Con la crisis sanitaria abierta por el COVID-19 el gobierno tuvo un respiro de las movilizaciones retomando protagonismo frente a la pandemia, sin embargo mantiene importantes flancos abiertos que afectan la credibilidad de Piñera y el odiado Ministro Mañalich.

Daniel Vargas Antofagasta, Chile
Domingo 19 de abril de 2020
Hasta un 6% llegó la aprobación gobierno en los momentos más críticos del estallido social. Entrado marzo las protestas amenazaban con volver a la escena, los estudiantes secundarios rechazaron la vuelta a clases y las mujeres estremecieron el país con una poderosa manifestación.
Sin embargo la irrupción del Covid19 le otorgó un respiro al gobierno. Con la venia del conjunto de los partidos instalaron el estado de excepción y con ello a los militares en la calle y un irracional toque de queda.
Del 6% el gobierno logró repuntar al 20%, no sin fuertes cuestionamientos. Jaime Mañalich, Ministro de Salud, pasó a ser un actor clave en esta crisis, sin embargo, sus torpes declaraciones han golpeado duramente al gobierno.
Teniendo que lidiar con una crisis del sistema público de salud, heredado de 30 años de privatizaciones y avances de la educación de mercado, el Ministro no ha logrado ganar credibilidad.
Por el contrario, a su torpe gestión pro empresarial se suman las críticas a la información entregada por el ministerio a propósito de la crisis sanitaria, siendo, incluso, acusados de oscurantismo por parte del Colegio Médico.
En este marco es que un sector de la derecha ha optado por unir su futuro al gobierno esperando que postpandemia puedan recuperar el terreno perdido en base a la ofensiva empresarial que encabeza Piñera con el discurso de unidad nacional.
La derecha, en este sentido, se rearma, preparándose para afrontar el nuevo escenario que surja luego de la pandemia. En este sentido es central que los trabajadores hagamos lo propio.
Es necesario que los trabajadores digan basta a la ofensiva patronal que pretende que esta crisis la paguemos nosotros con nuestras vidas mientras ellos siguen enriqueciéndose y exponiéndonos al virus.
Las organizaciones de trabajadores, como la CUT, deben poner fin a su tregua con el gobierno, exigiendo la prohibición de los despidos y la reconversión de los lugares de trabajo para hacer frente a la pandemia, cesando el trabajo en las empresas que no sean esenciales y resguardando el 100% de ellos salarios de sus trabajadores.
No esperemos a que la derecha retome la ofensiva. Organicemos desde ya la resistencia en contra de estos ataques.