Lo hace apelando a la falta de autoridad de Cambiemos y defendiendo el plan de vacunación como "histórico". Mientras tanto en la realidad, la bronca de muchos jubilados, docentes y trabajadores de la salud que siguen sin poder vacunarse.

Javier Nuet @javier_nuet
Miércoles 24 de febrero de 2021 00:52
Un intento de salir del escándalo recorre al Gobierno Nacional. La crisis de los vacunados de privilegio, que se llevó puesto a un ministro de Salud en medio de una pandemia, sigue abierta a pesar de que ya pasaron varios días desde que Horacio Verbitsky abrió la canilla en El Destape Radio.
El control de daños no se logró con la salida de Ginés González García. No alcanzó con repetir en cuanta línea editorial se les cruzó por el camino durante estos días que el escándalo se trataba de un “error” (imperdonable, ojo), pero que Alberto había resuelto de manera correcta pedirle la renuncia a Ginés y que con eso se cerraba el tema. Incluso aunque Alberto Maceira, el director del Hospital Posadas, apuntó este martes contra el ministro como único responsable político, en la misma línea.
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De hecho, pasó el fin de semana y fue el propio oficialismo el que dejó trascender un listado supuestamente “completo” de vacunados vip, donde figuraban empresarios como Florencio Aldrey Iglesias y su familia, políticos como Daniel Scioli y Eduardo Duhalde (también con su familia) y líderes sindicales como Hugo Curto, quien también fue intendente de Tres de Febrero.
Pero esa revelación redobló la bronca y cantidad de jubilados, jubiladas, trabajadores de la salud, de la educación y de muchas otras ramas expresaron su bronca.
Tanto fue así que el Gobierno decidió cambiar la estrategia, y ahora pretende sobrellevar la situación apoyándose en dos ideas fuerza: la falta de autoridad moral de la oposición de derecha para criticarlo, por un lado, y la presentación del plan nacional de vacunación como “el mayor de la historia”, por otro.
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Macrismo, veneno y confusión
“Terminemos con la payasada”, planteó Fernández desde México en la conferencia de prensa que dio junto a Andrés Manuel López Obrador, donde recordó la increíble denuncia de Elisa Carrió en su contra por “envenenamiento” contra la población por la administración de la vacuna Sputnik V. “Ahora, los que me denunciaron me piden que por favor les de el veneno a ellos”, sostuvo el presidente.
Desde Necochea, Axel Kicillof hizo un discurso en el mismo sentido, leyendo titulares de diarios y citas textuales de dirigentes de Juntos por el Cambio donde se decía cualquier cantidad de vulgaridades sobre la vacuna del instituto Gamaleya de Rusia, la Sputnik V, hace solo algunas semanas. “El objetivo es que fracase el plan de vacunación”, concluyó el gobernador.
Pero de la derecha que le robó a los jubilados en 2017 y denunció el recorte a los jubilados en 2020; de la derecha que licuó el salario de millones de asalariados durante todo su mandato para repudiar el ajuste del presupuesto 2020; de la derecha que atacó en regla a la educación pública los cuatro años de mandato de corrido y ahora pone el grito en el cielo por “la educación de los chicos”, a nadie le puede sorprender el doble discurso.
Mucho menos cuando hay intereses de grandes laboratorios en el medio y se ponen en juego las ganancias de actores como Pfizer y AstraZeneca, a los que Cambiemos intenta favorecer. Mucho menos cuando aparece un contrato con prepagas para entregarle vacunas a la salud privada en la Ciudad de Buenos Aires.
“Vacunar, vacunar, vacunar”
Esa es la salida del escándalo, según rezaba el graph de un medio oficialista mientras el editorialista de ocasión despotricaba contra esa misma derecha. “No se han bancado que el Gobierno esté recuperando la salud pública de los argentinos con un plan espectacular de vacunación”, era la línea.
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Una declaración que parece sacada de otro país. No de uno en el que los amigos del poder consiguen vacunas por debajo de la mesa mientras ni siquiera se terminó de vacunar a todo el personal de salud. No de uno donde se acaba de votar un presupuesto anual que reduce las partidas de salud en términos reales un 9,4%. No uno donde. junto con la pandemia, llegaron la sobrecarga laboral, la falta de equipamiento, los riesgos laborales, los bajos salarios y la falta de acceso a derechos laborales, según dice -no el Frente de Izquierda-, la Organización Internacional del Trabajo.
El testimonio de una enfermera del Garrahan es suficiente para ilustrar la situación: “En el hospital pediátrico más importante de Latinoamérica, el 80 % del personal está sin vacunar. Somos esenciales, pero no somos amigos Vip”, dijo Florencia Vargas, delegada de la Junta Interna del hospital, consultada por este medio.
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“Vacunar, vacunar, vacunar”, dice el Gobierno y muestra como caballito de batalla que, con la llegada de la vacuna de Sinopharm, se propone inmunizar a la docencia. Después de una campaña conjunta entre Trotta y Acuña para una vuelta a clases sin condiciones, sin recursos ni materiales para garantizar la seguridad de la comunidad educativa; después de pincharle los brazos irregularmente a decenas de poderosos.
Patentes o plan de vacunación
Si el escándalo de las vacunas vip no es exclusivo de Argentina, tampoco lo es la escasez de dosis para enfrentar la pandamia. A pesar de que en tiempo récord la comunidad científica logró desarrollar distintas vacunas, el negocio capitalista de las patentes está impidiendo que se produzca a escala masiva y se distribuya a todo el mundo, algo que está más que al alcance de las posibilidades materiales de la industria farmacéutica en la actualidad.
El Gobierno, si bien firmó una declaración conjunta de 99 países y organizaciones como médicos sin fronteras pidiendo la liberalización de las patentes, no hace nada al respecto. De hecho, más que enfrentarse a los grandes laboratorios, les hizo el enorme regalo de votar en el Congreso (con rechazo del FIT Unidad) una ley que les garantiza impunidad e inmunidad a las multinacionales y renuncia a los tribunales locales en caso de juicios y controversias. La oposición de derecha, que tanto espamento hace ahora, votó feliz esa ley que no tiene ningún tipo de “moral” ni “republicanismo”, se mire por donde se mire.
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“El plan de vacunación más grande de la historia”, sin centralizar el sistema de salud incluyendo a los laboratorios es una farsa. La transparencia, para que no haya privilegios ni acomodos, sin que el proceso lo controlen los trabajadores y las trabajadoras de la salud, una mentira. Lograr esas dos cosas, sin la organización y movilización de miles, es una utopía.