El odio de la Iglesia contra las mujeres y sus derechos llevan a compararlos incluso con hechos terribles como el Holocausto.

Joss Espinosa @Joss_font
Martes 5 de octubre de 2021
La retórica y el discurso de la Iglesia para criminalizar y violentar los derechos de las mujeres llega a absurdos como comparar hechos terribles como el Holocausto.
En una entrevista sobre las recientes marchas antiderechos, Eduardo Cervantes Merino, Obispo de Orizaba señaló que vivimos en una “crisis de valores”, refiriéndose al reciente fallo de la SCJN en torno a la inconstitucionalidad de penalizar el aborto.
Haciendo un símil entre el aborto y el Holocausto, Cervantes aseguró que:
Siempre ha habido atentados contra la vida, han existido cosas terribles, denigrantes como el asunto de lo que sucedió en Alemania nazi.
El cinismo de la iglesia llega a tanto que olvida que la propia iglesia tuvo un papel importante en el propio holocausto guardando un silencio absoluto ante lo ocurrido, mostrado en la denuncia presentada hacia Pío XII llamado el "papa de Hitler" desde los años 60; el vaticano ocultó esta historia durante décadas, documentada en archivos que fueron "abiertos" hasta 2020 por el papa Francisco, como una medida para restaurar la confianza en vaticano luego de múltiples escándalos financieros y por pedofilia.
Este y otros “argumentos” vertidos por la Iglesia no son más que medidas para criminalizar a las mujeres que deciden sobre sus cuerpos. Y mientras hay sectores como este que afirman que la Iglesia debe “proteger la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, en esa misma iglesia hay sectores que llaman a matar a las mujeres que abortan, como el Sacerdote de Coahuila; dejando en claro que no les interesa la vida, sino coartar los derechos de las mujeres.
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No es la primera vez que el Obispo Eduardo Cervantes que llama a violentar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y personas gestantes, hace un par de semanas, declaró que los médicos tenían que ejercer la objeción de conciencia para negarse a practicar abortos.
Si ya de por sí es complejo el ejercicio de los derechos y la autonomía de las mujeres cuando el Estado impide decidir plenamente sobre su cuerpo, se vuelve aun más complejo y restrictivo cuando las iglesias presionan y tienen injerencia en el Estado. Este poder de la Iglesia no solo es ideológico, por parte del gobierno ha habido un apoyo a estos sectores con la apertura de espacios en radio y televisión, o con la alianza con el PES en 2018. Sumado a las fortunas que tiene en su poder la Iglesia, mismas por las que no pagan impuestos ni por sus ingresos ni por los inmuebles que tienen, todo ello avalado por las instituciones del Estado.
Es falso que a la Iglesia le interese la protección de la vida, algo que queda claro si miramos como dicha institución ha colaborado en crímenes de Estado, desapariciones y asesinatos desatados por las dictaduras militares en el cono sur. El falso discurso de la protección a los “más indefensos” se viene abajo con los múltiples casos de pederastia protegidos por la Iglesia.
Ante los avances en nuestros derechos, la Iglesia y grupos reaccionarios han dejado claro que utilizarán cualquier vía para imponer la restricción de los mismos, como lo muestran estas declaraciones y las recientes movilizaciones mal llamadas “provida”, que lo único que buscan es mantener en la clandestinidad los abortos, y que sean las mujeres pobres y de sectores populares las que sigan perdiendo la vida en clínicas insalubres e inseguras.
Por ello, es vital que el movimiento de mujeres no baje la guardia y continúe en las calles movilizado de forma independiente al gobierno, sus partidos y sus instituciones, para arrancar el derecho al aborto legal, seguro, libre y gratuito, y para hacer frente a la ofensiva antiderechos de la Iglesia y los partidos de la derecha conservadora.
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