Roxana Hernández era una mujer trans que murió a finales de mayo, bajo la custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés). Este mes, me movilizo por ella y todos los inmigrantes de la diversidad sexogenérica.
Jueves 21 de junio de 2018
El 1º de junio marca el inicio del mes del orgullo LGBT, y la celebración ha comenzado. Adidas lanzó sus tenis del orgullo. Tan sólo el año pasado, el Banco de EEUU lanzó su propia tarjeta de débito del orgullo LGBT además, junto con otros bancos, participó en las movilizaciones del orgullo. En la ciudad de Nueva York muchos otros negocios no sólo presumen la bandera LGBT, sino productos comerciales.
Mucho ha cambiado desde que cuando yo crecía, todo mundo hablaba de gays y lesbianas, pero en voz baja; cuando parecía que Ellen DeGeneres y yo –y quizá la Sporty Spice– éramos las únicas lesbianas en el mundo. La sensación de que mis deseos estaban completamente equivocados y que yo era la única, se diluye a nivel nacional. Los homosexuales y en menor medida, las lesbianas y los bisexuales están en la televisión, las películas y la política, además las más grandes empresas celebran la diversidad.
Hasta cierto punto me alegro por la visibilidad. Me alegra tener el apoyo de la mayoría para los derechos de lesbianas y homosexuales (pues la lucha por los derechos de la comunidad trans aún es larga) y me alegra que la juventud de la diversidad salga por miles a las calles a celebrar quiénes somos y a quiénes amamos. Sé que el hecho de que empresas, políticos y medios de comunicación nos mencionen, es resultado de décadas de activismo de la diversidad, es producto de la lucha.
Pero este año, miro a mi alrededor y lo único que siento es ira. Los niños están siendo separados de sus padres en la frontera y los grandes empresarios hacen productos del orgullo en maquilas. Así que, en lugar de envolverme en “mercancías arcoíris” y brindar felizmente con una “cerveza arcoíris” patrocinadas por esas empresas; este mes del orgullo quiero luchar por la inmigrante indocumentada que murió bajo la custodia del ICE, Roxana Hernandez; quiero luchar por los derechos de los migrantes de la diversidad sexogenérica, contra el ICE, las detenciones y las deportaciones.
Roxana Hernández intentó llegar a EEUU como parte de una caravana de inmigrantes que marcharon, condujeron y tomaron el tren hacia la frontera entre México y Estados Unidos para visibilizar el crudo camino de los migrantes. Como una mujer trans nacida en Honduras, ella y otras personas trans que participaron en la caravana huían de la persecución y violencia de sus países de origen.
Murió bajo la custodia del ICE el 30 de mayo. Tenía 33 años.
Durante días, Hernández fue retenida en un centro de detención de la Aduana y Protección Fronteriza de EEUU, conocido como la nevera (o la heladera para inmigrantes) debido a las bajas temperaturas. Grupos en defensa de los derechos de los migrantes reportan que las luces estuvieron encendidas las 24 horas y Hernández, que era VIH positivo, no tuvo acceso a atención médica. Al día siguiente, ella estaba en el hospital con signos de neumonía, deshidratación y “complicaciones asociadas con el VIH”.
Roxana murió en el hospital unos días antes de que comenzara el mes del orgullo, un mes destinado a conmemorar los disturbios de Stonewall, dirigidos por las mujeres trans de color, Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera. Su muerte destaca que a pesar de la multitud de productos arcoíris y publicidad del orgullo, además de la cobertura mediática; todavía tenemos los mismos enemigos que hace décadas: el Estado y sus mecanismos represivos como la policía y el ICE.
El capitalismo tiene la increíble capacidad de integrar fichas en el sistema que sistemáticamente margina y oprime y lo llama una victoria. Pero fuera de esa “victoria” siguen siendo mujeres como Roxana Hernández, o que como Sylvia Rivera antes que ella, están encerradas en jaulas y criminalizadas. Todavía hay mujeres de color como Roxana que mueren debido a los mecanismos represivos del Estado capitalista.
Es así que este mes, lucho por Roxana y por todos los inmigrantes como ella. Por los inmigrantes de la diversidad sexogenérica que son 97 veces más propensos a sufrir una agresión sexual en centros de detención federales, que la población general. Lucho por Roxana y por mujeres como ella, que tienen muchas menos probabilidades de recibir asilo después de la detestable e inhumana declaración de Jeff Sessions de que la violencia doméstica y de grupos criminales ya no son razones para buscar asilo.
Esto incluye casos como el de Laura Monterrosa, quien pidió asilo en la frontera después de ser amenazada por los ataques homofóbicos de los que era objeto en El Salvador. Fue llevada a un centro de detención privado en Texas, donde informó haber sido agredida sexualmente en repetidas ocasiones por un guardia, pero ICE argumentó que no había pruebas suficientes para acusar al guardia así que Monterrosa se mantuvo en la misma prisión con su atacante. Después de meses de estar encerrada con su agresor por el simple “delito” de tratar de escapar de la violencia de El Salvador, Monterrosa intentó suicidarse. Fue confinada al aislamiento “por su propia seguridad”. Finalmente fue liberada en marzo después de que su caso recibió atención nacional y las personas comenzaron a movilizarse por ella.
¿Quién hablará de Monterrosa y los inmigrantes como ella en las movilizaciones del orgullo? Ciertamente no serán Adidas o Budweiser o los policías los que saldrán a las calles a lo largo del país.
Saldré por Roxana y por las mujeres que como ella son VIH positivo y viven bajo los costos exorbitantes de la medicina y el estigma continuo que muchas veces resulta en la negación de la atención de los profesionales médicos. Aunque alguna vez fue la principal consigna del movimiento LGBT, hoy la mayoría se han enfocado en el matrimonio igualitario o la inclusión de homosexuales y lesbianas en el ejército, dejando atrás a las personas trans, de color, de la clase trabajadora morir de VIH.
Lucho por Roxana, porque a pesar de la retórica anti-Trump en el mes del orgullo sé que Obama, al igual que Trump, son enemigos de los inmigrantes trans. De hecho durante la administración de Obama se dio una historia similar a la de Roxana Hernández, cuando Victoria Arellano, una mujer trans de México VIH positivo murió bajo la custodia de ICE por negársele atención médica. Tenía 23 años.
Mientras que mujeres como Arellano, Hernández y Monterrosa mueren en jaulas o son violadas por guardias, gran parte del movimiento LGBT mira hacia otro lado y se aleja cada vez más de sus raíces radicales y activistas. Hoy en día, es aprovechado por corporaciones que quieren llegar a esos sectores de la población y policías que buscan limpiar su imagen.
Sin embargo, los inmigrantes de la diversidad sexogenérica y las personas de color continúan muriendo a manos del Estado. Este mes debemos recordar nuestras raíces. Debemos recordar que Stonewall fue un levantamiento contra la policía por parte de personas trans, de color, pobres y de la clase trabajadora que desataron un movimiento para la liberación LGBT. Es por eso que debemos recuperar la consigna de expulsar a los policías y las corporaciones que nos explotan, oprimen y asesinan.
Aunque hemos tenido avances en esta lucha, la clase trabajadora y los oprimidos todavía tienen un mundo que ganar. Un mundo sin fronteras, sin policía y sin explotación capitalista. Un mundo donde seremos libres de vivir nuestros géneros y sexualidades libre y abiertamente.
Este mes del orgullo debemos luchar por este mundo, un mundo donde Roxana Hernández y los migrantes indocumentados y las mujeres trans como ella estén vivas, sanas, felices y marchando codo a codo con nosotros.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en Left Voice, la edición estadounidense de la red internacional de la Izquierda Diario.
Traducción: Diana Alvárez

Tatiana Cozzarelli
Docente, actualmente estudia Educación Urbana en la CUNY.