El Gobierno quiere eliminar los feriados puente y establecer como feriado inamovible el día de la Virgen.
Juana Galarraga @Juana_Galarraga
Viernes 2 de diciembre de 2016
El Ejecutivo Nacional envió al Congreso un proyecto de ley que elimina los feriados puente y además, establece los feriados nacionales movibles e inamovibles para el 2017. La iniciativa ingresó a la Cámara de Diputados, donde se prevé que se discuta en la sesión extraordinaria a realizarse en las próximas semanas.
Cambiemos introdujo en este tema, ciertos cambios. Fiel al espíritu que lo guió en lo que va de su primer año de gestión, la modificación más polémica al calendario de feriados tiene que ver con la política de derechos humanos. Cambiemos le quita al feriado nacional del 24 de Marzo el estatus que decidió otorgar al día de la Virgen que se conmemora el 8 de diciembre. Mientras el día de Memoria pasará a ser un feriado movible, la festividad religiosa quedará como feriado inamovible. El jueves santo por su parte, será día no laborable.
La decisión constituye un ninguneo a la fecha en la que se conmemora a los 30.000 detenidos desaparecidos y en la que miles los homenajean y movilizan contra la impunidad de ayer y de hoy. Precisamente, se inscribe en el marco de un ninguneo del oficialismo ante el tema en general. Macri ha dicho livianamente que no sabe si los desaparecidos son 30.000 o 9000 y que no le interesa meterse en ese debate.
Aunque parezca desinterés, en realidad la actitud del Gobierno ante la discusión sobre la última dictadura cívico-militar no es para nada inocente. Como se ha denunciado en más de una oportunidad desde este diario, el dinero de la familia Macri está manchado con la sangre de los 30.000, ya que su imperio empresario creció exponencialmente a través de negociados con la dictadura genocida.
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El 24 de Marzo pasa de esta forma a ser un feriado más, sujeto a modificaciones con el objetivo de contribuir al turismo. El gobierno kirchnerista había aprobado en el Congreso la creación del feriado nacional inamovible en dicha fecha, en el año 2006. A través de votaciones con amplio consenso, la cámara de Senadores y luego de la Diputados, aprobaron la ley que en su momento, había generado discusiones.
Ciertos organismos de derechos humanos se habían manifestado en contra por considerar que los feriados se establecen para días festivos, cuando la conmemoración del inicio del genocidio que liquidó a una generación de luchadores y luchadoras, no podría entenderse de ninguna manera como algo para festejar. Sin embargo, el kcirhnerismo logró sortear la discusión planteando precisamente, que al ser declarado inamovible, no estaría atado a las especulaciones turísticas, sino que sería un día para reflexionar y conmemorar el hecho.
La decisión del kirchnerismo sobre la fecha se inscribe en el marco de su política de derechos humanos, cuanto menos, contradictoria. Para comprender el nivel de su contradicción o doble discurso sobre el tema, basta solo mencionar dos nombres: Jorge Julio López y César Milani. La creación del feriado, así como el gesto de bajar el cuadro de Videla, forman parte de la mística que intentó crear el kirchnerismo, plagada de gestos simbólicos que bien le sirvieron para la cooptación de organismos que se acoplaron a su política.
Más allá de esto, lo que no se puede obviar es que la creación del feriado, así como la derogación de las leyes de obediencia de vida y punto final, tienen que ver con la larga lucha de organismos que durante años se movilizaron en exigencia del reconocimiento del genocidio y contra la impunidad. Muchos de estos organismos se mantuvieron independientes a lo largo de todo el período K, denunciaron los límites de su política y pelean consecuentemente contra la impunidad hasta hoy.
Menos descanso, más productividad
Otro de los cambios que introduce la iniciativa es la eliminación de los feriados puente. La existencia de estos feriados había sido habilitada por un decreto firmado en 2010 por Cristina. En ese momento la intención del gobierno fue impulsar la actividad turística, por lo que se establecía la posibilidad de que la población se tomara dos fines de semana extra large al año para viajar a algún destino. Según los fundamentos del proyecto enviado por el Poder Ejecutivo actual, esto afecta “negativamente la actividad productiva del país y en la educación de los jóvenes”.
Si bien Cambiemos utiliza como pretexto la necesidad de alanzar los 180 días de clase para justificar su política, hay otros elementos que parecen tener más peso en la discusión.
Según el calendario de Cambiemos los feriados nacionales de 2017 serán 16. La cifra probablemente no contente a ciertos sectores que pugnan por reducir aún más la cantidad de días no laborables.
Según una encuesta difundida por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), siete de cada diez empresas consideran que el número de feriados en nuestro país debería reducirse. El argumento es que aumentan los gastos laborales y generan una merma en actividades productivas y comerciales. El relevamiento muestra que el 71,7 % de sus empresas asociadas piensa que los feriados perjudican la venta minorista y el 66,7 sobre la mayorista y reclama cambios.
Como no podía ser de otra manera, el diario La Nación dedicó hace pocos meses una editorial al respecto. Cambiemos aprobó la creación del feriado nacional del 17 de junio, en conmemoración de la muerte del general Martín Miguel de Güemes.
“Nadie en el Congreso ni fuera de él desaconsejaría homenajear a Güemes, como tampoco a tantos otros héroes de nuestra historia. En cambio, es cuestionable que, para conmemorar una gesta, recordar la labor de una persona o resaltar una fecha determinada necesariamente haya que declarar ese día feriado y volver improductivo el país”, sostuvo La Nación y agregó que “para muchas empresas significa daños económicos y demoras dañosas que podrían evitarse. A los altos costos de la sofocante presión impositiva que soportan deben agregar las erogaciones en sueldos de personal que corresponden a esas jornadas sin actividad o por la que deben pagar mucho más”.
Al parecer, la necesidad de aumentar la productividad a costa de una mayor explotación de la clase trabajadora, reduciendo sus días de descanso, literalmente marca la agenda como nunca.