En los últimos días, múltiples denuncias de intento de secuestro en el metro se han difundido en redes, lo que nos hace pensar ¿que hay detrás y que respuesta debemos dar?

Joss Espinosa @Joss_font

Yara Villaseñor Socióloga y latinoamericanista - Integrante del MTS - @konvulsa
Miércoles 30 de enero de 2019
Múltiples denuncias de mujeres en Facebook relatan historias de intentos de secuestro, en los andenes o las inmediaciones del STC Metro. En redes se convoca a una movilización este sábado para repudiar las desapariciones.
El patrón es el mismo, varones jóvenes que en algunos casos acosan e intimidan a las víctimas, a veces solos, a veces en grupo, posteriormente las agreden con algún tipo de arma que las denunciantes no lograron identificar, las siguen y las presionan; incluso las fuerzan, para que se suban a coches que están a las afueras del metro.
La constante también, afortunadamente, es que una o más personas, sobre todo mujeres, las auxilian para que el secuestro no pueda ser realizado. Todo un triángulo de las bermudas en la red del metro.
A la par de las denuncias también se han difundido textos de advertencia: “Si estás en situación de peligro puedes acudir a la persona que escribe el post”, otras más que dan consejos para librar la situación, e ideas sobre qué hacer si presencias una situación similar. Incluso se difunden mapas sobre los puntos donde se han presentado incidentes en la red del Metro.
Pero , ¿que hay detrás de estos secuestros? Las múltiples denuncias evidencian que claramente no se trata de un caso aislado, o de un sujeto o un grupo de sujetos actuando de manera individual. A lo que apuntan este tipo de casos es a pensar que claramente se trata de redes de trata al interior de la ciudad.
Lo que salta a la vista también es la salida punitiva que la clase política da a la violencia contra las mujeres, desde más policía, militarización -como plantea la Alerta de Género – hasta las recientes declaraciones de integrantes del MORENA, como la diputada Ana Miriam Ferráez, que propuso toque de queda para las mujeres, o la iniciativa del mismo partido en diciembre pasado de someter a violadores a la castración química.
¿Cómo garantizar nuestra seguridad?
Las redes de trata, si bien no son nuevas en la ciudad, han tendido a aumentar en todo el país en los últimos años producto de la militarización del país y la extensión de los cárteles del crimen organizado, siendo el negocio ilegal más rentable aún por encima de la venta de drogas. En todo el país las cifras de desaparecidas se han exponenciado. En 2017, México ocupó el primer lugar en casos de víctima de trata de personas. Esto es también resultado de la subordinación política y económica del gobierno mexicano a los intereses del imperialismo estadounidense.
Pero lo que hay que denunciar es que estas redes de trata actúan en complicidad y coalición con las policías municipales, estatales y federales, así como con el ejército. Se ha mostrado en múltiples ocasiones, incluso la ligazón con altos funcionarios públicos, como el caso de Cuautémoc Gutiérrez. ¿Cómo podríamos sentirnos seguras si las redes de trata están coludidas con estos cuerpos de “seguridad”? Sumado a esto, la Guardia Nacional dará mayores capacidades al ejército, replicando la misma política de seguridad que durante 12 años nos ha dejado con un aumento brutal en las cifras de feminicidio, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.
Cuando hablamos de que la violencia es estructural, nos referimos a que estos casos que nos presentan como problemas individuales o aislados, son alimentados por un sistema político y económico que reproduce las condiciones para que las mujeres, particularmente pobres y trabajadoras, seamos víctimas de la explotación de nuestros cuerpos, vidas y de la opresión.
En una batalla ideológica, instituciones como la Iglesia, los partidos y la familia, desde sus medios de desinformación masiva, fortalecen la idea de que somos mercancías desechables, capaces de ser desaparecidas, usadas, vendidas y asesinadas sin que pase nada. Para colmo, la justicia patriarcal garantiza la impunidad de funcionarios, militares, políticos, capos, policías y proxenetas involucrados en redes de trata y prostitución o casos de feminicidios.
Volvamos la rabia organización
Pese a la situación, no tenemos miedo, tenemos rabia. En primer lugar, peleamos por organizarnos en nuestros centros de trabajo y de estudio, para fortalecer medidas colectivas que nos permitan responder como uno solo, compañeras y compañeros, frente a cualquier caso de agresión contra una mujer. La autodefensa puede ayudar, pero resulta muchas veces impotente cuando son varios los agresores.
Si te encuentras en problemas, grita, pide ayuda, resiste y procura no volver sola, pero lo más importante es organizarnos para impulsar medidas que nos permitan encarar colectivamente esta situación. Si ves a una compañera en problemas, pide ayuda para auxíliarla en grupo, muchas veces la respuesta de gente desconocida ha impedido secuestros y desapariciones.
En el caso de las desapariciones en el transporte, consideramos elemental construir una coordinación con las y los trabajadores del metro, desde los conductores de trenes, las taquilleras, técnicos de mantenimiento y trabajadores de la limpieza. Son personas que se encuentran en las instalaciones permanentemente, desde que abren hasta que cierran, por lo que tendrían que ser nuestras principales aliadas en esta lucha.
A la par, hay que garantizar transporte seguro, con presencia de usuarios durante todo el día, incluso extendiendo el horario de funcionamiento a 24 horas, para que ninguna compañera tenga que esperar largo tiempo los pocos autobuses nocturnos o tome transportes individuales que nos exponen. Es vital construir también recorridos seguros, con diversos puntos de encuentro para que las compañeras no se desplacen solas de sus hogares y trabajos al transporte, debido a que es precisamente por este motivo que las trabajadoras son de las víctimas más comunes.
Pero desde Pan y Rosas consideramos fundamental la necesidad de ser miles organizadas y en las calles, organizadas, movilizadas, junto a nuestros compañeros, para expresar nuestra rabia y hartazgo frente a la situación de precarización, violencia y desapariciones que vivimos. Tenemos que ser más las mujeres organizadas que las desaparecidas y asesinadas, para ganar la voluntad de miles de mujeres dispuestas a visibilizar estas situaciones.
Es indispensable la conformación de un movimiento de mujeres combativo y con independencia de este gobierno que reproduce la violencia patriarcal, que traccione a otros sectores del movimiento obrero, como los y las maestras de Michoacán, los obreros maquiladores de Tamaulipas y quienes luchan contra los despidos en el sector estatal, para movilizarse por #NiUnaMenos. También, de la mano de los y las estudiantes, tenemos que movilizarnos para enfrentar la militarización del país y el aumento del femincidio.
Pero además, consideramos fundamental organizarnos desde una perspectiva anticapitalista y revolucionaria, peleando por conqusitar todo derecho posible para las mujeres, pero también por acabar con este sistema de violencia, opresión y explotación para las grandes mayorías.
Hoy las obreras de Matamoros nos ponen un gran ejemplo irrumpiendo masivamente en una de las ciudades más cruentas para las mujeres por la guerra contra el narco, movilizadas por miles, hoy enfrentan a la patronal, la maña (el narco) y las maniobras del gobierno. Por el triunfo de su lucha y contra las violencias, para sentirnos seguras y dueñas de las calles, paremos todo este 8 de marzo.