Podemos ha defendido su moción de censura al Gobierno de Mariano Rajoy denunciando la corrupción del PP y la trama política al servicio del IBEX 35. Claroscuros de un discurso que reafirma la política de mano tendida al PSOE con un programa socialdemócrata y refuerza la posición de Podemos como el flanco izquierdo del bloque constitucionalista que niega el derecho de autodeterminación efectivo al pueblo catalán.

Josefina L. Martínez @josefinamar14

Diego Lotito @diegolotito
Miércoles 14 de junio de 2017 00:00
Dos horas y cuarenta y cinco minutos ha durado el discurso de Pablo Iglesias en el Congreso en defensa de la moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy. Por la mañana, era la portavoz parlamentaria de Unidos Podemos, Irene Montero, quien daba comienzo al debate parlamentario con un discurso de fuerte denuncia a la corrupción del PP.
“Gürtel, Púnica, Lezo, Noos, Arena, Auditorio, Baltar, Bárcenas, Biblioteca, Bitel, Bonsec, Bonsais, Brugal, Caballo de Troya, Camp, Campeón, Carioca, Carmelitas…”, la lista siguió durante un minuto y medio, nombrando de la A hasta la Z todos los casos de corrupción que involucran al PP.
📺 VÍDEO 1 minuto 30 segundos de casos de corrupción y son solo los que han salido hasta ahora @Irene_Montero_ #EcharaRajoy #MociondeCensura pic.twitter.com/3htzfiYRXG
— En Comú Podem (@EnComu_Podem) 13 de junio de 2017
Después vino la réplica “sorpresa” de Mariano Rajoy, y las respuestas de Podemos, preparando el ambiente de lo que sería el debate unas horas después.
Tendiendo la mano al PSOE
Pablo Iglesias arrancó su discurso sin medias tintas con un objetivo claro: tender lazos hacia el PSOE de Pedro Sánchez.
"En el pasado no nos pudimos entender y asumo mis errores, espero que asuman los suyos", aseguraba Pablo Iglesias, dejando planteado que esa falta de “entendimiento” fue la que "abrió la puerta al Gobierno de Rajoy". "Las circunstancias de hoy nos obligan al entendimiento, seguimos dispuestos a buscar entendimiento y diálogo", dijo.
Y nuevamente llamó al PSOE a sumar fuerzas contra el PP: "Esta moción servirá para obligar al Gobierno a rendir cuentas por la corrupción insostenible, y estaría en su mano que también sirviera para sacarles del Gobierno", zanjaba.
En función de este llamado a los socialistas para fortalecer una oposición común contra el PP, fue notorio el cambio de tono de Iglesias sobre Felipe González: en su discurso ya no evocaba la “cal viva” y su papel en promover una organización paramilitar contra la izquierda vasca como fueron los GAL. En cambio, decía que, “a pesar de todo”, Felipe González "pasó a la historia como el presidente de la modernización".
“Ojalá que nos pongamos de acuerdo para sacarlos del gobierno, más temprano que tarde”, llamaba nuevamente Iglesias a los parlamentarios del PSOE.
Esta importante interpelación al PSOE en el comienzo de su discurso mostraba cuál era el eje central de la estrategia de Podemos: disputar con el PSOE la hegemonía de la oposición al gobierno, y, al mismo tiempo, abrir el juego para una posible coalición de gobierno con los socialistas, con un modelo a la “portuguesa”, encabezado por Podemos o por el PSOE. Para esto, no solo era necesario “moderar” su tono con los socialistas, sino también mostrar una postura más aceptable para sus posibles aliados en dos cuestiones: un programa económico socialdemócrata y una ubicación “constitucionalista” en lo referente a la cuestión catalana, es decir, la negación en los hechos del derecho a decidir, aunque este se defienda en abstracto para la tribuna.
Catalunya y el derecho a decidir
Uno de los focos del discurso de Pablo Iglesias y el debate posterior con Rajoy ha sido Catalunya. "Abordar la plurinacionalidad es una tarea urgente, de Estado, de dirección de Estado, que va más allá de programas concretos de Gobierno. Hay una parte importante de la ciudadanía de Catalunya que quiere una relación diferente con España y una parte también apuesta directamente por la independencia", dijo el líder de Podemos en su discurso.
"Lo que viene sucediendo en Catalunya desde hace años evidencia la incapacidad del Gobierno”, dijo Iglesias, quien se pronunció a favor del “derecho a decidir” y, al mismo tiempo, de “una reforma constitucional aprobada por todos los españoles”.
Su fórmula de “derecho a decidir” pero “decidido entre todos” mantiene la posición que viene caracterizando a Podemos en esta cuestión, que en tres horas de discurso no se ha pronunciado ni una vez en defensa del referéndum “unilateral” ni por la elemental defensa democrática de la consulta convocada para el 1 de octubre.
Mientras habla de “plurinacionalidad”, “país de países” y “derecho a decidir”, el líder de Podemos continúa ubicándose como flanco izquierdo del bloque constitucionalista, que niega en los hechos el derecho a la autodeterminación, porque pretende que este sea antes aprobado “por todos los españoles”, en un acuerdo con el Estado central.
“Higienizar” las instituciones y “regenerarlas”
Pablo Iglesias centró su oratoria contra el flanco más débil del PP, el estallido de un sinfín de casos de corrupción, tal como ya había establecido Irene Montero. Y apeló al resto de los partidos de la oposición a echarlos del gobierno, en lo que fue un claro tiro por elevación hacia el PSOE.
En un recorrido por la historia de España, Iglesias situó al PP en la tradición de la dictadura franquista y la defensa de una oligarquía antidemocrática. "Su partido fue fundado por siete jerarcas de la dictadura", le espetó a Rajoy. De la historia de España, Pablo Iglesias rescató el hilo del “regeneracionismo”, reivindicó su apego a la “patria”, la “soberanía de España” y la oposición entre “democracia y dictadura”.
El líder de Podemos también presentó 11 medidas contra la corrupción, entre las que se incluyen: una nueva ley de contratos para el sector público, más regulaciones contra el fraude, una nueva ley de financiación de partidos políticos, que la Policía Judicial no dependa del Gobierno, medidas contra las puertas giratorias, acabar con el secreto bancario y crear una unidad especial para recuperar el dinero de la corrupción.
El relato de Podemos, una vez más, sitúa como el problema más acuciante la corrupción de las instituciones, que según Iglesias están “enfermas” y a las que habría que “higienizar” para “rescatar la democracia”. El relato, sin duda seductor para amplios sectores de la población, no deja de tener inmensos límites. Porque oculta que la corrupción y la desigualdad social sobre las cuales se asienta la “democracia para ricos” que vivimos son fruto del capitalismo imperialista español, no fenómenos exógenos al mismo que puedan “curarse” con medidas de control cosméticas.
Por más que Podemos intente hacer creer lo contrario, no es posible “limpiar” al capitalismo español y sus instituciones políticas de sus “excrecencias” para regenerar un “capitalismo bueno” y una “democracia participativa”: esa ilusión reformista, en la que se resume el proyecto estratégico de Podemos, solo puede llevar a nuevas y aún mayores frustraciones para los trabajadores y el pueblo.
La trama del IBEX 35 y la desigualdad
"España es una chica de 20 años buscando trabajo y una mujer de 50 que sabe que no lo va a encontrar” y “España es una camarera de piso con dolores de espalda y que cobra una limosna por cada habitación que limpia”. Estas fueron algunas de las metáforas de Pablo Iglesias para dar cuenta de la situación de enorme precariedad laboral, aumento de la pobreza y desigualdad que se ha extendido en los últimos años, mientras un 3% de millonarios tiene ingresos similares al del 30% de la población con menores ingresos.
Pero la fuerte denuncia de la desigualdad social y la llamada “trama” del IBEX 35 -expresión de la conjunción de intereses políticos y empresariales al servicio de las grandes fortunas-, fue antesala de la propuesta de un tímido programa de gobierno de tipo socialdemócrata, para “controlar” a los grandes capitalistas y promover un pacto entre los trabajadores –que entrelíneas significa las burocracias sindicales que dirigen los principales sindicatos– y los “empresarios de verdad” (sic).
Así Iglesias ha vuelto a retomar parte del argumentario con el que nació Podemos, como es el discurso a favor de los supuestos “empresarios patrióticos”. La lógica de la nueva denuncia a “la trama” tiene a favor que denuncia a buena parte de los poderes fácticos del capitalismo español, como son las tupidas redes clientelares tejidas entre las empresas del IBEX35, una parte del alto funcionariado, algunos políticos del bipartidismo y los grandes medios de comunicación. Sin embargo, al mismo tiempo, es una operación para separar a la clase capitalista entre los grandes empresarios y el IBEX35 y el resto del empresariado que Podemos considera “progresista y patriótico” (el 80% que se agrupa en la heterogénea categoría de las PyMEs y que está a la vanguardia de la extensión de la precariedad y la superexplotación laboral). Pero, además, en la trama no entra la propia monarquía como institución –sólo sus ovejas negras- ni las burocracias sindicales, ni a las fuerzas represivas, etc. Es decir, la “trama” descuartiza al Régimen capitalista del 78 para justificar una estrategia de colaboración de clases.
Sobre la base de esta operación ideológica, el corazón de su programa económico queda reducido a una amplia reforma fiscal con el objetivo de aumentar la recaudación del Estado y la inversión en servicios públicos, recursos que permitirían financiar un “plan contra la pobreza de 20.000 millones de euros”, el “aumento de las pensiones, del SMI y del salario” de los funcionarios. Dicha reforma incluiría un “impuesto de solidaridad” a las grandes fortunas, un impuesto a los bancos del 8%, la eliminación de las desgravaciones fiscales a las grandes empresas y un incremento de las rentas del capital. Según Iglesias esto daría lugar a un “sistema fiscal justo y seguro, como en los países más avanzados”.
Iglesias también ha propuesto una seria de medidas “para luchar contra la violencia de género” y un “pacto de estado” por esta cuestión.
Pero lo que no ha dicho Iglesias es que para implementar un programa que termine realmente con el paro, los desahucios, la precariedad, la violencia de género, la pobreza y la crisis de la salud y la educación, es imperativo tomar medidas que afecten los intereses de los capitalistas, como son nacionalizar sin pago y bajo control obrero la banca y las industrias estratégicas, repartir las horas de trabajo sin reducción salarial entre todas las manos disponibles, expropiar las viviendas vacías en manos de los bancos, entre otras. Un programa que, al cuestionar los intereses del IBEX 35, la banca y los empresarios, solo puede ser llevado a cabo venciendo la resistencia de los capitalistas, por lo que será necesario desarrollar una amplia y profunda movilización obrera y del pueblo pobre, retomando los métodos de la huelga general y coordinadoras de trabajadores. Una perspectiva muy diferente a la estrategia de Podemos, basada en fortalecerse como oposición parlamentaria hasta las próximas elecciones, a la espera de poder concretar un acuerdo de gobierno con el PSOE.
Los Ayuntamientos del cambio como ejemplos de gobierno
Finalmente, Iglesias se refirió a la experiencia de los llamados Ayuntamientos del cambio, como en Barcelona o Madrid, donde gobiernan candidaturas integradas por Unidos Podemos o sus aliados: "España ha conocido el cambio en los principales ayuntamientos, la esperanza puede vencer al miedo. Seguro que nosotros hacemos algunas cosas mal, pero nosotros no robamos".
Los principales “logros” de estos gobiernos, según Iglesias, han sido demostrar que “se puede gobernar sin robar. Se puede gobernar para las necesidades de la mayoría y no a costa de vender lo que es de todos y de todas.”
“Los ayuntamientos del cambio están gestionando, a diferencia de ustedes, de manera eficiente, y de manera transparente.” Y como cuestión concreta ha resaltado que los Ayuntamientos están reduciendo deuda al mismo tiempo que “se apuesta por la inversión en planes sociales, se remunicipaliza servicios antes en manos privadas”.
Los Ayuntamientos del cambio, es cierto, son una prueba concreta del tipo de gobierno que llevaría adelante Podemos. Pero, a diferencia de lo que ha dicho Iglesias, no pueden mostrar muchos logros en lo que hace a la inversión en planes sociales y la remunicipalización de servicios. Dos años de gobiernos del cambio dejan una larga lista de promesas incumplidas y desilusiones: no han remunicipalizado los principales servicios públicos, no han dejado de pagar la deuda (¡por el contrario, son pagadores seriales de la misma!), no han dejado de hostigar a los manteros e inmigrantes con las policías municipales, no han dado respuesta a las demandas de trabajadores como los del metro de Barcelona y otros servicios públicos, no han expropiado a los bancos para terminar con los desahucios e implementar un plan de alquileres sociales, no han dejado de perseguir a los centros sociales ocupados… y sigue la lista.
Iglesias sostiene que lo que han mostrado es que se “puede gobernar sin robar”, pero si a tan poco se limitan las aspiraciones de Podemos para un próximo gobierno, entonces quiere decir que hay que seguir soportando la precariedad, la explotación, el machismo y la xenofobia, la falta de vivienda y el paro… aunque, eso sí, con un Estado gestionando el capitalismo de forma honesta, “eficiente y transparente”.
La moción de censura de Podemos mostró a una organización dispuesta a disputarle al PSOE la “hegemonía de la izquierda”, pero proponiendo como “alternativa” un programa socialdemócrata, reformas cosméticas para un capitalismo “más decente” y una postura ubicación dentro del bloque constitucionalista que se opone al derecho a decir del pueblo catalán. A fin de cuentas, una repetición del relato socialdemócrata que tantas desilusiones ya hemos visto.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.