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Pandemia. Otra estupidez de Bolsonaro: ahora dice que con la vacuna "uno puede convertirse en yacaré”

El presidente de Brasil habló directamente contra la vacuna del laboratorio Pfizer. Las vacunas serán adquiridas por el Ministerio de Salud de su propio Gobierno.

Viernes 18 de diciembre de 2020 19:01

"En el contrato con Pfizer está bien claro que no se responsabilizan por efecto colaterales. Entonces uno puede convertirse en un yacaré, en Superman, en una mujer con barba, en un hombre con voz finita".

El que habla es Jair Bolsonaro. Sus declaraciones tienen lugar en el marco de la decisión del Tribunal Superior de Justicia, que decidió avalar la vacunación obligatoria en aquel país. El fallo implica, al mismo tiempo, la posibilidad las autoridades puedan sancionar a los ciudadanos que decidan no inmunizarse.

En la misma tónica, también afirmó “algunos hablan de que estoy dando un mal ejemplo. El imbécil, el idiota que está diciendo que estoy dando un pésimo ejemplo... Yo ya tuve el virus, yo ya tengo anticuerpos. ¿Para qué tomar una vacuna de nuevo?”, preguntó.

Mientras el presidente brasilero realiza esas declaraciones el Tribunal Supremo del país avaló que la campaña de vacunación frente al coronavirus sea obligatoria, lo que abre la puerta a que las autoridades puedan adoptar medidas contra quienes, como Bolsonaro, no están dispuestos a sumarse a la campaña general de inmunización frente a la pandemia.

Esto se abre el juego a todos los sectores políticos que han apostado por presentarse mejor. El discurso imperativo, ya sea presentado como plan obligatorio o con medidas indirectas para obligar a la vacunación, hace que sectores del régimen brasilero, como el gobernado de San Pablo, João Doria, o el mismo Tribunal Supremo, aparezcan como más responsables ante el absurdo negacionismo de Bolsonaro.

Lo que hay detrás de las demagogías y los juegos discursivos es el interés de quedar mejor vistos políticamente ante la población, defendiendo principalmente las ganancias multimillonarias de las empresas farmacéuticas que están liderando una carrera por la vacuna, mientras queda en segundo lugar la vida de millones de trabajadores, producto de que no se garantizan insumos básicos como jeringas para un plan de vacunación masivo, además de la no disponibilidad de todos los tratamientos posibles.