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Red Internacional
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Crisis humanitaria. Niños migrantes, entre la pobreza y la violencia

Hoy, 30 de abril, se festeja en México el Día del Niño, pero las condiciones para los menores migrantes están llenas de hambre y peligros en su viaje, sin derechos ni acceso a una vida mejor.

Viernes 30 de abril de 2021

La elevada tasa de pobreza infantil ha obligado a los pequeños a migrar de manera más recurrente en estos últimos meses, ante las recientes políticas del gobierno estadounidense, que considera no deportar a los niños no acompañados que crucen por su frontera.

En la presentación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se informó que hay 209 millones de personas en pobreza y pobreza extrema, 22 millones más que el año anterior, cuyos sectores más vulnerables son las mujeres y los niños.

«La pobreza es mayor en áreas rurales; entre niñas, niños y adolescentes; indígenas y afrodescendientes; y en la población con menores niveles educativos.»

Tan sólo en el año pasado, con el paso de los huracanes Eta e Iota, más de 1 millón 500 mil niños hondureños quedaron expuestos a los daños ocasionados por la devastación e inundaciones, dando un total de 3.5 millones de niños en hogares pobres y en pobreza extrema; en Guatemala hay 3.7 millones de niños, niñas y adolescentes en las mismas condiciones; mientras que en El Salvador 7 de cada 8 personas están en situación de pobreza o pobreza extrema.

Esto se traduce en que miles de niños, que debieran estar jugando y estudiando, no cuentan con acceso a alimentos, agua potable, saneamiento o salud, vivienda ni educación; situaciones que los obligan a tomar su mochila y caminar por el mundo para acceder a una vida digna. Sin embargo, existen otros derechos que tampoco garantiza el Estado –como el derecho a la recreación sana, a la cultura o a tener amor– y que, al contrario, pacta y aprueba políticas empresariales contra el pueblo trabajador, manejos que son responsables de la pobreza y la violencia, principales causas de los éxodos.

Niños migrantes en las fronteras

Ante las recientes migraciones masivas, hay que preguntarnos, ¿qué hacen los gobiernos, tanto el mexicano, como los centroamericanos y el estadounidense, al respecto por los 18 mil inmigrantes menores de edad que viajaron solos, únicamente del 28 de febrero al 20 de marzo, detenidos en la frontera con EE. UU.? ¿Mejoraron las condiciones para migrar hacia ese país imperialista? La respuesta es evidente.

En un pacto entre ambos gobiernos, el mexicano impulsó el patrullaje militarizado de sus fronteras sur y norte con 10 mil efectivos en cada una, incrementando la violencia contra los migrantes indocumentados, y a cambio recibió de su homónimo vacunas contra Covid-19, según señalaron distintos medios internacionales; además, anunció la ampliación del programa Sembrando Vida con la promesa de que, en seis años de trabajo agrícola, sobre todo sembrando café y cacao en sus comunidades, los hondureños, guatemaltecos y salvadoreños puedan solicitar trabajo en EE. UU. sin la aprobación del gobierno estadounidense, pero con la idea de que ya no van a querer migrar en varios años. Sobre estos dos puntos apenas se acordó una reunión entre Kamala Harris y AMLO el próximo 7 de mayo.

Cuando las niñas y los niños migran, no sólo tienen que lidiar con las huellas imborrables de una vida llena de violencia socioeconómica y psicológica, sino que, en su viaje como indocumentados con la esperanza de encontrar una vida mejor, deben lidiar con la trata de personas, la privación de su libertad, las desapariciones y ejecuciones extrajudiciales, tortura, los abusos sexuales y la semiesclavitud.

Estos problemas no han sido erradicados por ambos gobiernos, pues sólo mantienen políticas de asistencia social que resultan, claramente, insuficientes respecto a la aplastante realidad de pobreza y explotación en que se mantiene a la mayoría de los países subordinados al imperialismo, sin que haya una política centrada en la clase pobre y trabajadora por trabajos y salarios dignos, contra la subcontratación, mayor presupuesto al sector salud, etc.; es decir, por derechos plenos para todos.

Por otra parte, una de las noticias más polémicas por los niños migrantes fue con la política antimigrante en la era Trump, cuando aplicó un programa para separar familias enteras y colocó a los niños en las famosas y humillantes “jaulas metálicas”. Con la llegada de Biden a la presidencia, en febrero firmó órdenes ejecutivas para reunir a estos niños separados de sus padres en la frontera, en un “supuesto” intento de modificar la política anterior.

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Cuando se suprimió la política de expulsión inmediata hacia México a los cientos de menores de edad no acompañados, permitiendo que se quedaran en su territorio, incrementó drásticamente la llegada de niños, niñas y adolescentes a las fronteras de Estados Unidos; luego, destacó la noticia en febrero, con imágenes muy fuertes e inhumanas, de los centros de detención donde estaban hacinados y con peligro de contagio, además de que no se sabe qué hacen con los que sí aceptan.

Con la medida de no expulsión, comenzó la llegada inminente de cientos de niños migrantes –la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño lo define como “todo ser humano menor a 18 años de edad”– con la idea de entregarse a las autoridades y separarse de la familia con la que muchas veces viajan, porque puede ser que los acepten de esa manera. La respuesta de Biden se dejó escuchar clara y fuerte: “¡No vengan!”

Recordemos, también, que a la gran mayoría de los migranteslos expulsan bajo el Título 42, una norma que permite devolver a las personas que llegan de manera irregular por peligro de contagio (salud pública), en ciudades mexicanas después de las 10 de la noche, sin opción a pedir asilo ni a ser procesados bajos las leyes migratorias estadounidenses, regresando a 400 mil inmigrantes a México, entre estos a cientos de niños; política de la era trumpista que no ha cambiado en el actual régimen de Biden.

¡Justicia para nuestros niños migrantes y sus familias!

Desde el MTS decimos que, toda vez que la migración es un derecho, exigimos paso libre a todos y todas nuestras hermanas migrantes, a sus hijos, a sus compañeros, porque es su decisión elegir dónde vivir. Los éxodos de los niños y niñas migrantes que los llevan a recorrer miles de kilómetros, no importa si les duelen los pies, si hace frío o calor, con todos los peligros que eso conlleva, siempre que ellos no pidieron nada de lo que les sucede, son migraciones que deben contar con derechos humanos indispensables para que, de una vez por todas, puedan desarrollarse por completo, material y socialmente, con comida suficiente, sin enfermedades, exentos de cualquier explotación económica y para que puedan recibir una educación pública y gratuita.

Llamamos a fortalecer la unidad de las y los trabajadores, movimiento de mujeres, estudiantes y demás sectores democráticos en ambos lados de la frontera para pelear, desde una perspectiva antiimperialista y anticapitalista, por derechos plenos para los migrantes y sus familias, contra los planes colonialistas de militarización en los países subordinados al imperialismo responsables de la situación económica que golpea duramente a las mayorías obreras y populares de estos países. Sólo de esa manera podemos garantizar que se frenen la persecución en su contra, las violaciones a derechos humanos, las desapariciones y el tráfico de niños.


Diana Palacios

Profesora egresada de la Normal Superior, colaboradora en IdZMx