Compartimos entrevista realizada por ConInfluencia a Gloria Godoy, relatando su historia de lucha como obrera de Zanón y la difícil situación que viven los ceramistas.
Jueves 8 de agosto de 2019 11:13
“Está todo bastante jodido, muchas compañeras no tienen para comprar lo mínimo para sus hijos, ahora que han aumentado tanto las cosas: la leche, el azúcar, la carne es imposible. No estamos en condiciones de comer bien”, relata una obrera ceramista de Neuquén, pero que bien podría ser de Hurlingham, Río Cuarto o Santa Fe. Una difícil situación que se repite a lo largo y ancho del país y que FaSinPat no es la excepción.
Ella es Gloria Godoy, laburante de la ex Zanón, quien luchó en su momento en defensa de los puestos de trabajo en plena crisis del 2001 y, posteriormente, por la expropiación. Aquel edificio plantado en plena Ruta 7 fue el que le dio de comer durante tantos años, el que con tanto sacrificio le permitió cumplir pasito a pasito el “sueño de la casa propia”. La misma fábrica que ahora atraviesa, nuevamente, una difícil situación y que tambalea ante el injusto ahogamiento financiero. La que está al desamparo de las políticas del gobierno nacional, provincial y municipal, de ahora y de antes también.
Eran tiempos dificilísimos cuando Luigi Zanón vació su propia empresa y poco le importó que 380 trabajadores y trabajadoras quedaran en la calle. Fueron tiempos aún más difíciles cuando la Policía con orden judicial y apañamiento político fue a los portones de la fábrica con intenciones de desalojar. No pudieron ante el apoyo popular.
Hubo una pérdida fatal producto de la desidia empresarial: se transformó en impotencia y dolor. Un trabajador por exigir trabajar, valga la redundancia, perdió el ojo después de 64 balazos de goma que recibió su humanidad, en el oeste neuquino. Fue el Estado diciéndole: “No te queremos dejar trabajar. Nos importa un carajo tu dignidad”.
Pasaron casi dos décadas, atravesaron el 2001 y se mantuvieron en pie, lograron obtener un papel que les dijera “esto es tuyo”, que se traduce en la tranquilidad de que un buen día la Justicia no se levante cruzada, con el pie izquierdo como quien dice, y les pegue una patada a cientos de trabajadores y trabajadoras. Un panorama distinto al de Cerámica Neuquén, por ejemplo, que convive con la amenaza diaria del desalojo.
Así y todo, la tranquilidad económica para una obrera ceramista como Gloria no es moneda corriente: “Nos estamos llevando 2.500 pesos por semana, 2.000 a veces. Y acá, en esta provincia, con 2.500 pesos no hacés nada, hay compañeros que alquilan y están altísimos. Tenés que mandar a tu hijo a la escuela y darle de comer y es mucho”, cuenta en un tono tragicómico, con una sonrisa bien grande, pero con preocupación al mismo tiempo.
Y, por cierto, tampoco es indispensable esa patada o ese ultimátum violento. Hay formas que pasan más desapercibidas para hacer caer una fábrica bajo gestión obrera, “un mal ejemplo” como dicen en los pasillos de FaSinPat: el ahogo financiero, el lockout patronal, el corte de gas, la negativa ante el insistente pedido de créditos para la renovación de maquinarias.
El querellante de los bolsillos gordos
“Camuzzi, que es la mayor distribuidora de gas natural del país, presentó un recurso de amparo ante la Justicia Federal de Buenos Aires, solicitando autorización para cortar el gas a las tres cerámicas: Stefani -de Cultral Có-, Neuquén y Zanón”, explica Gloria. Y agrega: “Esto es terrible porque cortarnos el gas a las fábricas significaría más de 400 familias en la calle”. Una situación verdaderamente desesperante.
Para colmo, “nos damos cuenta, y lo hemos comprobado que con todos los tarifazos que se han dado en todo el país, Camuzzi obtuvo 2.800 millones de pesos en ganancias que se reparten entre sus accionistas. Son un puñado de empresas que están aquí en el petróleo y el gas y se llenan los bolsillos con esos aumentos y nos quieren dejar a nosotros sin el trabajo”, retruca la entrevistada.
“Acá en la provincia de Vaca Muerta, donde se extrae el gas, hay muchas familias que no tienen acceso al gas, en sus casas se calientan con garrafas o en muchos casos prenden un fuego”, cuenta Gloria y asegura que “están en alerta” por su situación en particular, pero también por la del propio país: “No sabés en qué momento te quedás sin trabajo”, dice.
Pero este panorama crítico no es casual entiende la entrevistada. La política tiene una incidencia grande en las decisiones sobre las fábricas ceramistas: “Lo del corte de gas es una decisión política. Ellos a sus amigos le condonan deudas, con ellos pueden hacer algunas excepciones…”, señala ofuscada.
Son muchas las cuestiones y los detalles que conforman a este horizonte desalentador, de los cuales ampliaremos en próximas publicaciones. No obstante, esta obrera ceramista no tiene pensando bajar los brazos, como dejó entrever en la charla, sabe que esta será otra larga y dura pelea: “Estamos en la calle porque no nos queda otra, tenemos que seguir luchando porque si no es resignarse. El ánimo en las tres fábricas es seguir trabajando y no dejar que se conviertan en galpones vacíos”, concluyó Gloria.