Entre mates las charlas van y vienen. Nely nos cuenta quién era, quién es, quién quiere ser. Es la transformación de una mujer obrera que nunca se resignó a ser oruga, que se siente crisálida, que lucha para que todos y todas seamos mariposas.
Miércoles 4 de julio de 2018
"Durante mucho tiempo a mí me simpatizaron varias cosas que hicieron los gobiernos kirchneristas. Pero nunca milité. Más bien acompañaba desde un lugar pasivo, votando, también activamente en redes y charlas.
Pero cuando asumió Macri me quería arrancar los pelos y me dije que tenía que hacer algo, que tenía que militar, porque no podíamos dejar que lo poco que teníamos nos lo roben.
En el barrio pasa mucha gente, y en la esquina hay un centro cultural kirchnerista muy llamativo. Me acerque a militar. Pero a la gente que se acerca ahí, solo le ofrecen un lugar para que den clases, por ejemplo, yo daba gimnasia. Cobraba una cuota, porque es mi trabajo. Ellos te prestan el lugar, pero a cambio tenes que hacer ciertas cosas como fiscalizarle en las elecciones o pintar las paredes y refacciones en el lugar los fines de semana.
En la fiscalización de las elecciones del año pasado, entre los cambios de boletas, lo conocí a Leandro que estaba fiscalizando para el Frente de Izquierda. También había un chico de Ciudad Futura. Empezamos a compartir unos mates y en la charla enseguida salió el tema, porque yo ya no me estaba sintiendo cómoda donde estaba. No me gustaban las jerarquías que se establecían en el centro cultural donde vos no tenés voz ni votos. Se acercaba la reforma previsional y laboral, y en ese lugar el tema no era importante.
Me sentía kirchnerista, y ante un gobierno macrista, ¿la oposición que tiene que hacer?: oponerse. Pero el discurso es acompañar y dar gobernabilidad. Eso no me cierra. ¿Cómo puede ser? Yo lo voté a Sciolli, y entonces me preguntaba: “¿y Sciolli dónde está? Desapareció del mapa”. Yo planteaba esto y no había respuestas. Te tenías que buscar el momento de poder hacer un espacio para charlar de política, porque vos lo tenes que buscar, no te lo ofrecen, no hay reuniones o plenarios. Solo te proponen hablar de qué podemos hacer por el centro cultural, para actividades culturales del lugar. A nivel barral no encontraba la vuelta y a nivel nacional cada vez más me sentía sin representación ni identificación. Y yo me acerqué fundamentalmente, para militar políticamente.
Salió eso en la charla mientras fiscalizábamos. Le dije: “yo tengo mi corazoncito de izquierda. A veces entro al cuarto oscuro y miro la boleta de la izquierda y me agarra siempre la duda. Me gustaría conocer”. Entonces nos pasamos los teléfonos y él siempre me mandaba los artículos de La Izquierda Diario. Empecé a leer y a leer, pero uno al principio está como desconfiado, tratando de defender lo que uno venía pensando, más allá de que estaba llena de dudas, inquietudes y diferencias, pero al principio me pesaba la necesidad de desconfiar un poco, como de defenderme. Lo que yo no entendía era por qué la izquierda siempre hablaba del peronismo y el kirchnerismo. Mi compañero en ese momento estaba más empapado, incluso ya empezaba a militar de a poco con el PTS y el Frente de Izquierda. Y yo seguía en contraposición. Y bueno, mi compañero estaba con el tema de una reunión que organizaban los de la René Salamanca, y le avisamos a Leandro. Imaginate cuanta ignorancia que tenía, yo pensaba que la izquierda tenía muchos puntos en común con el peronismo. Por eso no entendía por qué siempre estaba esa discusión donde la izquierda remarcaba los problemas del peronismo.
Y bueno, también empecé a charlar con Tamara y Lucas y aunque, muchas veces me sentía incomoda porque no coincidíamos, admiré sus convicciones. Y en muchas oportunidades no quería entregar la razón. Uno, al principio, no quiere dar la razón. Pero te queda picando. Llegaba a casa y me ponía a leer e indagar.
Pero bueno, también estaba ese pibe de Ciudad Futura, pero me convenció Leandro. Porque ellos me hablaban de que también tenían un centro cultural, que me acerque, que de clases ahí y que podía llevar mis propuestas. Y la verdad es que me gustó la postura que tenía, porque al menos parecía que ahí me iban a dejar opinar. Pero me quedé enganchada con lo que me decía Leandro y las cosas que me mandaba.
A Ciudad Futura no lo conocía. Averigüé que eran parecido a Del Frade, que sí lo conocía, pero yo me sentía mucho más cercana a las cosas que leía en La Izquierda Diario. Además, tuve mucho más contacto con él porque además, como es trabajador, charlábamos mucho de los problemas que tenemos todos, como los que tiene mi compañero en su fábrica. Y sobre todo porque yo le decía lo que pensaba y él me escuchaba.
Entonces un día en el centro cultural le fui a preguntar a la coordinadora que, si dicen defender a los trabajadores y están en contra de Macri, ¿por qué están alejados de la izquierda? Y muy clara en lo que me dijo: “No, la izquierda son unos trotskos. No te dejan pasar una. No se puede ser así. Hay que conciliar. La política es ceder. Pero bueno, nosotros estaríamos dispuestos a hacer un acuerdo”. Entonces me hacia un momento y le mandaba un mensaje a Leandro para preguntar, porque la verdad es que yo estaba buscando saber quién tenía razón.
Otra cosa que me dijo es que la izquierda había votado con el campo. Ahí me quedé helada. ¿Cómo puede ser? Pero luego hablé con Lucas y Tamara que me contaron y me mostraron que eso era mentira. Primero porque la izquierda no tenía Diputados en ese momento, y segundo, porque fueron los que están con Del Frade los que apoyaron al campo, no el PTS y el Frente de Izquierda. Para mí los dos, el campo y el gobierno eran dos burocracias. Pero con el campo jamás.
Los peronistas tienen un discurso como el de periodista Santoro, de que la izquierda y el peronismo son parecidos. Y yo pensaba así. ¿Por qué no podemos unirnos todos los que estamos en contra de estas políticas y hacer un frente anti Maci? Pero luego, leyendo, escuchando, prestando más atención, me di cuenta de que Macri no podría hacer nada de lo que está haciendo sin la ayuda del peronismo. Y vi también como juegan los sindicatos peronistas, que si llaman a un paro o no lo llaman, que lo llaman y lo levantan, o que cuando no lo levantan no movilizan. Es toda una gran farsa. Por eso de hacer un acuerdo no sirve, porque lo que nos están proponiendo es que nosotros perdamos nuestra esencia como partido y que ayudemos a conciliar las clases. Ellos nos quieren domesticar porque ven que la izquierda está en boga. Quieren que les lavemos la cara a la dirigencia, mientras ellos le dan la espalda a la gente común y corriente, a las bases. Es a ellos a quienes tenemos que hablarles nosotros.
Así que de a poco me convencí que no podía trabajar en un lugar en el que no tengo acuerdo en nada. Yo hablaba todo eso, y me empecé anotar todo, porque quería primero hacerme una visión de la izquierda, pero desde afuera, como quien dice. Porque luego, adentro, capaz que uno se retroalimenta, y a mí me preocupa mucho que sea tan difícil llegar a la gente, bajar todas estas cosas que estamos charlando de una forma entendible. Porque muchas están desinformadas. Por ejemplo con mi cuñada que votó a Macri lo veía en nuestras charlas. Y yo le contaba el tema de las clases sociales y de la internacionalización de las clases, porque ella es una persona muy caritativa. Entonces le pregunté: “¿Que maten un nene en Siria, no es lo mismo que si matan un nene acá en Argentina, o un obrero que no tenga trabajo en otro país, no es lo mismo que acá?”. Y me dijo que sí. Entonces le expliqué que esa es una de las claves de la izquierda, la unión de clase más allá de los nacionalismos y los territorios. Así, capaz que se le va abriendo el panorama y en la próxima apoya a la izquierda.
Hoy estoy conociendo participando y organizándome en un espacio donde la gente común tiene un lugar una voz, donde se incentiva a aprender, a investigar, a participar, desde las personas cercanas hasta los grandes referentes. Creo que muchas personas están como estuve yo, tratando de participar, de ser sujetos. ¡La tarea será encontrarnos!"

Sebastián Quijano
Nació en Málaga en 1980 y vive en Rosario desde 1992. Es militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y docente de Filosofía.