Masivas evasiones se han realizado durante días en rechazo a una nueva alza en el pasaje del Metro, protagonizadas principalmente por estudiantes secundarios. Estas acciones podrían transformarse en un gran movimiento organizado que muestre el camino para conquistar un servicio de transporte para el pueblo trabajador y sectores populares. ¿Qué pasos dar para lograrlo?

D. Lobos Trabajador Transporte
Viernes 18 de octubre de 2019
Pagar $830 dos veces al día ganando menos de $350 mil al mes parece algo insostenible para millones de trabajadores y trabajadoras que necesitan del Metro para llegar a sus lugares de trabajo, sin embargo, esto no parece importarle a quienes sostienen el negocio del transporte público.
Entre los sueldos millonarios de los directivos de la empresa Metro Sociedad Anónima y su "panel de expertos", cuyo presidente dice que no tenemos derecho a protestar “porque cuando sube el pan no se hacen marchas”- pero el gerente general de esta empresa ganó solo en 2018 más de $200 millones-, se hacen evidentes los intereses que están en juego frente al rechazo popular que ha generado esta nueva alza, la segunda en el año.
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El gobierno ante las acciones de evasión masiva ha respondido con represión, llenando de efectivos de Fuerzas Especiales de Carabineros en las estaciones, con la libertad de golpear, detener e incluso encerrar a las personas dentro de los andenes para lanzar bombas lacrimógenas adentro de las instalaciones del Metro. Como si fuese poco, este viernes Piñera amenazó con aplicar la Ley de Seguridad del Estado contra las y los estudiantes que legítimamente protestan.
Asimismo, la ministra de Transporte y Telecomunicaciones, Gloria Hutt, amenazó con quitar la Tarjeta Nacional Estudiantil a quienes se identifiquen como evasores y negó toda posibilidad de rebajar el costo del pasaje. Por otro lado, desde la bancada parlamentaria de Renovación Nacional, levantaron un proyecto de ley para elevar las multas a los evasores hasta $400 mil. Hipócritamente cuestionan la "evasión" cuando diversas autoridades- hasta el propio presidente- y partidos políticos del régimen han evadido impuestos o realizado millonarios fraudes al Estado. La Ex Concertación también es responsable, quienes profundizaron un modelo privado de transporte con alzas sostenidas del pasaje para el pueblo trabajador.
A pesar de este clima de represión, han sido miles de estudiantes los que decidieron tomar en sus manos esta demanda, llamando a evadir masivamente el Metro, con acciones que marcaron las últimas jornadas, especialmente en la hora punta. La indignación se eleva a tal punto, que la empresa Metro decidió mantener el cierre parcial de varias estaciones, justificándose bajo “la seguridad de los pasajeros”, cuando se trata de una contra campaña hacia quienes han levantado estas protestas.
Y aunque el gobierno de Piñera intentó poner a las y los estudiantes contra el resto de la población, criticando las protestas debido a que "el pasaje estudiantil no aumentó", lo cierto es que la solidaridad expresada por la juventud ya se ganó el amplio apoyo popular de la población, pues son las familias trabajadoras y más pobres del país las que se ven golpeadas por este nuevo ataque empresarial.
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Las y los estudiantes muestran su fuerza y la posibilidad de ir mucho más allá, al corazón del problema, que es el negocio del transporte "público", que entrega millonarias ganancias a los empresarios de este sector, en desmedro de las mayorías trabajadoras. Ya lo mencionamos, es cosa de mirar el obsceno sueldo del gerente general de Metro Sociedad Anónima de $229 millones solo durante el año pasado, a lo que debemos agregar que la empresa mantiene a sus trabajadores y trabajadoras bajo la precariedad del subcontrato, con extensas jornadas laborales y sueldos bajos. También es necesario considerar que el Estado subsidia al transporte público con más de US$5 mil millones, ingresos que no se ven reflejados para nada en la calidad del servicio. ¿Acaso Piñera, el gerente general de Metro, o la ministra Hutt utilizan este transporte, lo toman a diario como lo hace más de un millón de personas? ¿Cuánto porcentaje de ese subsidio se va a los bolsillos de los empresarios del transporte? Claramente, viven otra realidad; la realidad de los ricos del país.
Es evidente que nos enfrentamos a un negocio gigante, a un gobierno intransigente y empresarios que no dejarán que se les toquen sus ganancias. Tenemos que partir de esta legítima bronca, de la fuerza que muestran las y los estudiantes, e impulsar un gran movimiento en las calles para frenar el alza de los pasajes y luchar para que el servicio de transporte esté realmente a disposición del pueblo trabajador y sectores populares, para que sea un transporte estatal y gestionado por sus trabajadores y usuarios. Es la única manera de erradicar este negocio.
Para esto es fundamental que los principales organismos de masas, como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Confech y federaciones estudiantiles, la Coordinadora NO + AFP, como también los sindicatos de Metro, pongan su fuerza a disposición de organizar un gran movimiento en las calles, e impulsen coordinadoras y asambleas en los lugares de estudio y trabajo para doblarle la mano a Piñera y a los empresarios del transporte.
El amplio apoyo popular y el tajante rechazo por parte de la población al negocio del transporte debe ser el punto de apoyo base para emprender una gran lucha, sin ninguna confianza en que los partidos neoliberales que son parte de la "oposición" van a dar una respuesta a este problema, tras años de gobernar y mantener el negocio empresarial. Esta estrategia impulsada por el Frente Amplio y el Partido Comunista- organizaciones que dirigen el conjunto de los organismos de masas- ya mostró su fracaso, y que lleva a la "parlamentarización" de organismos como la Confech, transformándolas en "cáscaras vacías". Por ejemplo, hasta el momento la CUT aún no se ha propuesto impulsar movilizaciones de masas por la reducción de la jornada laboral y coordinadoras que se organicen desde lugares de estudio y trabajo con base territorial, apoyándose en el enorme apoyo de masas al proyecto de 40 horas, y sobre el alza del pasaje tampoco.
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Esta estrategia estéril no servirá para conquistar las necesidades de la clase trabajadora y el pueblo pobre, estos organismos deben llamar a las bases a discutir cómo enfrentarse al negocio del transporte público y también en miras de conseguir la anhelada reducción de la jornada laboral. Pues, si tomamos las horas de viaje a los trabajos, se van hasta 12 horas del día entre viajar, jornada laboral, y volver a la casa, además de que las personas gastan casi el 15% de su sueldo en transporte, lo que ya es insostenible considerando los miserables salarios que recibe la gran mayoría de la clase trabajadora. Esto es algo que afecta profundamente la calidad de vida de quienes sostienen este país día a día.
El sindicato de trabajadores del Metro hizo un gesto político importante y declaró su solidaridad y el rechazo a las alzas de pasaje, rechazando la “militarización” de las estaciones, añadiendo la necesidad de que el transporte sea estatizado. No obstante, la solución que proponen es una “salida política”, donde el gobierno se siente en una mesa con los estudiantes. ¡Qué distinto sería si convocaran a acciones y asambleas comunes con estudiantes secundarios, usuarios y trabajadores de otros sectores! Y también a un paro de los trabajadores del metro que plantee el camino hacia un paro nacional de trabajadores contra las alzas del pasaje, de la luz, para derribar el sistema de pensiones y reducir la jornada laboral. La posibilidad está planteada.
Es necesaria la coordinación y organización de fuerzas para llevar a cabo un potente movimiento que se proponga un transporte público estatal, gestionado por sus trabajadores y usuarios, donde sean estos últimos los que decidan, bajo una discusión democrática, el funcionamiento y tarifa. Solo de esta forma podremos poner algo tan básico como el transporte público al servicio de las grandes mayorías.

Javier Ilabaca
Estudiante de Periodismo, Universidad Central de Chile