Voces de mujeres trabajadoras: inmigrantes, jóvenes o estudiantes, se organizan contra la precariedad laboral como parte de la campaña contra la violencia patriarcal impulsada por Pan y Rosas.

Cynthia Lub Barcelona | @LubCynthia
Martes 11 de abril de 2017
FOTO: Antonio Litov
¿Por qué creéis que es importante visibilizar la precariedad laboral como un tipo de violencia patriarcal? ¿Cómo lo estáis viviendo como mujeres trabajadoras?
María: Yo como trabajadora mujer, inmigrante y madre soltera. Yo estoy sola aquí, no tengo parientes, solamente somos yo y mi hija. Yo trabajo haciendo limpieza en casas por hora y una de mis jefas sabe que necesito mucho mi trabajo y me presiona muchísimo. Y me va presionando cada vez más que hasta me hace sentir culpable y me quedo trabajando más horas para que me pague la seguridad social. Además trabajo en dos casas limpiando y planchando. Yo limpio en una casa con tres pisos que son de la misma dueña y uno de los pisos los alquila a turistas por épocas. Y tengo que limpiar tres casas en cinco horas y planchar la ropa. Tengo contrato, pero en verdad me lo hacen pagar recargándome más horas de trabajo y me presionan cada vez más y ahora no quiere pagarme la seguridad social. Yo no puedo más, pero no puedo perder mi trabajo porque no tengo ningún tipo de ayuda más que la beca del comedor en el colegio.
Àngels: La precariedad laboral nos perjudica en todos los ámbitos de nuestra vida, y es donde vemos esa doble opresión: por mujeres y por trabajadoras. Y la precariedad laboral lleva a que el binomio opresión-explotación se intensifique, bajo una crisis que nos golpea brutalmente.
Andrea: Yo soy monitora de tiempo libre y mi trabajo es muy precario empezando porque sólo trabajamos dos horas y media, y para llegar a fin de mes tenemos que tener hasta dos trabajos más. Trabajo contratada por una empresa externa. La precariedad laboral tiene que ser percibida como un tipo de violencia patriarcal, porque este tipo de contratos precarios lleva a las mujeres a encasillarse al hogar cuando en verdad, para conseguir independencia económica las mujeres tuvimos que pelear muchísimo. Además, este sistema patriarcal nos obliga a tener que seguir peleando por “igual salario, igual trabajo”.
Irene: Yo soy precaria porque los recortes han afectado muchísimo al sector de la ciencia que es de lo que yo estudié. Tengo 23 años, soy graduada en Bioquímica y tengo un máster en especializado en el área vegetal. Me gustaría dedicarme a la investigación, así que estoy intentando realizar una tesis doctoral, requisito casi imprescindible para ello. Una de las maneras más comunes de acceder es conseguir una beca del Estado, de convocatoria anual y cada vez más competitivas debido a los tijeretazos que se han ido dando indiscriminadamente al sector de la ciencia desde el inicio de la crisis, ya precarizado antes de dicha etapa.
Para poder mantenerme mientras intento conseguir una beca, estoy trabajando como vendedora en una zapatería de una zona muy turística de Barcelona. Tengo un contrato de pruebas de un año, trabajo 30 horas 6 días a la semana, incluyendo festivos y fines de semana (tuve que trabajar por ejemplo el día 1 de enero por la mañana). Se nos exige una disponibilidad completa, además de que mi horario cambia cada semana y se nos suele facilitar el viernes o sábado anterior a la nueva semana, con lo que hacer planes a medio o largo plazo resulta imposible. Además está complicado ponerse enferma, en diciembre estuve con un catarro que me duró 20 días, y al comunicárselo al jefe lo único que me dijo fue que “muchas sopitas y mucho ánimo”. Cuando he comunicado mi malestar por algunas de estas condiciones, se me ha respondido que las normas de la tienda son así y que si no estoy conforme, quizás no encaje con el perfil que busca la tienda. Con el contrato en pruebas que tengo, me pueden despedir fácilmente de un día para otro sin ningún coste.
Diana: Yo trabajo en el ámbito de cuidados donde somos mayoría mujeres, hay muy pocos hombres, con convenios muy precarios. Tuve trabajos mucho más precarios, yo fui trabajadora interna en la casa de una familia con tres hijos donde yo era la primera en levantarme y la última en acostarme. Me sentía una esclava. Además sufrí maltrato como la mayoría de las mujeres trabajadoras inmigrantes. Creo que las mujeres tenemos que exigir nuestros derechos, no tener miedo.
Irene: Claro. Lo que pasa es que muchas mujeres muchas veces tienen miedo a reivindicar porque sus puestos de trabajo están en juego. Bajo amenazas y te dicen “hay muchas detrás tuyo que quieren tu puesto de trabajo. Da gracias que tienes tu puesto de trabajo”.
Diana: Exacto. Tenemos que ser conscientes de nuestra fuerza como trabajadoras, no tenemos que “agradecer” que nos den un trabajo. Hay grandes sectores de trabajo como de cuidados, de limpieza o de cocina en hospitales y colegios, en las que trabajan casi exclusivamente mujeres. Y encima son trabajos totalmente desvalorizados, no se consideran profesiones. Y sufren enfermedades no consideradas laborales.
Estáis impulsando una Campaña contra las violencias junto a Pan y Rosas, entre ellas para organizarse contra el acoso y la precariedad laboral ¿Cuáles son vuestras reivindicaciones?
Àngels: Las mujeres de Pan y Rosas creemos que hay que organizarse contra el acoso y la precariedad laboral, por ejemplo, tomando las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras como Las Kellys, camareras que limpian hoteles, que luchan contra las externalizaciones del trabajo, siendo contratadas por empresas externas (contratas y subcontratas). Nos queremos organizar diciendo: No a la externalización y exigiendo regulación de la misma para impedir la cesión ilegal de trabajadoras. Y por el reconocimiento de enfermedades profesionales directamente relacionadas con el aparato motor y músculo esquelético, como proponen Las Kellys.
Andrea: También queremos decir que se reconozca el trabajo doméstico como un componente esencial para la reproducción del trabajo, y que por tanto se debería hacer cargo el Estado. Así como las tareas de cuidado, ¿por qué el Estado y las empresas no garantizan guarderías gratuitas en los centros de trabajo? Nos organizamos para exigir guarderías gratuitas a cargo de la patronal y el Estado en fábricas y establecimientos laborales, durante las 24 horas. Residencias para personas dependientes, gratuitas. Y para denunciar los contratos de obra y servicio, contratas y subcontratas, exigiendo el pase a plantilla fija de todas las trabajadoras. La prohibición de los contratos temporales y las ETTs, y el pago de todos los derechos por maternidad. Estas son algunas de las reivindicaciones que nos planteamos en la campaña contra las violencias machistas como Pan y Rosas.
Diana: Y para las mujeres que somos inmigrantes, la opresión es triple. Por eso también tenemos que organizarnos contra el racismo, la islamofobia, la xenofobia, que refuerzan las triples cadenas de opresión hacia las mujeres inmigrantes en este Estado imperialista: ¡se denegó el básico derecho a la sanidad pública a inmigrantes “sin papeles”! Exigimos la derogación de la ley de extranjería. El cierre de los CIEs. Acceso universal e igualitario a la Sanidad Pública y a todos los servicios sociales con independencia de la situación legal de cada persona. Y sobre todo, nos tenemos que organizar por el cese del uso de los papeles como armas de chantaje y explotación de parte del mercado de trabajo que no puede ser el regulador de derechos. Es decir, por papeles sin contrato.
Irene: Además, también sufrimos discriminación, acoso laboral y sexual. Mi encargado es un chico heterosexual de 27 años, y una vez mencioné casualmente que soy lesbiana. Desde ese momento, comenzó a preguntarme insistentemente que si había mantenido relaciones sexuales con hombres, si estoy segura de mi orientación sexual o si me veía con algún hombre en el futuro. Una vez dijo literalmente “Es que no entiendo cómo no puedes disfrutar con un pene, es fisiológico”. Tras aguantarlo un tiempo, le expresé mi malestar por la situación y aunque contestó a la defensiva, creo que entendió lo grave que puede ser el asunto y desde entonces ha parado. No me sentí cómoda para comentárselo a mi jefe, ya que una vez vino una trabajadora de la tienda de enfrente a darnos su currículum ya que decía que su encargado solía estar borracho y le hacía comentarios sexuales inapropiados, y el jefe y el encargado lo hablaron poniendo en duda en primera instancia el testimonio de la chica, en vez de mantenerse como mínimo en una posición neutra.
Andrea: Es que muchas mujeres sufren acoso sexual en los trabajos también. Y de eso no se habla mucho. Si hay aumento de feminicidios es porque aumenta toda una larga cadena de violencias, cuyo extremo es que nos maten. Tenemos que organizar comisiones de mujeres en los centros de trabajo para exigir la implementación de “todas” las medidas necesarias para paliar las consecuencias de la violencia machista y prevenir los feminicidios, como el aumento de los centros de acogida para las mujeres y sus hijos e hijas víctimas de violencia, bajo la autogestión de las organizaciones de mujeres y las trabajadoras, con asistencia profesional y sin presencia policial y judicial. Por comisiones de mujeres en los centros de trabajo y en los sindicatos, independientes de las patronales, que gestionen los casos de acoso sexual y laboral, y con licencias pagadas para las trabajadoras que atraviesan situaciones de violencia.
Àngels: Desde la precariedad laboral es donde más podemos ver la alianza entre el sistema patriarcal y el sistema capitalista. Por ejemplo, frente a la crisis actual, le viene muy bien a los capitalistas la discriminación a la más de la mitad de la humanidad que somos las mujeres. Les viene muy bien tener un ejército de mujeres que trabajamos en condiciones de precariedad terribles. Por ejemplo las mujeres que trabajan de cuidados a personas dependientes, se encuentran con enfermedades laborales no reconocidas. La precariedad se sufre en el cuerpo, lo que expresa muchas veces un tipo de violencia brutal en la salud y la calidad de vida, cada vez de mayor pobreza. Por eso tenemos que luchar por el Reconocimiento de enfermedades profesionales directamente relacionadas con el aparato motor y músculo esquelético, que es otra reivindicación de Las Kellys. Por eso nos queremos organizar, porque la precariedad laboral es violencia capitalista y patriarcal.

Cynthia Lub
Doctora en Historia en la Universidad de Barcelona (UB), especializada en clase trabajadora durante el franquismo y la Transición, también en estudios sobre género y clase, feminización del trabajo y precariedad. Docente de educación secundaria pública.