La última muestra de Gervasio Sánchez retrata a la mujer afgana en uno de los países que más ha sufrido la ocupación y el expolio imperialista. Sin embargo la responsabilidad de éste se pierde en el discurso del montaje.
Nerea Frejlich Zaragoza | @NFrejlich
Viernes 11 de marzo de 2016
Foto: :JAIME GALINDO / EFE
El fotógrafo Gervasio Sánchez muestra, en el Centro de Historia de Zaragoza desde el 1 de marzo hasta 15 de mayo, su última exposición que cuenta con los textos de la periodista Mónica Bernabé.
Un trabajo realizado en Afganistán, un país azotado por la ocupación imperialista más prolongada en la historia de EEUU y sumido en una extrema pobreza a pesar de su enorme riqueza natural. Bajo sus áridas tierras se esconden algunas de las más importantes minas de oro, cobalto, cobre, hierro, litio o niobio, el objeto, junto al gas, del continuo expolio al que la han sometido las diferentes potencias imperialistas.
El tema principal de la exposición es transmitir una visión sobre la mujer afgana que se esconde detrás de los estragos de la guerra y la pobreza del país. En materia de derechos humanos, Afganistan es considerado el país más peligroso del mundo para las mujeres. Según una encuesta realizada por la Thomson Reuters Foundation en 2011 y el International Rescue Committee, las mujeres corren mayor peligro por la falta de acceso a la medicina y por la violencia de sus congéneres. Ademas la violación no está penada por la ley.
La muestra presta especial atención a aspectos de la cultura afgana que afectan especialmente a las mujeres. Uno de ellos son los matrimonios forzados, una tradición fuertemente enraizada en la que son las familias quienes acuerdan el enlace y no los individuos por propia voluntad. El criterio de los familiares se rige por el estatus social, de tribu o etnia. La familia del hombre paga dinero por la mujer, como compensación para su familia, y una vez casados, según su ley y tradición, los hombres tienen todo el derecho sobre las mujeres.
Gervasio Sanchéz retrata a varias mujeres afganas que han vivido esta realidad. Muchas de ellas son muy jóvenes, menores de 16 años y a veces son casadas con ancianos. Imágenes donde podemos intuir el drama que existe detrás de las impactantes miradas.
La exposición trata otros muchos temas y problemas de la vida cotidiana de las mujeres afganas, como la maternidad, la carencia de medios y seguridad para alimentar a los hijos, la adición al opio como sustitución por falta de medicinas, el suicidio... Gervasio Sánchez propone un acercamiento a todos estos temas a través de retratos. Como los de unas menores encarceladas por tener sexo. No importa si era por amor o si fueron violadas, las mujeres pueden ser penadas entre cinco o quince años.
Son fotografías que muestran historias de mujeres valientes, que han permitido ser fotografiadas incluso en escenas muy privadas, para permitir que el espectador pueda acercarse a comprender y concienciarse de un asunto grave y dramático. Los retratos y escenas de estas mujeres, indirectamente sin saberlo están recordando al espectador el horror que va mucho más allá del matrimonio forzado. Hablan de la pobreza, hablan también del escandalo de WikiLeaks 2010 que divulga más de 90.000 documentos confidenciales del Pentágono sobre la guerra en Afganistán, del expolio del oro, de las vejaciones, de las víctimas.
Unas situaciones de difícil salida, especialmente para las mujeres “sin dueño”, es decir sin padre, marido, hermano o hijo. Algunas mujeres han salido, o están en vías de salir de una realidad que no desean. Superando la falta de posibilidades de huida para las mujeres sin hombres, limitaciones incluso para las que disponen de recursos económicos y educación universitaria.
Tan lejos y tan cerca, esta exposición aviva el debate de la situación de las y los refugiados afganas en occidente, cuando son cientos los que se afinan en campos de refugiados, sobre todo en Turquía y Grecia, buscando simplemente sobrevivir.
También hay espacio en esta exposición para cierto optimismo y esperanza, se muestra a diputadas, periodistas, futbolistas y boxeadoras.
2013 se celebro en Kabul la primera liga de fútbol femenino en la historia del país, universitarias y mujeres de clase alta, tiene hoy acceso a este deporte, aún muy mal visto por la sociedad. Juegan hoy en el estadio, donde en 1999 fue ejecutada en público por los Talibanes Zamira madre de 7 hijos, acusada de asesinar a su marido
Retratos de la sección femenina de Boxeo de Afganistan, que tuvo su esplendor en el 2012, pero de las que tan solo una decena de chicas se mantienen en 2014, debido a la falta de ayudas. U otros de de figuras políticas que luchan por la paz y por los derechos de las mujeres como Shinkai Karokhail, Mariam Durrani, o de una de las periodista más reconocida en la televisión afgana, Shakira Ibrahim Khil.
Todas las fotografías han sido realizadas a lo largo de seis años, entre 2008-2014. Un periodo en el que Afganistán, desde 2001 tras los atentados de las torres gemelas, se encuentra ocupado por tropas del ejercito estadounidense y otros países de la OTAN, entre ellos el Estado español. Desde hace más de doce años, en muchos aspectos Afganistán es un estado tan sólo nominalmente. El historiador militar Andrew Bacevich, veterano de Vietnam, en unas declaraciones en 2015 reconocía que “la guerra en Afganistán ha terminado en el mismo sentido en que terminó la guerra de Irak en 2011. Es decir, en realidad no ha terminado”.
Sin embargo este marco queda muy subvaluado en la exposición de Sánchez. Se retrata la pobreza y miseria de la vida de estas mujeres en su espacio privado, pero no se explica o se muestra nada del entorno público y sobre todo el político. El discurso induce a responsabilizar unilateralmente al retraso de la tradición islámica, sin pararse a preguntar si las mujeres en este caso pertenecen a esa tradición o no. Tal y como esta configurado el montaje de la exposición y los textos, parece que responsabiliza en exclusiva a las tradiciones del pueblo afgano sin tener en cuenta la violencia que padece la población civil desde hace de mas de una década de parte de las tropas ocupantes, ni la responsabilidad histórica del imperialismo en la situación material sobre la que se asienta la realidad fotografiada.