Los sirios que huyen de la guerra y consiguen “asilo” en otro país son condenados a la marginalidad y explotación laboral. Una situación que afecta especialmente a los niños refugiados en Turquía.

Diego Sacchi @sac_diego
Sábado 7 de mayo de 2016
Foto * Ahmed Deeb para The Guardian
La noticia del bombardeo sobre el campo de refugiados en Sarmada este jueves (en la frontera de Siria con Turquía) causo conmoción. Según los últimos datos que se conocen, unos 30 civiles, la mayoría mujeres y niños, murieron en el ataque y decenas resultaron heridos. Las imágenes muestran las condiciones que tienen que soportar los refugiados y a la barbarie que están expuestos quienes huyen de la guerra que destruyó sus hogares y ciudades.
Foto: #Sīrija gaisa spēku uzlidojums bēgļu nometnei #Sarmada pie #Turcija robežas. no @HadiAlabdallah pic.twitter.com/J8BoYFDMl0
— breaking.lv (@BreakingLv) 5 de mayo de 2016
El entredicho abierto entre los principales organismos internacionales y gobiernos que intervienen militarmente en la región, muestra a las claras el cinismo imperante ante las condiciones que viven los refugiados. Un pase de manos y responsabilidades de unos a otros, la ONU acusa al gobierno Sirio y a Rusia; Rusia a algún grupo extremista; el gobierno Sirio dice “nosotros no fuimos”, dejando claro que todos tienen sus manos manchadas. Los drones y aviones imperiales (ya sean estadounidenses o de Europa) han bombardeado casas y hospitales, las bombas turcas caen sobre los civiles que huyen hacía las fronteras, todo en nombre de la “guerra contra el terrorismo” que, lejos de estar por culminar, continua asolando la región.
Pero esto es una parte de lo que les toca vivir a los refugiados. En La Izquierda Diario se puede encontrar una amplia cobertura de esta crisis migratoria, acentuada por las políticas racistas y xenófobas de los gobiernos imperialistas europeos.
En las fronteras con Turquía hay 22 campos de refugiados actualmente. Las personas registradas deben pedir permiso para salir durante el día y regresar antes de la noche y viven vigilados con fuertes controles policiales, como si fueran cárceles. A los miles de refugiados que logran cruzar los recibe la codicia y la explotación capitalista.
Los niños refugiados la mano de obra barata en los talleres turcos
Turquía es uno de los mayores exportadores textiles del mundo. Marcas como Burberry, HUGO BOSS, Marks & Spencer, Super dry, GAP, Espirit y muchas otras trabajan con proveedores de talleres textiles en ese país. Como ha salido a la luz, varios de esos talleres utilizan a jóvenes y niños refugiados como mano de obra barata.
Según detalla el diario británico The Guardian, un informe de la UNICEF dice que más de la mitad de los 2,7 millones de refugiados sirios registrados en Turquía son niños y casi el 80% de ellos no están en la escuela. Un informe de la ONG Business & Human Rights Resource Centre (BHRRC) estima que entre 250.000 y 400.000 refugiados sirios trabajaban ilegalmente en Turquía a fines del 2015.
Una muestra de la situación que viven estos niños la describe el mismo diario británico. Hamza, un niño sirio de 13 años, se sienta en una máquina de coser en un almacén sombrío en el sur de Turquía, en la que trabaja 12 horas al día, seis días a la semana. El gerente de la fábrica lo describe de la siguiente forma: "Él puede hacer 400 zapatos al día”. Así como Hamza, otros niños sirios trabajan en esa fábrica llegando a ser un tercio de la plantilla. Su salario diario es de menos de 10 euros, mucho menos que el precio de venta de cada par de zapatos que hacen.
Ilegalidad y precariedad para millones de refugiados
Estos niños se ven obligados a trabajar en esas condiciones porque, con suerte, sus padres podrán conseguir un trabajo que este lejos de garantizar lo mínimo para vivir.
Una encuesta de Hayata Destek, una organización no gubernamental turca que trabaja con los migrantes sirios, muestra que de los sirios en Estambul, el 60% de las familias tienen un ingreso entre 500 y 1.500 liras turcas por mes. "Pero cuando nos fijamos en lo que gastan al mes, es alrededor de 1,600 (liras turcas)", dice Gonca Girit McDaniel, coordinador en Hayata Destek. "Están gastando más de lo que ganan, por lo que tienen que pedir dinero prestado o dejar que sus hijos trabajen."
El trabajo de refugiados sirios es una norma en sectores como agricultura, textil y construcción, sectores con un alto grado de precariedad, como describe el informe realizado por La Izquierda Diario del Estado español. Esta situación la describe Zakariah, un trabajo sirio de 37 años de edad que trabaja en una fábrica de Estambul. "No podemos obtener un permiso de trabajo," dice, y agrega "Es imposible. Si [los empleadores] nos ayudaron a obtener un permiso de trabajo, tendrían que pagarnos como trabajadores turcos, y justamente eso es lo que no quieren hacer". Como resultado, a Zakariah que gana menos del salario mínimo, se le hace imposible alimentar a sus seis niños pequeños. Esto lo obligó a tener que enviar a su hijo mayor, de 12 años de edad, Sayed, a trabajar en un taller independiente. "Me gustaría que pueda ir a la escuela”, dice Zakariah. "Si estábamos en Siria, no tendría que trabajar bajo ninguna circunstancia. Pero mi sueldo es de sólo 1.200 liras turcas, y no se puede sobrevivir con eso".
Así, mientras funcionarios de alto rango y diplomáticos se rasgan las vestiduras hablando sobre el drama de los refugiados, mantienen las vallas fronterizas y firman pactos, como de la UE con Turquía, que cierra las puertas de Europa a los refugiados sirios que huyen de la guerra. Mientras al mismo tiempo, esos mismos gobiernos, permiten una vida de precariedad, trabajo ilegal, explotación de menores y discriminación social. Esa precariedad y explotación laboral es aprovechada por las grandes empresas textiles imperialistas para aumentar sus ganancias a costa del sudor de miles de niños que huyen de las bombas.

Diego Sacchi
Nacido en Buenos Aires en 1977, militante del Partido de Trabajadores Socialistas desde 1994. Periodista, editor en la sección Internacional de La Izquierda Diario y columnista de temas internacionales en el programa de radio El Círculo Rojo.