En lo que son las negociaciones para determinar el salario mínimo en el marco de la pandemia, el gobierno volvió a burlarse de las y los trabajadores proponiendo un aumento de 50 pesos diarios. Mientras esto ocurre la CUT solo lamenta la situación.

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile
Miércoles 2 de septiembre de 2020
Sin acuerdo entre el gobierno y la CUT terminó la mesa para determinar el aumento del salario mínimo. El argumento del gobierno se centró en la crisis económica en curso y la imposibilidad de un reajuste mayor para las Pymes.
Mientras la CUT y otras organizaciones sindicales rechazaron la propuesta del gobierno, el proyecto de salario mínimo ingresó a la comisión de trabajo de la Cámara de Diputados que abrió el debate sobre el proyecto de ley.
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En dicha instancia tanto el ministro Briones como la titular del trabajo María José Zaldívar reforzaron el argumento del Ejecutivo sobre la dificultad que cualquier aumento producto de la crisis económica y las dificultades de funcionamiento de las pequeñas y medianas empresas debido a las limitaciones sanitarias que vive el país.
Mientras en la vereda contraria la Central Unitaria de Trabajadores puso sobre la mesa un aumento que equiparara el salario mínimo a los estándares que ha propuesto el propio gobierno a través del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), es decir, un aumento de $79.500 pesos, pasando de los $320.500 actuales a los $400.000 pesos.
A pesar de las quejas de Bárbara Figueroa y Nolberto Díaz en la Comisión de Trabajo y las distintas cuñas que dieron durante el día de ayer, hasta ahora la CUT sólo se ha dedicado a negociar con el gobierno y las cámaras empresariales la forma y los tiempos en los cuales los empresarios han ido descargando la crisis sobre los hombros de la clase trabajadora.
El salario que hoy existe no sirve para nada, como se ha hecho público el actual sueldo mínimo solo alcanza para comprar un kilo de pan diario, movilizarse al trabajo, pagar una pieza y pagar las leyes sociales, todo esto presiona a miles de familias al sobreendeudamiento, llegando al extremo de comprar comida con tarjetas de crédito.
Datos de la Fundación SOL:
Mientras grandes empresas se disfrazan de Pymes a través de sus cadenas de distribución, el multirut o desagregación de servicios, el gobierno dice que son estas Pymes las que no pueden pagar el sueldo mínimo ya que esta realidad no es igual para las grandes empresas.
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Pero el gobierno miente, ya que el 14,1% de las y los trabajadores contratados en estas grandes empresas reciben el salario mínimo, esto sin contar que muchos más están cercanos a este monto.
Tras el argumento de las PYMEs el gobierno esconde su intención de que la clase trabajadora siga pagando la crisis.
¿Una CUT para lamentar o una organización para luchar?
En lo que va de la pandemia, la clase trabajadora ha visto disminuida su calidad de vida de forma dramática: cerca de 800 mil suspendidos, 13,1% de cesantía, aumento en el costo de la canasta básica, etc. Mientras todo esto ocurre, la CUT mantiene política de dialogo y negociación con el gobierno.
Debemos ser claros y exigir un salario mínimo de $500.000 acorde a la canasta básica familiar, para todas y todos los trabajadores. Pero los estragos de la crisis se vive cotidianamente en los lugares de trabajo y en las poblaciones. La rabia que se destapó en octubre y que tuvo su punto más alto en el paro del 12 de noviembre está grabado en la retina de millones de trabajadores que ven que la lucha es un camino para conseguir los objetivos por más lejanos que hoy se ven.
En un ambiente plagado de propaganda en el plebiscito, la lucha no se puede posponer para el próximo año, es necesario que las organizaciones de trabajadores, estudiantes y pobladores se pongan al servicio de luchar para evitar que la crisis la paguen las y los trabajadores, es necesario reponer la lucha por un ingreso de emergencia de 500 mil pesos para cesantes e informales, la prohibición de los despidos y la estatización de toda empresa que cierre o quiebre y puesta a funcionar bajo control de sus trabajadores.
Los grandes sindicatos deben romper su vergonozosa tregua con Piñera. Hay que exigir un plan de lucha a la CUT y las grandes organizaciones sindicales para proponernos pelear porque esta crisis la paguen los grandes empresarios y no las familias trabajadoras.