La campaña levantada por el Movimiento Salud en Resistencia en el día Internacional del Profesional de Enfermería releva la importancia del cuidado colectivo del pueblo y la necesidad urgente de poner fin al lucro en el derecho a la salud, para superar la pandemia en el inequitativo modelo de salud chileno.
Martes 12 de mayo de 2020
Este 12 de mayo se conmemora un nuevo día del profesional de enfermería, en el aniversario número 200 del nacimiento de Florence Nightningale, fundadora de la enfermería moderna. Por este motivo, y por la relevancia del rol profesional para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (OMS 2015-2030), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) denominaron al 2020 el “año de la enfermera y la partera”.
Sin embargo, las enfermeras, enfermeros y enfermeres de Chile también despertaron junto al estallido social de octubre de 2019, y ya no quieren flores ni regalos en su día. Como profesionales parte del equipo de salud y líderes del equipo de enfermería, cumplen un rol fundamental en el cuidado integral de la salud de las personas, familias y comunidades a lo largo de todo el ciclo vital, y conocen cómo funciona el sistema de salud comunitario y hospitalario, ya sea público o privado, en todo el país.
Asimismo, han vivido en carne propia lo que significa atender esta pandemia en condiciones desiguales:
Esto es así porque la dictadura militar chilena fragmentó el Sistema Nacional de Salud, unificado por primera vez en 1952. Esta fragmentación da paso a que hoy tengamos un sistema de salud público empobrecido y un exclusivo sistema de clínicas privadas sólo para ricos.
Las enfermeras, enfermeros y enfermeres hoy dicen basta: todas y todos merecemos salud digna. Es necesario y urgente contar con un Sistema de Salud Público reunificado, administrado democráticamente, financiado solidariamente y que otorgue cobertura universal. Que entienda la salud como un derecho colectivo, libre de violencia patriarcal, con pertinencia territorial y cultural. Sin copagos, sin pre-existencias, sin clínicas privadas, sin Isapres y sin enriquecer a los empresarios de la salud a costa de empobrecer la vida del pueblo y de las y los estudiantes y trabajadores.
Así exigió el Chile que despertó con el estallido social y los millones de mujeres que salieron a las calles el pasado 8 de marzo: la pandemia no les hará olvidar estas demandas. Al contrario, las reivindican en su día porque saben que éste es el camino a seguir para superar este fenómeno como sociedad y sacar lecciones para el futuro.