Todos se arrodillan, dicen que hay que renegociar la deuda y honran los mandatos del FMI. Nosotros queremos organizar a la juventud que enfrenta la pecarización. Una bandera histórica y una campaña del PTS en el Frente de Izquierda.
Juana Galarraga @Juana_Galarraga

Javier Nuet @javier_nuet
Sábado 13 de abril de 2019 10:52
Ramiro, trabajador de Rappi, murió en un choque de tránsito en la Avenida Madero de la Capital Federal. Vaya uno a saber las horas que hacía que andaba en la calle. Seguro iba apurado para ganarle unos mangos más al tiempo. Sucedió este viernes. Seguro los medios hablen de un accidente. Nosotros sabemos que la precarización laboral se llevó otro de los nuestros.
A los grandes medios les gusta mucho hablar de la juventud, pero no de las causas por las que el trabajo se cobra nuestras vidas, como le pasó a Ramiro. A eso le llaman accidente. En los últimos años impusieron conceptos como Centennials para hablar de pibes y pibas que hoy apenas alcanzan los 18 años. A la gran mayoría le toca empezar a trabajar y buena parte ya lo hizo incluso antes de terminar la escuela. Su predecesora es la generacióon Millennial, jóvenes que rondan los 34 años y ya acumulan una experiencia cargada de ilusiones y desencantos con el sistema capitalista.
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Muchas encuestas y artículos periodísticos indagan en sus opiniones sobre el futuro laboral. La preocupación no es para menos. Un mundo signado por las crisis económicas y políticas no trae buenos augurios para estas generaciones dueñas de las manos y los cerebros de la clase obrera que moverán las palancas de la economía en los próximos años.
El blanco neoliberal
El proceso político, social y económico que condiciona el salto a la adultez de estas generaciones, es el famoso neoliberalismo. Desde fines de los 70 y principios de los 80, avanzó y profundizó lo que muchos y muchas conocemos muy bien en Argentina: la precarización laboral.
Desde entonces se extendieron la flexibilización laboral, tercerización, contratos temporales, empleo informal, bajos salarios: todo tipo de rebusque de los capitalistas, con el aval de los gobiernos y los sindicatos, para explotar de forma mucho más brutal el trabajo asalariado. La precarización golpea sobre la clase trabajadora de conjunto, pero recae con saña particular en los y las jóvenes que empezamos a trabajar en estas condiciones.
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La feminización del trabajo en el mundo también avanzó en este contexto. El capital encontró en las mujeres y sobre todo las jóvenes, otra vía para extender la explotación de la clase trabajadora, su fuente de ganancias. Se aprovecha de la opresión patriarcal y la violencia machista para condernarnos a ser las más precarias entre los precarios.
Los números hablan
Veamos las circunstancias en que la generación más joven en Argentina vive el presente de crisis económica, en un país endeudado y gobernado por el FMI:
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Vale aclarar que estas cifras no son resultado exclusivo de las políticas de Cambiemos. Para tomar un dato como ejemplo: en 2006, 2014 y 2018 el porcentaje de jóvenes con empleos no registrados fue del 61 %. La juventud no tuvo ninguna década ganada. Desde los 90, la precarización juvenil se consolidó como uno de los pilares del modelo de acumulación capitalista en nuestro país.
Pasa en el trabajo, pasa en la vida
Precarización no es solo lo que pasa en las fábricas, call centers, comercios o casas donde trabaja la juventud. Nos obligan a vivir la vida con los mismos ritmos que nos imponen en el trabajo. Gozar del tiempo libre es imposible con turnos rotativos o con dos o tres changas. La chance de estudiar se reduce cuando cambiás de trabajo y horarios tres o cuatro veces al año. La proyección a futuro se corta con cada telegrama de despido. La juventud ya casi no sueña con la casa propia, porque ni le alcanza para alquilar. Las villas y asentamientos están llenas de parejas jóvenes que no encuentran otro lugar para plantar su techo.
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Derechos básicos como el acceso a la salud y a la educación públicas también se deterioraron por las políticas neoliberales. Sin empleo, sin obra social, ni plata para pagar consultas privadas, hay que jugarse a conseguir turnos en los hospitales públicos arrasados por todos los gobiernos. En un trabajo precario pedir un permiso para ver un médico puede ser motivo de despido o de descuento. La vida se vuelve precaria por todos lados.
No fronteras, no banderas
En España y en Europa se conoce como Mileurista a la juventud precarizada que vive apenas con salarios de mil euros. En Estados Unidos le dicen Twixters a jóvenes que viven con sus padres o no son independientes financieramente. En Italia un funcionario bautizó a la juventud mileurista bamboccioni (grandes chicos ficticios), por vivir con sus padres. En Japón se les llama solteros parásitos. Desde los 90 se popularizó el concepto Neets, para referirse a la creciente población que ni trabaja, ni estudia, ni recibe formación, lo que acá y en América Latina conocemos como la generación Nini.
Para hablar de los millennials trabajadores y pobres, la regla es inventar conceptos despectivos. Cómoda, individualista, inestable, son las características que empresarios, medios y gobernantes les atribuyen. Como si las decisiones que toman fueran libres y no estuvieran atravesadas por un presente cada vez más frustrante y las perspectivas de un futuro cada vez más pobre. ¿Qué dirán dentro de unos años de la generación Centennial?
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Los problemas de la juventud precarizada en Argentina, son como los de la juventud en el mundo. El neoliberalismo no se detuvo ante ninguna frontera. El capitalismo es un sistema mundial y aprovecha la forma de sacar ganancias más jugosas, con condiciones más o menos brutales, sobre los cuerpos laboriosos de todos los países.
Hay problemas comunes, es cierto. Pero también nos unen otras cosas: la no resignación y la búsqueda de salidas. La juventud ha sido protagonista de enormes movimientos y procesos de lucha. Los y las jóvenes profesionales que se quemaron los sesos en las universidades y ni así pueden vivir dignamente, impulsaron las movilizaciones de la Primavera Árabe. Los más precarizados en el Estado Español, se levantaron contra la esclavitud moderna de Amazon y no se comieron el verso de la “economía colaborativa”. La juventud griega fue parte de las movilizaciones que sacudieron al país, junto a la clase obrera sindicalizada en plena crisis de la deuda.
En Argentina, el fenómeno que más mueve a la juventud es la Marea Verde que se puso en pie por los derechos de las mujeres y por el aborto legal, seguro y gratuito. Las muertes por la clandestinidad del aborto, son parte de las consecuencias de la precarización, extendida como condición mucho más allá de lo laboral. ¿Quiénes son las que mueren por la práctica de abortos inseguros?: las más jóvenes y pobres. Los enemigos de las mujeres y la diversidad sexual, son los enemigos de la juventud y la clase trabajadora en su totalidad.
Nuestro futuro no se negocia
La Izquierda Diario y nuestras redes sociales, todos los días buscan reflejar esa realidad. Cada agravio que sufrimos y cada grito de rebeldía. Pero también queremos que sirva para organizarnos, porque no alcanza con denunciar y resistir.
El PTS en el Frente de Izquierda tiene como una de sus banderas históricas la pelea contra la precarización laboral y nuestras páginas dan cuenta de ello. Al resto de los políticos no les interesa esto. La bandera de los partidos tradicionales es otra. Son los que entregaron a la juventud a los precarizadores y nos quieren volver a sacrificar ante el altar del FMI y Christine Lagarde. Todos dicen que hay que pagar la deuda que nos hipoteca el futuro. Nadie, salvo el Frente de Izquierda, plantea que hay que dejar de pagar la deuda externa ilegal.
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A los y las referentes del FIT, desde Nicolás del Caño hasta estudiantes, trabajadores y trabajadoras de todo el país, no nos la tienen que contar: hemos sufrido en carne propia la precarización laboral. Por eso nuestro planteo es más que una propuesta electoral. Queremos discutir con cada joven que no esté dispuesto o dispuesta a resignarse, la necesidad de organizarse para derrotar el plan del FMI, Macri y los gobernadores.
Tenemos como ejemplo las experiencias de lucha de jóvenes de todo el mundo para sacar lecciones y esta vez organizarnos para triunfar. Tenemos la certeza de que si no organizamos la fuerza social que somos, junto a las mujeres movilizadas y la clase trabajadora, seremos quienes paguemos otra vez los platos rotos de la boda capitalista. Mientras todos se arrodillan y honran los mandatos del FMI, nosotros queremos organizar a la juventud desobediente que no se resigna a negociar su futuro con nadie.