Después de la investidura fallida del pasado 4 de marzo, con 131 votos a favor de Pedro Sánchez, 219 en contra y cero abstenciones, hay tres opciones antes de ir a nuevas elecciones el 26 de junio.

Antonio Liz Historiador, Madrid
Miércoles 9 de marzo de 2016
Foto: EFE
Estas son: que el PSOE se abstenga y deje gobernar al PP, que quien se abstenga sea el PP y deje gobernar a un PSOE apoyado por Ciudadanos o que se abstenga Podemos y deje gobernar al PSOE, que seguiría apoyándose en Ciudadanos.
El PSOE no puede permitir que el PP gobierne porque eso sería su muerte política. Pero hay más, la muerte política del PSOE sería una hendidura que llevaría al derrumbe del edificio del Régimen del 78 ya que es su columna izquierda y el PP, la otra gran columna, la derecha, tiene el hándicap de que está totalmente deslegitimado a los ojos de la mayor parte de los sectores populares. Y esto ocurre mientras Podemos aún no es del todo fiable para la burguesía por sus zigzag populistas y Ciudadanos todavía no se ha consolidado socialmente como la alternativa al PP. Así, el mantenimiento del PSOE como partido con un buen respaldo electoral es imprescindible hoy para la estabilidad del actual régimen político.
Los movimientos políticos del PSOE para la pasada sesión de investidura informan que la estrategia de Pedro Sánchez pasa ahora por renovar el Régimen del 78 con Podemos en la oposición ya que los podemistas no han sabido tener “altura de Estado” ya que en vez de negociar un acuerdo a la vieja usanza, con templanza y en los despachos, se pusieron a vociferar sus peticiones vicepresidenciales y ministeriales en los medios de comunicación, lo que le imposibilitó al secretario general socialista llegar a un acuerdo con ellos porque hubiera sido un ejercicio de subordinación del PSOE a Podemos, lo que era un camino que llevaba al descalabro político del partido socialista. Ante la posición arrogante de Pablo Iglesias el secretario general del PSOE buscó una alternativa y la encontró en el pacto con Ciudadanos. Ha sido una jugada política muy lograda la de Pedro Sánchez porque le permite al PSOE argumentar que cuenta con más escaños que el PP en el Congreso de los Diputados para un “gobierno progresista y reformista”.
El PP está en una completa soledad en la Cámara Baja ya que sólo cuenta con sus diputados, 123, mientras que el PSOE, gracias al pacto con Ciudadanos y al apoyo en la investidura de Coalición Canaria, aglutina a 131. Es posible que ahora el Consejo Empresarial para la Competitividad, presidido por César Alierta de Telefónica, donde está lo más granado del Ibex 35, incluida la presidenta del Banco de Santander, Ana Botín, presione a la dirección del PP para que este permita la opción de un gobierno PSOE apoyado por Ciudadanos. Este gobierno tendría grandes ventajas para la burguesía española ya que fortalecería a uno de sus dos grandes partidos políticos, el PSOE, al mismo tiempo que pondría en escena a un partido de la derecha sin manchas de corrupción y con un discurso reformista, Ciudadanos, además de que sería la oportunidad de lavarle la cara al PP con un nuevo líder que lo limpiara de la endémica corrupción. Este sería el escenario querido por los gerifaltes del Ibex 35, los patrones de los políticos de los hasta ahora grandes partidos del actual régimen político.
Podemos si no forma parte del gobierno se quedaría en la oposición, algo intragable para “la máquina electoral” que son, por lo que es de suponer que mantendrán su no a Pedro Sánchez para forzar nuevas elecciones con el objetivo de mejorar su fuerza parlamentaria y poder convertirse en una pata de la segunda Transición. Sus posiciones vociferantes no han podido amedrantar al líder de un partido tan experimentado como el PSOE por la sencilla razón que Podemos sólo pudo poner en la mesa de negociaciones sus diputados que, aún por encima, no son suficientes para formar gobierno. Al ser Podemos un partido que huye de las movilizaciones sociales como del diablo ya que sólo quiere ver al tigre social en el zoológico electoral, no tuvo nada más que poner en la mesa de negociaciones. Estos podemistas no recuerdan bien la Historia de la Transición a la que tantas veces hacen mención, que el PCE de Santiago Carillo puso en la mesa de negociaciones con el presidente del gobierno Adolfo Suarez la capacidad de influencia que tenía sobre el movimiento obrero, influencia que como buen táctico estalinista sabía utilizar en la mesa de negociaciones: tú me das y yo no movilizo, no me das y pongo en las calles a miles y miles de trabajadores.
Hoy la “máquina electoral” de Podemos no tiene ningún vínculo orgánico con el movimiento obrero por lo que sus cartas de negociación se ciñen simplemente a la aritmética electoral y si esta, aún por encima, no da para formar gobierno es muy poco para negociar con políticos experimentados de la gran burguesía. No vale que los diputados de Podemos invoquen ahora, en su desesperación al ver que no van a pisar moqueta ministerial, al PSOE a recuperar “los valores de la socialdemocracia y el socialismo”, como pidió en televisión la ciudadana Carolina Bescansa. No es suficiente para negociar con los duchos políticos del gran capital reconocer ahora que sí hay derechas e izquierdas si no se tiene ningún lazo orgánico con la clase trabajadora y los movimientos sociales.
Los jefes del Ibex 35 no querrían nuevas elecciones porque la inestabilidad de su régimen político no les interesa, no obstante estas no dejan de ser una posibilidad porque sus partidos poseen una cierta autonomía ya que sus aparatos tienen intereses clientelares que defender. Así, existe la posibilidad de nuevas elecciones, aunque no sean del agrado de la alta burguesía. Si se dieran nuevas elecciones se vería si la estrategia del PSOE de horadar la base electoral de Podemos por oponerse a un “gobierno progresista y reformista” da resultado. Si fuese así y, además, Ciudadanos le arañase votos al PP la reforma tranquila, ordenada, del Régimen del 78 estaría garantizada.
Este sería el escenario político poselectoral ideal para la alta burguesía y sus políticos en caso de que hubiese nuevas elecciones pero, claro, está el riesgo de que Podemos crezca en número de escaños y que el PSOE merme con lo que la restauración del Régimen del 78 se complicaría si se siguiese relegando a un reforzado Podemos a la oposición ya que entonces este se vería obligado a recurrir a las movilizaciones sociales si quisiese seguir vivo políticamente y esto, independientemente de la voluntad de Podemos, fortalecería el dinamismo social de la clase trabajadora, de la juventud y de los movimientos sociales.