Vigo lleva años movilizándose contra la entrada en prisión de Serafín Rodríguez y de Carlos Rivas, sindicalistas de la rama de transporte. Su único delito fue participar en un piquete, durante la huelga del transporte de mercancías de la Provincia de Pontevedra en 2008. La ofensiva del Régimen del 78 contra las libertades democráticas y el movimiento obrero se agudiza.
Alberto Fernández Vigo
Martes 13 de marzo de 2018

Imagen de la movilización del mes pasado. CIG
¿Qué ocurrió realmente?
"Había una huelga del transporte por la negociación del convenio. Ese día había una reunión en la rotonda de Bouzas, donde está la gasolinera, a las 12.00 de la noche. Iban a informarnos de cómo estaba la negociación del convenio los tres sindicatos. Llegué sobre las doce menos cuarto. Estábamos esperando, yo con un compañero hablando. Había una o dos grilleiras enfrente. Salió un policía, vino junto a mí y me dijo: ’ Acompáñeme al furgón’. Le pregunté por que y me dijo que fuera. No te puedes negar, de manera que allá fui. Al llegar me dijo, ’déjeme su documentación’ y le dije ’cómo? por qué?’. Me respondió que me habían visto tirar piedras. Yo acababa de llegar, ¿Cómo que me habían visto tirar piedras? Me dijo que estuviera tranquilo, que estaba todo grabado y que si no había hecho nada no tenía por que preocuparme. Yo me quedé tranquilo. Comenté el caso con mi compañero y después de la reunión me fui a casa. De allí a un tiempo me llegó la notificación del juzgado con dos delitos: uno por tirar piedras y otro contra lo derecho de los trabajadores. Del primero fui absuelto porque no había pruebas, yo no había tirado nada. Me imputaron lo del delito contra el derecho de los trabajadores y son 3 años de prisión los que me piden." (Serafín Rodríguez para Sermos Galiza)
Una marea de solidaridad
Desde 2008, manifestaciones, concentraciones y muestras de solidaridad se han sucedido. La última manifestación, hace menos de un mes, logró congregar a cientos a pesar del mal tiempo y la lluvia. Los dos sindicalistas se han convertido ya en parte del imaginario colectivo entre los activistas del movimiento obrero vigués. Todo el mundo los conoce y admira. Vale la pena citar a la compañera de Serafín, que en su manifiesto público al finalizar la última manifestación, decía:
“Durante las innumerables noches en vela, o en esos tantos momentos a lo largo del día en los que no te puedes distraer del riesgo real de que al final acaben perdiendo su libertad, acabas por darle vueltas a como es que esto puede pasar. Buscas una explicación que te permita comprender como puede ser posible que dos personas inocentes, que no provocaron ningún daño a nada ni a nadie, tengan que vivir bajo la amenaza permanente de poder ir a la cárcel por una huelga. Y por mas que piensas y repiensas, acabas por llegar a un convencimiento que no consuela: que Carlos y Serafín están en esta situación por mala suerte. Que no es contra ellos todo esto. Que podía ser cualquiera. Cualquiera de vosotros, o de vuestras familias. Que ellos son sólo dos víctimas anónimas e inocentes, de una campaña brutal que lo único que persigue es desmobilizarnos y hacer que bajemos los brazos. Hacernos dóciles, para aceptar sin rechistar más y más recortes, seguir perdiendo derechos y empobrecernos más mientras los poderosos/as son cada vez más poderosos/as.”
¡Obreiros na cadea e corruptos no poder!
No se trata de un caso específico galego. Procesos similares ocurren en el resto del Estado español. Hace unas semanas era detenido el secretario general de CGT de Catalunya. Está fresco en la memoria el caso de Andrés Bódalo. En la propia Galiza, fue similar el caso de las sindicalistas Tamara y Ana. El delito real de todos y todas, que los convierte en convictos a ojos del Régimen del ´78, fue su lucha sindical. No resignarse a unas condiciones laborales de miseria y pelear por mejorarlas. Pero no sólo el movimiento obrero está en el punto de mira.
En los últimos tiempos los ejemplos se suceden. El caso de Alsasua, raperos comprometidos socialmente, como Hasel o Valtonyc, cantantes como César Strawberry de Def Con Dos, el caso de Cassandra, titiriteros, los Jordis, Joaquim Forn y Oriol Junqueras en Catalunya, etc, etc, etc.
Mientras tratan de “ejemplarizar” con estas condenas, las instituciones del reaccionario Régimen del 78 exculpan a la Infanta Cristina por el Caso Nóos, dejan libres a Rodrigo Rato o Bárcenas y siguen preguntándose, sesudamente y sin hallar respuesta, “¿quién es M. Rajoy?”.
En las manifestaciones viguesas de los últimos tiempos es ya habitual escuchar la consigna, “non pode ser, non pode ser, obreiros na cadea e corruptos no poder”. El Régimen del 78 y su justicia para ricos: inflexible y cruel con los explotados y oprimidos, benevolente y generosa con los lacayos del capital.
Carlos y Serafín no pueden entrar en prisión: es necesario un plan de lucha
Que dos sindicalistas vayan a entrar en prisión por participar en un piquete es una seria advertencia de toda la burguesía hacia el movimiento obrero. Ante todo, se pretende lanzar una aviso a navegantes. Cualquier activista sindical que mañana participe en un piquete de huelga puede ser acusado y llevado a prisión. Esa es la idea que la patronal pretende sentar. Y por esta vía, criminalizar la protesta social y desprestigiar a los que luchan. Nos quieren sumisos y mansos, aceptando estoicamente la desaparición de nuestras conquistas sociales históricas. Pero no podrán callarnos.
Es necesario enfrentar la ofensiva capitalista, no sólo en el terreno de las conquistas sociales, sino también en el terreno del asedio a las libertades y derechos democráticos. Las organizaciones sindicales mayoritarias y la izquierda sindical viguesa tienen que lanzar conjuntamente un plan de lucha, impulsando asambleas y comités de base en defensa de los derechos democráticos en todos los centros de trabajo. Al mismo tiempo, el movimiento estudiantil tiene que hacer lo propio en cada facultad y centro de estudio. El gran movimiento de mujeres que salió a la calle el pasado 8M señala el camino para ejercer una verdadera presión de masas y lanzar un verdadero combate.
El primer paso de este plan de lucha debería ser una huelga general galega de 24h., donde, además de la exigencia de la libertad de Carlos y Serafín, se fusionen reivindicaciones de clase, transitorias y democráticas, contra la precariedad laboral, desempleo, violencias machistas, por unas pensiones dignas, por los derechos lingüisticos y nacionales galegos, etc.
Convirtiendo la causa de los dos sindicalistas vigueses en una gran lucha contra la precariedad y por los derechos sociales, será que podremos torcerle el brazo a las instituciones del Régimen y terminar con la pesadilla que están viviendo ellos y sus familias. Con la fuerza de las mujeres, de la juventud y de la clase trabajadora, podremos evitar su entrada en prisión y abrir un escenario de lucha favorable, de recuperación de conquistas sociales.