La Izquierda Diario dialogó con Marta Sagadín, una protagonista del Cordobazo, ex militante del Partido Comunista, ex secretaria de UMA- Unión de Mujeres de la Argentina- sede Córdoba y fundadora de la Biblioteca de la Mujer “Juana Manuela Gorriti”.
Sábado 30 de mayo de 2015
¿Hubo acontecimientos que anticiparon al Cordobazo?
En el 68 estuvo el Mayo Francés, donde obreros y estudiantes se lanzaron a las calles, estuvo también la lucha en Vietnam, la lucha en Argelia, en toda África, Asia y en América Latina nuestra querida Cuba, “el faro”, como le decíamos. Era un mundo que, al menos yo veía, iba hacia la derrota del capitalismo.
En la Argentina del 69 ya veníamos de mucho tiempo de dictaduras, y en Córdoba se daban las condiciones para un levantamiento. Había un enorme hartazgo por la falta de libertades y los sindicatos eran opositores, organizaron a los trabajadores y se pusieron al frente como Luz y Fuerza.
Es decir, había un fermento que en algunos lugares permitió, como en Córdoba, pasar a la ofensiva. Obreros y estudiantes eran la columna vertebral de las luchas. En ese contexto fue asesinado por la policía el obrero y estudiante Santiago Pampillón, su muerte fue particularmente estremecedora. Las mujeres también ofrendaban una lucha diaria, recuerdo que una bandera de lucha para las mujeres de todo el país y para el movimiento obrero fue Hilda Guerrero de Molina, su marido había sido despedido del Ingenio de Santa Lucía de Tucumán. Ella fue asesinada con alevosía por la policía, mientras se movilizaba contra el cierre del ingenio en el 67.
¿Qué recordás del 29 de mayo de 1969?
Ese día ya venía precedido por una gran efervescencia en la ciudad, con la primeras noticias radiales me puse en contacto con mi organización partidaria barrial, las de San Vicente y Altamira. No sabíamos que iba a pasar, pero eso no significa que haya sido improvisado.
Nosotros organizábamos la célula del barrio para hacer visitas, íbamos por las casas a charlar con los vecinos sobre el tema para lograr un mayor grado de conciencia y organización colectiva. Entrevistábamos a la gente con la que estábamos relacionadas, en algunos lugares se hicieron botiquines, porque no se sabía como iba a terminar eso, es decir, hacíamos un trabajo de resistencia donde podíamos, con la oreja al lado de la radio que, por supuesto, transmitía lo que le convenía a los militares.
Subíamos a las colinas del barrio Altamira y de ahí se veían las fogatas de la ciudad, las del barrio Clínicas.
Instábamos a participar activamente de las columnas de obreros que marchaban por las calles, por las principales arterias convergiendo en el centro de Córdoba desde IKA- Renault, Fiat, Luz y Fuerza y UTA. Todo el día organizamos la resistencia, prendidos de la radio para saber qué estaba pasando en otros lados.
No se sabía cuánto duraría el estallido ni hasta dónde llegaría el enfrentamiento. Por lo que poníamos todo el empeño en organizar la resistencia. Sabíamos que habría heridos, presos y, tal vez, muertos; esa noche casi ni dormimos.
Vos continuaste tu militancia, ¿cómo fue ser militante mujer en la década del setenta?
Hacía varios años que en los partidos políticos, en los gremios, las organizaciones profesionales, barriales, se creaban comisiones de mujeres, secretarías de la mujer. Yo presidí durante muchos años la comisión femenina del PC de Córdoba, pero también milité en la UMA, Unión de Mujeres de la Argentina, creada en 1947 y que tenía un importante papel en la lucha por las reivindicaciones de las mujeres. Al poco tiempo fui elegida secretaria de la filial Córdoba y junto a numerosas mujeres de distintos barrios comenzamos una batalla contra la carestía de la vida; una de las luchas centrales que en ese momento comenzó a tener peso, fue por la instalación de guarderías infantiles en los gremios y fábricas. También comenzamos a difundir nuestra revista "Nuestras Mujeres" y después "Aquí Nosotras".
Luego llegaron los años más duros y a fines de 1974 fui encarcelada junto a otros compañeros que estábamos realizando una jornada de capacitación política ideológica. En Córdoba gobernaba Lacabanne y el jefe de policía García Rey, el famoso dúo fascista. Allí compartí con numerosas compañeras un pequeño espacio, conocí a Cristina Salvarezza y a muchas militantes, muchas fuimos encapuchadas, torturadas, conmigo "trabajaron" una noche, con los ojos vendados rodeada de estufas encendidas o algo que daba calor, no lo vi. A mediados de enero nos trasladaron al Buen Pastor y al poco tiempo tuve la suerte de salir, ya que no aparecía el decreto que, según la policía, me colocaba a disposición del Ejecutivo Nacional. Claro que lo más duro fue la desaparición de compañeros y amigos.