La crisis de los refugiados no ha cesado. Cinco niños murieron en dos días. Más de 3000 muertos en el Mediterráneo en lo que va del 2015. La UE propone ayudas millonarias a Turquía para que contenga a los refugiados en sus fronteras.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Viernes 16 de octubre de 2015
Foto: EFE/Yorgos Papadopoulos
Por lo menos siete personas murieron y una permanece desaparecida tras el naufragio de un bote de madera en el que viajaban 39 refugiados y migrantes, que salió desde Turquía hacia la isla griega de Lesbos.
La guardia costera informó de la muerte de un hombre, dos mujeres y cuatro niños, uno de ellos un bebé. El naufragio de ayer se produce un día después de que tres personas murieran al volcar una embarcación con 21 refugiados a bordo, entre ellos otro niño.
A su vez, un refugiado afgano murió la madrugada del jueves en la frontera entre Turquía y Bulgaria, por un disparo de la policía fronteriza búlgara.
ACNUR informó que en lo que va del año 2015, más de 3000 personas murieron en el Mediterráneo. Cada día llegan 7000 personas a Grecia, y han pasado por allí más de 450.000 desde principios de este año.
Intercambio de favores entre la UE y Turquía
En una cumbre europea donde se trató ayer el tema de los refugiados, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) acordaron con Turquía un plan común para evitar la llegada masiva de refugiados a las fronteras de la UE.
Al finalizar la reunión, Juncker anunció que el plan tiene como objetivo “asegurar que los refugiados que están en Turquía se queden en ese país” y “evitar que estas personas viajen hacia la UE”.
Para esto, los Estados miembros de la UE proponen entregar al gobierno turco hasta 3.000 millones de euros, a cambio de esa contención de los refugiados. La exorbitante suma se explicó como una “compensación” por lo que Turquía lleva gastado estos años en la acogida de los refugiados.
Turquía acoge en su territorio más de 2 millones de refugiados, y se encuentra en una posición estratégica, entre Europa, Asia y Medio Oriente. La mayaría de los refugiados que llegan a Europa, especialmente durante esta crisis, pasan por Turquía.
Las condiciones de vida en precarios campos de refugiados, sin posibilidades de conseguir empleo, son miserables. Después de cuatro años de guerra en Siria, y sin perspectivas de que la guerra termine, los refugiados buscan llegar a Europa con la ilusión de una vida mejor.
Por eso el gobierno turco se encuentra en una posición “fuerte” para pedir ayuda financiera a cambio de “contener” a los refugiados. También pidió que Europa, en contrapartida, acelere el proceso de liberalización de visados para los ciudadanos turcos.
Es decir, en un momento donde el gobierno de Turquía se encuentra llevando adelante una ofensiva represiva sin precedentes contra los kurdos, contra la izquierda turca, los periodistas y la oposición, la UE “compensa” a Ankara con 3000 millones a cambio de frenar la ola de refugiados.
Como parte de las resoluciones de esta cumbre, los veintiocho Estados definieron mayores controles en las fronteras exteriores de la UE y mejorar los procesos de identificación y toma de huellas dactilares de los demandantes de asilo, además de reforzar la Agencia Europea de Fronteras Exteriores (Frontex). La idea es que Frontex tenga capacidad para deportar inmigrantes “ilegales” con mayor celeridad en los próximos meses.
El poder de la televisión es que fabrica el olvido
El politólogo francés Sami Naïr criticó ayer que la "emoción mediática" que vivió durante unas semanas Europa con la crisis de los refugiados fue pasajera, pero que no se tomaron políticas profundas para cambiar esta situación.
Refiriéndose a la conmoción que generó la foto del pequeño niño sirio, Aylan, dijo que hubo una emoción "provocada por los medios de comunicación por una tragedia real” pero “cuando los medios en unos días no hablan del asunto, el asunto se olvida".
En este sentido citó al cineasta Jean-Luc Godard, quien dijo que "el poder de la televisión es que fabrica el olvido".

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.