Allberto Fernández, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta mantuvieron un encuentro en Olivos en el que discutieron acerca de la grave situación sanitaria. Sin resoluciones ¿y sin plan?
Diego Iung @IungDiego
Martes 23 de junio de 2020 00:39
A lo largo del fin de semana se fueron sucediendo las declaraciones, al ritmo en que continuaba el aumento de contagios: “Con esta tendencia en 20 0 30 días colapsa el sistema de salud Bonaerense” afirmaba Nicolás Kreplak, viceministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires
El ministro Gollan, en la misma línea, declaró “Hubo un acuerdo absoluto con la Ciudad de que hará falta una restricción fuerte”. Por su parte, el oficialista Página 12, de la mano de Mario Wainfeld, no dudaba en que para el Presidente hay que volver a la fase 1 “cuanto antes”.
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Si bien desde la Ciudad se mostraron más reservados sobre el nivel de urgencia, Larreta había llegado a afirmar en conferencia de prensa junto a Kicillof “no nos va a temblar el pulso para tomar medidas más drásticas”.
Luego de la reunión mantenida al mediodía de este lunes, sin embargo, los anuncios brillaron por su ausencia. Kicillof afirmó “la definición exacta la vamos a poner cuando hagamos una evaluación en los próximos días”. Esto ocurriría recién entre el jueves a la noche y el fin de semana, varios días durante los cuales el coronavirus seguirá su rumbo expansivo. Entre las medidas que el Gobierno podría tomar, sólo figura la opción de endurecer la cuarentena.
La crisis que se viene
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Al momento de escribir estas líneas se conocía que el número de contagios alcanzaba, justamente, un nuevo récord: 2146 nuevos contagios y 32 muertes, llegando a casi 45 mil casos desde el inicio de la circulación del virus en el país. Estos datos no hacen más que confirmar el pronóstico en ascenso de la curva de contagios. Ya en diversas localidades de 8 provincias distintas tuvieron que retroceder de fase y endurecer la cuarentena ante el alza de los contagios.
En este marco, según el REFES (Registro Federal de Establecimientos de Salud), dependiente del ministerio de Salud, se encuentran ocupadas el 57 % de las camas de terapia intensiva de la Ciudad de Buenos Aires y el 51 % de las de la Provincia de Buenos Aires. En el caso de internaciones graves unicamente por Covid-19, hablamos de 397 camas ocupadas. Es decir, un 30 % más que la semana previa. Además, trabajadores de algunos hospitales, además, comienzan a dar testimonio de situaciones de especial gravedad: Gabriela Piovano, del Hospital Muñiz daba cuenta de que el 80 % de las camas de terapia intensiva de ese centro médico ya se encuentran ocupadas. El Hospital Fernández también tiene su terapia intensiva completa.
¿Tan prioritaria era la salud?
Un sistema de Salud vaciado durante décadas por los distintos Gobiernos de turno deja como contrapartida un sistema destruido desde mucho antes de la pandemia y que lejos está de satisfacer las necesidades sanitarias mas elementales de la población.
Como ya venimos denunciando por este medio, la estrategia casi exclusiva del Gobierno consistió en retrasar la llegada del denominado “pico” mediante la cuarentena. Si bien de esta manera se logró estirar la situación algunos meses, queda claro que, una vez retomada gran parte de la actividad, los contagios comienzan a subir de forma exponencial y las medidas tomadas no alcanzan.
No deja de llamar la atención que, a 3 meses de comenzada la pandemia, los insumos adquiridos por el Gobierno aparezcan como claramente insuficientes, al punto de que en pocas semanas podría colapsar de conjunto el propio sistema de salud.
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Según fuentes del propio ministerio de Salud de la Nación, las camas en terapia intensiva, contabilizando las que el Gobierno adquirió en estos meses de cuarentena, hoy alcanzan las 11.405 camas totales. De estas, sin embargo, mientras que la mayoría de la población se atiende en el sistema público, apenas el 38 % de estas camas pertenece al sistema público. El restante 62 % es parte del sistema privado.
Es decir, las camas para tratar a pacientes en situación crítica no sólo son insuficientes (como lo demuestran las proyecciones de colapso para dentro de pocas semanas) sino que tampoco están disponibles para el conjunto de la población. Recordemos que el propio Gobierno desistió rapidamente de centralizar el sistema de salud al comienzo de la pandemia, aflojando ante la presión empresarial. Esta demanda elemental de poner todos los recursos disponibles a disposición del conjunto de la población es una demanda que solo fue sostenida desde el Frente de Izquierda. Hoy se vuelve incluso más indispensable que en aquel entonces.
Otro elemento clave en relación al abordaje de la pandemia es el de la realización de tests, tal como lo viene recomendando la Organización Mundial de la Salud desde marzo. En este punto, el ministro de Salud Ginés González García, reconoció hace algunos días que habían descuidado la realización de tests. Dichos tests hubieran sido de mucha utilidad para poder pensar detectar a qué sector aislar, donde volcar más recursos y realizar aislamientos verdaderamente efectivos.
Hoy en día, sin embargo, la realización de tests, lejos está de ser efectiva: en algunos casos los estudios tardan hasta 72 horas inclusive, cuando resulta central poder realizar una detección temprana para poder aislar a los contactos estrechos de un caso positivo, para evitar al desarrollo de focos y extremar las medidas necesarias para evitar mayores contagios.
Relatos salvajes
El relato que el mismo Alberto Fernández quiso narrar como su supuesta opción por la salud (antes que la economía), hoy empieza a mostrar todos sus límites. En una economía que se derrumba, donde millones de trabajadores han visto afectadas sus condiciones laborales, otros tantos no perciben practicamente ningún ingreso e incluso los jubilados han visto recortadas sus jubilaciones, la “opción por la Salud” comienza a mostrar los límites de su alcance.
Un presupuesto más que insuficiente, que lejos está de dar respuesta a todos los requerimientos para afrontar la pandemia. Tan así es que incluso mientras tanto se sigue subsidiando a grandes empresas (incluidas multinacionales o gigantes de la medicina privada como Swiss Medical) o incluso utilizando fondos del IOMA para bancar a las clínicas privadas de la Provincia de Buenos Aires. En esta misma sintonía, médicos contratados especialmente entre marzo y abril para trabajar en plena pandemia, se encuentran desde entonces sin cobrar. Un verdadero escándalo.
Las semanas próximas pueden ser críticas. La necesidad de tomar medidas urgentes que vayan más allá de la discusión acerca del sólo sostenimiento de la cuarentena es indispensable.