“No Hay Tiempo Que Perder” hizo el pasado viernes su presentación en Madrid. Entrevistamos a algunos de sus impulsores sobre las perspectivas de esta nueva iniciativa política anticapitalista y de clase.
Jueves 3 de marzo de 2016
Presentación de NHTQP en Madrid. Foto: ID
Me sumo a esta iniciativa partiendo de mi experiencia personal como activista social contra la represión, formando parte del colectivo Acción contra la Represión (ACR) y habiendo vivido de primera mano -como miles de jóvenes- la irrupción del 15M, las huelgas del movimiento estudiantil, las mareas, las huelgas generales, la lucha de las mujeres contra la reforma de la ley del aborto de Gallardón o siguiendo con emoción luchas obreras tan importantes como la de Coca Cola, Panrico y Movistar.
Sin embargo, en los últimos años hemos visto como toda esa oleada de movilización social fue contenida, desviada, cumpliendo un gran papel en esta tarea las cúpulas sindicales, traicionando huelgas, desmovilizando, pactando con las patronales y los gobiernos de turno.
Pero no sólo fue la burocracia sindical. Las nuevas formaciones reformistas como Podemos crecieron al calor del desvío de la movilización y la pasivización de las calles. Recordemos a Carolina Bescansa atacando a los que querían seguir “protestando”. De la “ilusión social” del 15M, en la que se creía que se podría transformar el mundo sin tomar el poder, se pasó a otra ilusión, la “ilusión política” de que ocupando las instituciones de la democracia capitalista se podía democratizar la sociedad sin romper con el sistema capitalista y sus reglas de juego.
Esta estrategia sólo puede llevar a nuevas derrotas y frustraciones. Ya vimos con gran dolor lo que ocurrió en Grecia. Syriza fracasó en su estrategia de “democratizar” la cueva de bandidos que hay en Bruselas, la Troika y la UE. Y de la propuesta de un “gobierno de izquierda” terminó en un “gobierno del tercer memorándum”. No se puede terminar con la llamada “austeridad” sin enfrentar a los poderes fácticos del capitalismo mediante la lucha de clases.
Por eso hoy veo necesario impulsar una iniciativa como “No hay tiempo que perder”. Un proyecto anticapitalista, de clase, feminista, internacionalista, de ruptura con el régimen del ‘78. Eso a mí me entusiasma, aunque hoy la “corriente” mayoritaria todavía acompañe las ilusiones en Podemos, hay que prepararse para lo que viene.
El intento de avanzar en la creación de un Frente de Izquierdas, que aglutine a la izquierda revolucionaria para que puje por un frente único en las luchas, por levantar una alternativa política anticapitalista y de clase y por poner los mimbres del partido revolucionario de la clase trabajadora, a través de “No hay tiempo que perder” es muy oportuno porque está empezando un periodo político que irá desde la “ilusión política” actual al cabreo social que le seguirá cuando esta se termine.
Periodo político difícil de medir cronológicamente a priori pero, entiendo, que no será muy largo porque el agente de la “ilusión política”, Podemos, no tiene relación orgánica con el pueblo trabajador por lo que no podrá reconducir la movilización social cuando la clase trabajadora y los demás sectores populares pierdan, por la fuerza de los hechos, la ilusión política de cambios llegados exclusivamente a través del ejercicio parlamentario. Es este tiempo, el que media entre la “ilusión política” y el cabreo social, el que le va a conceder la Historia a la izquierda revolucionaria en el Estado español para que se organice, para que se construya como un referente de masas. Así, “No hay tiempo que perder” no podría venir en momento más oportuno. Ahora bien, hagamos hincapié en que tiene que construirse con claridad y celeridad ya que de otra forma no tendrá tiempo suficiente para convertirse en un referente de masas.
Como conozco a buena parte de la militancia que lidera la construcción de esta iniciativa, no en balde he militado conjuntamente en la fenecida Izquierda Anticapitalista con las compañeras y compañeros que hoy conforman IZAR, y tengo una estrecha relación con compañeras y compañeros de Clase Contra Clase, además de conocer a militantes que han estado en el círculo Podemos trabajador@s, sé que hay una oportunidad de llevar a buen puerto la nave. Ahora bien, insisto, hay que hacerlo con claridad política y celeridad organizativa porque, efectivamente, “No hay tiempo que perder” si se quiere levantar una alternativa anticapitalista y de clase en el Estado español antes de que llegue el huracán de la extrema derecha a ocupar el espacio de la “ilusión social”.
El 20D el sentimiento de rechazo a esta democracia para ricos se expresó en más de 6 millones de votos a Podemos e IU. Sin embargo, quienes votaron por las llamadas opciones “cambio”, en las últimas semanas se han encontrado con las negociaciones por arriba de un gobierno de coalición con el PSOE, uno de los pilares del Régimen capitalista español.
Aunque el sueño del “gobierno de progreso” pareciera que está haciendo aguas, la propuesta de un gobierno de coalición de Podemos e IU con los social-liberales es un nuevo salto en la integración del nuevo y el viejo reformismo en el Régimen, del cual se proponen como sus “médicos de cabecera”.
Esta apreciación parte de un balance. Podemos adoptó rápidamente un claro curso regeneracionista del Régimen del ’78, buscando convertirse en un partido “respetable” para las instituciones capitalistas. Desde la experiencia personal, como militante Izquierda Anticapitalista, fui parte una de las organizaciones que dieron vida a Podemos y combatí en su interior por una política anticapitalista independiente. Posteriormente, desde el Círculo Podemos Trabajadores, del que participé y fui firmante del documento “Con los trabajadores Podemos” que se presentó en Vista Alegre, varios compañeros, militantes de diversas organizaciones, defendimos un programa de rescate a la clase trabajadora y de ruptura con el Régimen del ‘78. No tuvimos éxito, pero logramos confluir con otros activistas y sectores críticos con los que ahora impulsamos “No Hay Tiempo que Perder”.
Somos conscientes de que la iniciativa que impulsamos aun es minoritaria entre los trabajadores y la juventud. Muchos activistas y luchadores honestos, por ejemplo, han puesto sus esperanzas de ver desarrollada una política de izquierdas en Unidad Popular-Izquierda Unida. Pero humildemente no creo que IU sea una alternativa.
En sus 30 años de existencia IU participó en gobiernos ajustadores como en Andalucía, se ha visto implicada en graves escándalos de corrupción y ha mantenido una relación orgánica con un sector de la burocracia sindical. Pero, además, sus diferencias programáticas y estratégicas con Podemos son más bien nominales.
Por ello, aunque la perspectiva que planteamos aun no es compartida por amplios sectores, estamos convencidos de hace falta plantar desde ahora una bandera de independencia de clase, que ponga como centro la lucha de clases, que impulse el frente único para enfrentar los ataques de los capitalistas y que desde su programa dialogue con cientos y miles de compañeras y compañeros que comienzan a hacer una experiencia política con Podemos, con IU y con los llamados “Ayuntamientos del Cambio” que a cada paso demuestran que su política es puro discurso.
En relación al análisis realizado por los compañeros que hicieron la presentación de NHTQP en Madrid sobre el viraje de Podemos en busca del supuesto centro-izquierda y la actuación de los llamados “ayuntamiento del cambio” (Madrid y Barcelona), debemos tener en cuenta, que tanto el electorado de Podemos, como el resto de la población, no son sujetos pasivos, sin capacidad de análisis, ni actuación.
La sangría que sufre Podemos en su estructura de base, con las continuas dimisiones de militantes en diferentes CCAA, pone en evidencia el proyecto de Pablo Iglesias y sus postulados socialdemócratas, que suponen una renuncia a las demandas y reivindicaciones manifiestas en las diferentes mareas y plataformas ciudadanas.
Por ello, más que nunca, es necesario construir una verdadera alternativa de izquierda, una confluencia de fuerzas políticas, movimientos sociales y sindicales, que se conviertan en referente organizativo y de movilización para los trabajadores y el pueblo; que retome las reivindicaciones y demandas sociales y políticas de la población.
Nos encontramos ante un escenario político económico de profundización de la crisis con nuevos ajustes y recortes en el ya maltrecho Estado de Bienestar, que van a profundizar las brechas de desigualdad e incrementar los niveles de pobreza.
La falta de alternativa política desde un verdadero proyecto de izquierda, nos pueden llevar a una situación de desmoralización generalizada y desmovilización social, dando paso a la búsqueda de soluciones individuales en un “sálvese quien pueda”.
El encuentro del 2 de abril debería servir para poner las bases de un proyecto político que desenmascare las falsas ilusiones y confronte con las organizaciones y dirigentes que las promueven en, al menos, dos dimensiones.
La primera, en el corto plazo, la que tiene que ver con la posibilidad de un "gobierno de progreso" liderado o participado por el PSOE que responda, aun parcialmente, a los intereses de la población agredida por la ofensiva de la burguesía en los últimos años bajo la política denominada de austeridad. Dicha ilusión hace abstracción de lo que ha significado la orientación del PSOE en los últimos años, especialmente tras el giro el gobierno de Zapatero en mayo de 2010. En los hechos concretos de la negociación frustrada de Podemos con dicho partido, parece no quererse hacer cuentas con las políticas antiobreras y antisociales exigiendo al PSOE la derogación de todas las contrarreformas impulsadas por el último gobierno de Zapatero como condición necesaria para un acuerdo. Pretender convencer a la gente que de la mano del PSOE se puede hacer frente a la Troika sería una falacia chistosa sino fuera por lo dramático de sus consecuencias. Solo hay que leer las declaraciones del secretario de economía de Podemos en materia de deuda pública para comprobarlo: su propuesta para negociar con el PSOE se reduce a plantear la renegociación con la UE de los plazos de cumplimiento del déficit, algo con lo que podrían llegar a un acuerdo también con Ciudadanos...e incluso con el PP.
La segunda ilusión tiene mayor profundidad ideológica y su combate deviene en una necesidad estratégica. Diferentes corrientes políticas han hecho suya una caracterización del Estado y su gobierno como un objeto neutro en la lucha política, desprendido de su elemento de clase y por tanto ahistórico. En ese discurso el aparato del Estado, sus jueces, policías y militares aparecen como algo potencialmente positivo tan solo con el hecho de que un "buen gobierno" se haga cargo de él y pretenda recuperar la "soberanía perdida". La clase trabajadora griega y, de manera embrionaria, aquellos que empiezan a sufrir la decepción por los "ayuntamientos del cambio", están comprobando la falsedad de tal teorización. Ni el Estado burgués se puede poner simplemente al servicio de la clase trabajadora a la que colabora en controlar, reprimir y alienar, ni hay salida en clave nacional a la ofensiva capitalista recuperando una soberanía entendida como un remedo de la ya conocida colaboración de clases. Cuando la clase obrera ha puesto su confianza en organizaciones políticas que han tratado de superar contradicciones históricas solo superables por el derrocamiento del capitalismo con maniobras institucionalistas quedó desarmada políticamente.
La historia nos ha demostrado que cuando los gobiernos reformistas llegan a las instituciones burguesas y pretenden gestionar el capitalismo no sólo no son capaces de aplicar su programa sino que acaban por desgracia aplicando medidas aún más antisociales que los partidos tradicionales del régimen.
Todas las propuestas reformistas coinciden en aspectos centrales como abordar la democracia desde planteamientos puramente formales o de estética organizativa y analizar la crisis social sólo desde el impacto de la corrupción, como si la falta de participación ciudadana o la corrupción política fueran las únicas culpables de la situación desesperada que vive hoy una parte muy importante de la mayoría social. No cuestionan las estructuras profundas del capitalismo pero la aplicación de los llamados "planes de emergencia social" ocultan que han roto con el objetivo estratégico de desbordar el sistema capitalista. Lo cierto es que no relacionan la emergencia social con las bases del sistema que la genera.
El ejemplo griego es una buena muestra de la deriva y debacle que puede esperarnos en el Estado español (…) Todo apunta a que el nuevo gobierno deje a Podemos, Unidad Popular y otras opciones nacionalistas en la oposición. La existencia de estas opciones permite al Poder bloquear el cuestionamiento del sistema y su represión ya que Podemos y sus socios pretenden cumplir el rol de "la crítica al sistema", pero sólo desde la superficialidad.
El objetivo de No Hay Tiempo Que Perder es organizar un bloque social y político que cuestione las estructuras económicas y sociales del capitalismo y las bases del régimen del 78 en el estado español. No nos bastan soluciones patriotas ni pactos de estado con los partidos del Régimen que sólo han servido a los intereses de una oligarquía económica y financiera. La única salida verdadera y estable a la crisis que amenaza a la clase trabajadora e incluso a la supervivencia última en el planeta es precisamente la unión sin fisuras del pueblo trabajador y la juventud, no sólo dentro de unas fronteras sino abriendo vías internacionales e internacionalistas con otros pueblos tanto o más oprimidos en cualquier punto del mundo.
Pueden llegar momentos difíciles, de ataques conjuntos de la burguesía con el intento de la burocracia reformista por acallar las protestas populares. Con independencia de si el reformismo tiene la menor intención de hacer reformas o si su problema es no tener margen material para hacerlas, el reformismo y la socialdemocracia son una vía muerta y por difícil que ahora nos parezca tenemos que abrir hoy las vías para poder mañana acabar con el sistema capitalista. Y por eso no tenemos tiempo que perder.
Vamos al Encuentro del 2 de abril sin saber aún si habrá un nuevo gobierno o nuevas elecciones. Pero la crisis de “los de arriba” poco tiene que ver con la situación de “los de abajo”, porque quienes se consideran sus representantes en el parlamento proponen gobernar con los social-liberales del PSOE.
A pesar del encendido discurso de Iglesias en el debate de investidura, con agudas críticas a los grandes partidos del Régimen, existe una gran contradicción entre su discurso y su política. Porque Podemos sigue emplazando al PSOE de los GAL, el enriquecimiento rápido, las reformas laborales o el 135 ha hacer un pacto de “cambo y progreso”. Por ello ya han salido algunos líderes de Podemos a ponerle paños fríos al discurso de Iglesias; Garzón ha reafirmado que la negociación “cuatripartita” continúa y Manuela Carmena ha pedido el apoyo a la investidura de Sánchez –aunque después salió a matizarlo-. De todos modos, un acuerdo PSOE-Podemos y el intento de forjar un pacto que renueve el del ’78, por ahora viene fracasando.
Pero el devenir de estos pactos por arriba no es lo que nos preocupa. Porque nuestra perspectiva es otra, es cómo terminar con el régimen heredero de la dictadura, no cómo reformarlo. Por eso “No hay tiempo que perder” plantea la necesidad de impulsar un programa de salida obrera y popular a la crisis capitalista y del Régimen, que defienda sin cortapisas el no pago de la deuda, la prohibición de los despidos, el reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial, la nacionalización de banca, la defensa irrestricta del derecho a la autodeterminación, la abolición de la monarquía y del senado, la anulación de leyes antidemocráticas como la Ley mordaza y las reformas laborales del PSOE y el PP. Y contra todo pacto por arriba, también la necesidad de luchar por una asamblea constituyente libre y soberana, donde puedan debatirse todo y resolverse todo. Una perspectiva relacionada a la necesidad de conquistar un gobierno de los trabajadores, como parte de la lucha por una Europa de los trabajadores y los pueblos.
Sabemos que esta salida no es compartida aun por la mayoría de la población trabajadora. Las ilusiones en que se puede humanizar el capitalismo siguen siendo muy fuertes. Pero muchas de estas reivindicaciones son las mismas que hemos coreado cientos de veces en las manifestaciones y huelgas generales. Por eso vemos posible un dialogo con muchos que comienzan a hacer una experiencia con el reformismo.
Desde Clase contra Clase apostamos por construir un frente político militante, que permita confluir mediante un programa y una práctica común en la lucha de clases a distintas organizaciones de la izquierda que nos reivindicamos anticapitalistas, junto a compañeras y compañeros independientes. Y lo hacemos con un doble objetivo: impulsar el frente único en la lucha, pero también levantar un programa y una estrategia anticapitalista y de clase.
La característica básica de las direcciones de Podemos o IU no es sólo su oportunismo político, sino también su escepticismo. La falta de confianza en la potencialidad creadora de la clase trabajadora cuando se pone en movimiento para transformar la realidad. Por eso su único horizonte es la democracia liberal.
Nosotros creemos que el capitalismo no puede ofrecer más que miseria, xenofobia y barbarie, por ello la clase trabajadora va a responder con la lucha de clases, a pesar de las burocracias sindicales y de los reformistas. En condiciones muy difíciles ya lo está haciendo, en China, en Sudáfrica, en Argentina, en Francia, en Grecia. Y también aquí en el Estado español, como TMB en Barcelona o AUSZA en Zaragoza.
Por eso seguimos apostando por la lucha de clases. No porque seamos fanáticos, sino porque la crisis del capitalismo no deja otra salida. Para enfrentar a los poderes fácticos del capital necesitamos organizar para la lucha ofensiva una fuerza social superior. Esa es nuestra perspectiva. Porque no hacen falta revolucionarios para que haya revoluciones; de eso ya se encarga el propio capitalismo. Se necesitan revolucionarios para que las revoluciones triunfen.