En la mañana del domingo, día en que estaban convocadas nuevas manifestaciones contra Dilma, los tres mayores diarios del país, Folha, Estado de São Paulo y O Globo curiosamente ninguno las destaca. Sin embargo, este silencio y el tema que abordaron los tres diarios en su editorial muestra un movimiento, con disparidades pero común, hacia medir mejor las fuerzas anti Dilma y no embarcarse, como venían haciendo, en el barco del “impeachment ya!” (consigna por la destitución de Dilma levantada por un sector de la derecha) e intentar poner énfasis en la agenda neoliberal.

Leandro Lanfredi Trabajador petrolero | Rio de Janeiro
Martes 14 de abril de 2015
Los tres diarios destacan en sus ediciones dominicales que se mantiene la bajísima popularidad del gobierno Dilma que, según una nueva encuesta de Datafolha, hay un 70% de apoyo por parte de la población al comienzo de un proceso de impeachment (destitución). Los tres grandes diarios dedican numerosas páginas a lo que consideramos una movida cuidadosa de juego de ajedrez. Midiendo fuerzas, moviendo piezas, esperando que se abran escenarios para movimientos decisivos.
Los tres diarios analizan que, aparentemente, las manifestaciones serán menores, destacando las diferencias entre los grupos convocantes por internet, deliberadamente no mencionan al PSDB ni al debate de la semana sobre si Aécio iría o no a las manifestaciones. También dedican páginas para intentar trazar perfiles sobre qué grupo sería más “liberal”, cuál sería “más legalista”, etc. Todo esto se combina con dar espacio a columnistas, tanto en la Folha como el Estado de São Paulo, que argumentan que el espacio para grupos “socialdemócratas” o contra las desigualdades irán aumentando en el país lejos de disminuir, a pesar de la crisis del PT, y cómo la agenda “liberal” que se plantea aumentará la desigualdad y el desafío del país sería enfrentar esta doble agenda de enfrentar la desigualdad y “modernizarse” (en clave neoliberal).
Sin defender ninguna solución a la crisis política que el país viene atravesando, la agenda de los tres diarios expresada este domingo es “positiva”. Sin entrar en soluciones negativas sobre la destitución o no de Dilma, buscan argumentar, según su opinión, aspectos estructurales que deberían ser enfrentadas. O Globo en su editorial titulado “La burocracia que contamina el ambiente de negocios” argumenta cómo se fueron dando algunos pasos en el país con la adopción del Supersimples (reforma previsional antiobrera), pero sin embargo aún habría inmensas barreras en la legislación, regulación, que según el matutino carioca constituyen “escombros que obstruye las vías de la iniciativa empresarial y enturbia el ambiente de negocios en el país”.
El gran diario paulista con fama de progresista, a pesar de haber acuñado la expresión de dictablanda para definir a la dictadura brasilera, tomó un camino diferente al ocuparse del mismo tema. En su editorial, “Corrupción sistémica”, se utilizan los escándalos de corrupción de Petrobras para destacar la falta de transparencia en los gastos del BNDES, en los presupuestos públicos para arribar a la siguiente conclusión, “Aún así, el viejo orden económico brasilero de asociaciones indebidas entre lo público y lo privado, entre el Estado y las empresas, tan invocada en nombre de la aceleración del desarrollo, tiene un gran peso en su enraizamiento y en la modernización del hábito del favor. Consumen enorme energía en búsqueda de beneficios estatales o para burlar la competencia, cuando no en la pura corrupción.”
Tal como O Globo, Folha ve en esta burocracia y en la relación “público-privado” una traba a la competitividad burguesa en el país, en palabras del editorial: “El conjunto de la obra, solo no lo ve el que no lo quiere ver, pervierte el sistema político, degrada la eficiencia económica y eterniza privilegios sociales.”
El diario Estado de São Paulo dedica su principal editorial a la corrupción, pero por un camino distinto y con críticas abiertas al gobierno de Dilma, línea más definida de este diario en comparación a los otros dos, pero para concluir también con una agenda común a la de los otros diarios.
En su editorial, “Ley para castigar o para perdonar”, argumentan cómo la interpretación de la ley anticorrupción, que Dilma tardó en sancionar, y la interpretación que ella y los órganos de su gobierno, o incluso el Estado (como la Defensoría General de la Unión, AGU por sus siglas en portugués, órgano que representa judicialmente a la Unión, agencias y fundaciones públicas federales) han dado a esta ley es la de transformar el dispositivo legal de tolerancia, la colaboración de las empresas, supuestamente un equivalente a la forma jurídica de la “delación premiada” de las personas físicas, en salvataje a las empresas. Para este diario no se debería interpretar de este modo, las empresas corruptas tienen que ser castigadas. Y aquellas que quiebren, quebraron. Al contrario de lo que opina el gobierno u otros diarios sobre el tema (como O Globo semanas atrás), argumentan que eso será bueno para la economía: al contrario, será extremadamente benéfico que todas las 51 mil empresas de la cadena productiva perciban que quien practica un ilícito es castigado.”
Dos de los tres grandes diarios, aparentemente, discuten la corrupción en sus editoriales, sin embargo su respuesta, al contrario del clamor popular por castigo a los culpables, confiscación de bienes de los corruptos y corruptores es a favor del cambio de leyes relativa a las empresas, ni una palabra sobre la devolución del dinero o la prisión. Hablan de corrupción, pero muy lejos de alguna respuesta efectiva al tema pues defienden este régimen y sus partidos, que solo funcionan en base a la corrupción, para la formación de alianzas y de relaciones espurias entre empresarios y políticos. Los privilegios de los políticos, todo puede permanecer como está, sin importarles la corrupción, se preocupan sobre cómo hacer mejores negocios.
En la misma semana que fue aprobada en la Cámara de diputados el Proyecto de Ley 4330 que, de ser ratificado por el Senado y promulgado por Dilma, servirá para atacar las condiciones de trabajo y aumentar la tasa de ganancia (“la competitividad”, dicen los empresarios y sus diarios), e incluso con la confirmación de la caída de popularidad de Dilma, lo que los grandes diarios están buscando no es por ahora el “Fuera Dilma”, sino que además de cambiar las relaciones de trabajo (todos defienden entusiastamente el PL 4330) comenzar a dar pasos hacia cambiar muchos aspectos del país, desde leyes ambientales a la relación del Estado con las empresas y avanzar en una agenda más claramente de un “Estado mínimo”. Lo que está en juego, parecen afirmar, es mucho más que el que “se quede” o “se vaya” Dilma. Está en juego cómo, sobre las espaldas de los trabajadores, e incluso de algunas contratistas, se crean condiciones para aumentar la explotación capitalista en el país.
Una primera respuesta a esta agenda de los diarios, de los tucanos (PSDB), de Levy y de DIlma ya que todos coinciden con esta línea general contra los trabajadores, se dará en el paro nacional del próximo 15 de abril.