Muchas aseveraciones se han hecho por parte de los voceros y el Comité Ejecutivo Nacional del Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) en torno a la fuerte presencia juvenil que lo compone. El Morena se presenta como la única- y última- gran alternativa para todos los y las jóvenes que enfrentan las mayores problemáticas sociales del país.

Yara Villaseñor Socióloga y latinoamericanista - Integrante del MTS - @konvulsa
Sábado 1ro de agosto de 2015
Para esos más de 200 mil rechazados de las Instituciones de Educación Superior ( las cifras superan los 117 mil en la Universidad Nacional Autónoma de México, 72 mil en el Instituto Politécnico Nacional y 78 mil en la Universidad Autónoma Metropolitana), Morena ofrece acceso irrestricto al nivel Medio Superior y Superior, sin examen de admisión y sin cuotas. Además, para fortalecer su proyecto educativo, acordó donar un porcentaje considerable de los salarios de sus funcionarios para este rubro. Incluso planteó ofrecer "salarios estudiantiles" para apoyar con una especie de becas a los estudiantes y así disminuir las cifras de deserción por falta de recursos.
Para continuar con el apoyo, propone crear un "boleto estudiantil universal" que reduzca el costo del transporte público para los estudiantes, que en caso del Estado de México es altísimo y en toda la zona metropolitana viene con un pésimo servicio y calidad incluido.
¿Cómo financiar la educación pública?
Lo que la dirección del Morena no plantea es cómo resolver las demandas de la juventud sin enfrentar a un régimen político que no puede -ni tiene interés por- garantizar reformas sociales sistemáticas o elevar el nivel de vida de las masas.
Desde la Izquierda Diario consideramos que la admisión irrestricta a la educación media superior y superior es imposible si no se presenta una propuesta que de conjunto busque revertir los ataques que durante años ha sufrido la educación como blanco de las políticas neoliberales. Se requiere un plan de infraestructura que se juegue a construir universidades e instituciones educativas, triplicando -como mínimo- el número de las existentes. Una de las consecuencias de la reforma educativa es que ahora sean los padres de familia los que financien las modificaciones y mantenimiento infraestructural de las escuelas.
Nuevas escuelas requieren la contratación de miles de nuevos trabajadores académicos y administrativos que les den vida, garantizándoles buenas condiciones laborales y estabilidad en el empleo.
En la UNAM, por ejemplo, más del 60% de los profesores son contratados por asignatura, lo cual implica que perciben alrededor de 3 mil pesos al mes por encargarse de grupos de entre 50 y 100 alumnos. Garantizar trabajos no precarios para los profesores y los trabajadores administrativos implicaría frenar los ataques a los grandes sindicatos, en particular los de la educación. Es la única medida que permitiría conquistar representación sindical y posibilidad de organización política para que los trabajadores de la educación defiendan sus derechos laborales frente a los ataques de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).
Aunque la iniciativa de reducción salarial para destinarlo a la educación es correcta, es totalmente insuficiente. Aún recortando el conjunto de los salarios de la burocracia estatal, los gastos para la infraestructura y salarios de trabajadores de la educación superan estos aportes.
Ese dinero tendría que salir de implementar impuestos a las grandes fortunas de los Azcárraga, los Slim, los Salinas-Pliego, etc. Debería surgir de la nacionalización de la industria extractiva de hidrocarburos y minerales, cuyo despojo enriquece a los grandes monopolios transacionales que pagan impuestos insignificantes. Tendría que provenir del cese de pago de la deuda externa, que significa una indignante deuda impuesta por Estados Unidos y los organismos financieros internacionales para mantener injerencia política en México. Debería provenir de la disolución de los cuerpos represivos del estado, la desmilitarización del país y el cese a la política de la guerra contra el narco, que reciben presupuestos escandalosos.
Pelear por la educación implica solidarizarnos con el magisterio combativo
La profundización de la subordinación al imperialismo estadounidense y los intereses del capital privado se expresan en la tecnificación y elitización de la educación. De ahí que la pelea por exigir mayor presupuesto a la educación, creación de nuevas universidades y aumento de la matrícula requiera partir necesariamente de una clara postura anti imperialista.
Llevar adelante las demandas de la juventud, resolverlas realmente y que no sean sólo paliativos, implica enfrentar a este régimen político y por ende cuestionar los límites de la propiedad capitalista y el Estado burgués, cuestiones que la dirección de Morena no está dispuesta a hacer.
La juventud, para luchar por sus demandas, debe enfrentar a esta democracia asesina y cerrar filas junto a los que este régimen asesino reprime y encarcela. En materia de defensa de la educación pública, nos exige movilizarnos codo a codo con el magisterio que enfrenta la evaluación punitiva, la reforma educativa y la represión.