempre ha ido de la mano con representaciones de seres antropomorfos y extraños.
No obstante, en ésta parte hay piezas muy atrayentes, desde una pintura que muestra a un enorme y enfurecido perro cuya intención desde luego es despertar miedo, pero que sin embargo no podemos dejar de mirar, un fresco cuya técnica nos permite imaginar que las personas que se encuentran en él están por salir, hasta unas esculturas arácnidas que parecieran salidas del set de una película.
La tercera es “Religión, ritual y purificación”. En ésta parte podemos encontrar piezas muy inquietantes, desde la fotografía en blanco y negro de la silueta de una mujer con un cactus, hasta representaciones de demonios e imágenes que perecen salidas de alguna profecía apocalíptica, así como una sobrecogedora por decir lo menos, escultura hecha de cuero que cuelga en el centro de la sala y que representa un tórax humano, imágenes que en gran medida a lo largo de los siglos han sido presentadas como símbolo de maldad.
La parte final de la exposición se titula “El disloque”. Quiso dedicarse al enfrentamiento que el hombre enfrenta contra sí mismo, por lo que busca transmitir una sensación de padecer dolor, enfrentar una dualidad. No obstante, al ser una representación de lo humano no carece de lo bello, termina con un imponente fresco blanco, negro y sus matices que perece tener movimiento y luz propia.
En conclusión se trata de una muestra sumamente interesante, inusual, provocativa y que juega con nuestras sensibilidades, y que sin duda si no nos quiebra la lógica en cuanto a estereotipos si nos hará disfrutar del lado obscuro del arte y nos pondrá a esperar la segunda entrega a partir del 6 de abril del 2017 en el Museo Mural Diego Rivera.
Sede: Museo de Arte Moderno.
Expuesta hasta el 16 de abril de 2017.
Horario: Martes a domingo de 10:15 a 17:30 hrs.
Admisión: $62.00, domingos entrada libre.