Menos de una cada diez personas votaron en las limitadas primarias, aún así los partidos festejaron mostrando que son oxidadas máquinas electorales ajenas a los intereses del pueblo trabajador. La politización, que al contrario aumenta, pasa por otro lado.
Nicolás Miranda Comité de Redacción
Martes 21 de junio de 2016
Oxidadas máquinas electorales
Votó menos de una cada diez personas, en total, un 5,6%, aproximadamente, 280.000 personas sobre más de 5 millones habilitadas para votar.
Los analistas del régimen pretendieron bajarle el perfil, diciendo que es una cantidad alta comparada con elecciones primarias de otros años, o con la cantidad de votantes de cada coalición en las comunas que se votó.
Es tapar el sol con un dedo. Hay rechazo a unas máquinas electorales oxidadas que no atraen a nadie. En una política que, en sus manos, es ajena a los intereses del pueblo trabajador, cuando todo muere en la cocina del Senado, en las bancadas empresariales: la bancada Penta, la bancada SQM, la bancada Corpesca. Máquinas electorales oxidadas solo preocupadas de obtener el botín de los millonarios puestos de parlamentarios.
Vergonzosamente, la UDI, que se impuso sobre RN, y la DC que se impuso sobre el PS y el PPD, festejaron los escuálidos resultados. Otra confirmación de su transformación en máquinas electorales ajenas a la vida del pueblo trabajador.
La politización pasa por otro lado
El presidente del consejo directivo del Servicio Electoral, Patricio Santamaría, inusitadamente, culpó al pueblo, diciendo que “aquí también hay una responsabilidad de los ciudadanos, se dio un espacio de participación”. Aunque señaló que hay una “alerta amarilla” por la baja votación.
Hay participación, no en sus espacios. La hay en las tomas y movilizaciones del movimiento estudiantil. La hay en los paros y movilizaciones de los trabajadores.
Las tomas estudiantiles, bajo la contraofensiva del Gobierno y el asedio de la represión con los desalojos, de las campañas mediáticas, del uso de las encuestas para desprestigiarlas, son centros de politización. Estudiantes secundarios, y universitarios, que inician o desarrollan su militancia, en organizaciones políticas de izquierda, o en organismos como los centros de estudiantes. En las marchas, expresando su repudio al Parlamento, a la corrupción, a las falsas mesas de diálogo y las falsas promesas. En las asambleas, comenzando a discutir qué sistema nacional de educación se necesita. En las coordinaciones territoriales de base, con la puesta en pie de los cordones estudiantiles, como el Cordón Macul, elaborando petitorios y medidas de acción para conquistarlos. Entre los trabajadores, en sus luchas, concluyendo en el rechazo a las cúpulas burocráticas que hacen de voceras del Gobierno, iniciando procesos de reagrupamientos sindicales.
El abismo que se ahonda, y lo expresan las primarias, entre estudiantes y trabajadores con los partidos patronales, chocó recientemente con la discusión parlamentaria de la reforma laboral, se acerca a chocar nuevamente con la reforma educacional, y abre una dinámica a la militancia en franjas de estudiantes y trabajadores en las organizaciones de izquierda.
Confían que no sea así. Confían que la contraofensiva del Gobierno sobre el movimiento estudiantil lo aplaque. La presentación del proyecto de ley puede ser un punto de inflexión. Desde el Gobierno y las dos coaliciones del régimen, la Nueva Mayoría y la derecha, esperan que se restrinja a un debate parlamentario. Está aún abierto, pero la lucha estudiantil está comenzando, calentando motores, en un momento preparatorio.