En los últimos días ha trascendido que carteles del narcotráfico en México reclutan niños para ser sicarios. No hay novedad.
Viernes 20 de septiembre de 2019
El caso del Cartel Jalisco Nueva Generación trascendió: una foto en redes sociales apuntaba a la barbarie que significa ser niño en México. Unos 10 infantes armados hasta los dientes se mostraban desafiantes ante la cámara: eran niños sicarios.
Reclutados de modo violento, se cuentan por varios cientos en todo el país: estos niños pueden desaparecer personas, ejecutar, secuestrar y tienen entrenamiento militar.
El 29 de agosto en Nuevo Laredo fue abatido un niño de 16 años llamado "Juanito Pistolas": tenía varias decenas de ejecuciones en su historial. Falleció decapitado.
La primera ocasión de que un niño fuera detenido por crímenes del narco fue el caso del "Ponchis". Esta es la primera declaración legal del caso: “He matado a cuatro personas, los degollaba, sentía feo, pero me obligaban con la amenaza de matarme si no lo hacía. Yo nada más los degollaba pero nunca fui a colgar los cuerpos a los puentes” contó a las autoridades después de su detención en el año 2010".
Otro caso terrible es el de Joselyn, del Cartel del Golfo: tenía 11 años cuando fue descuartizada y puesta en una hielera.
El decadente capitalismo mexicano
Los niños sicarios son producto de la decadencia del capitalismo mexicano. Lejos de lo que Andrés Manuel López Obrador sostiene (el fin del neoliberalismo) el neoliberalismo en México aún actúa y con más fuerza. Si bien los efectos catastróficos de la guerra fueron en administraciones anteriores, es real que el gobierno de la 4T ha profundizado los planes de militarización del país y de sumisión a los gobiernos de los Estados Unidos con la Guardia Nacional.
Y es que las becas para jóvenes no cambiarán el futuro de los jóvenes. Solo transformando de raíz la naturaleza depredadora del capitalismo mexicano es que la infancia y la juventud lograrán una vida en dignidad.
Los resultados son catastróficos: más de 160 mil muertos, 25 mil desaparecidos, un millón de desplazados, fosas clandestinas y centros de exterminio (como el recién descubierto en Torreón), feminicidios (5 por día), ejecución paramilitar de luchadores sociales (en 2011 los dirigentes de Ostula que participaron del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, MPJD).
El caso más emblemático de la situación en México fue el de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa a manos del Ejército: el Batallón 27.
La militarización se concretó mediante la firma de planes y tratados internacionales como el ASPAN (la Alianza para la Prosperidad de América del Norte). Tan sólo en 2013 el gobierno mexicano recibió más de mil 200 millones de dólares aprobados por el Congreso de los Estados Unidos para él, en concordancia con el Plan Mérida bajo el rubro de “ayuda” a las Fuerzas Armadas.
Esta guerra al mismo tiempo es un gran negocio para las empresas de armas estadounidenses; en 2013 las empresas de Estados Unidos ganaron 127 millones de dólares en venta de armas a México. Este proyecto militar implementó de forma paralela a las reformas estructurales que devienen en la mayor integración de México a la economía estadounidense (reformas laboral, energética, educativa).
Solo poniendo fin a la guerra y los planes de sumisión a los Estados Unidos, garantizando educación gratuita universal en todos los niveles, trabajo digno con un salario que alcance para una vida plena, es decir con un gobierno encabezado por las grandes mayorías explotadas del país, será posible superar esta situación.
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Con información de La Verdad Noticias