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Red Internacional
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Entrevista. Pan y Rosas Bolivia: "¡el género nos une, pero la clase nos divide!"

Entrevista realizada a Danica Chungara y Juana Runa, militantes de Pan y Rosas y de la LOR-CI en Bolivia, por el diario Klasse Gegen Klasse de Alemania, sobre la situación boliviana frente a la pandemia del Covid-19 y la continuidad en al represión estatal desde el golpe.

Miércoles 6 de mayo de 2020

Foto: Rossmery Chuquimia

Hola a los dos, gracias por la entrevista. Primero, una pregunta sobre la situación nacional: ¿Cuál es la situación nacional frente al coronavirus? ¿Cuál es la política del Gobierno? ¿Cuál es la situación de la clase obrera, de los pueblos indígenas y de las mujeres?

En Bolivia, hay que señalar que la pandemia del coronavirus llega en un escenario de profunda crisis política y polarización social desatada en las elecciones generales del 20 de octubre del año pasado que derivó en un golpe de Estado con la renuncia de Evo Morales el 11 de noviembre a solicitud de las Fuerzas Armadas.

Este golpe de Estado, asestado por las fuerzas armadas y policiales, fue la culminación de un movimiento derechista encabezado por los comités cívicos y las iglesias católicas, y evangélicas y sostenido económica e ideológicamente por las cámaras empresariales, la OEA y el imperialismo así como por la derecha regional expresada en Bolsonaro. El saldo del golpe de Estado son más de 40 trabajadores asesinados, en su gran mayoría de origen aymara y quechua; cientos de heridos y más de mil detenidos que fueron brutalmente torturados en celdas policiales. Esto ha provocado que la deriva reaccionaria en el país haya crecido exponencialmente con la profundización en la represión y la persecución política, agravándose la vulneración de derechos básicos como el de la libertad de expresión y con fuertes despliegues de racismo y clasismo. Esto último lo vimos recientemente cuando en medio de la crisis del coronavirus, Áñez impedía el ingreso de más de mil trabajadores y trabajadoras migrantes que intentaban retornar de Chile mientras abrían las fronteras para repatriar a bolivianos que retornaban en vuelos privados. 

Para enfrentar la actual crisis socio-sanitaria, el autoproclamado Gobierno de transición de Jeanine Áñez, ha impuesto en el país una cuarentena militarizada acompañada de constantes amenazas a quienes la infrinjan. En un país como Bolivia que tiene, según un estudio realizado por el FMI el 2018, la economía informal más grande del mundo, donde más del 60% de las y los trabajadores del campo y la ciudad viven al día, apostar al aislamiento social como medida privilegiada para enfrentar la pandemia, es una virtual condena de muerte, no por el virus sino por hambre. En los últimos días, 2 niñas y 1 hombre (padre de 8 hijos), se suicidaron por desesperación y por hambre. La cuarentena sin test masivos, sin condiciones de bioseguridad es insuficiente y llega a ser una medida criminal. 

Ante ya un desmantelado sistema de salud, que es uno de los más precarios en la región, los golpistas pusieron un ministro de Salud que de manera abierta se niega a implementar una política de test masivos señalando que habría que repetir pruebas y que un test no es suficiente para evitar una muerte. La posición del ministro desnuda con brutalidad que para ellos la salud es un negocio. Hacen cálculos y las medidas que viene implementando Áñez y sus ministros son de salvataje a la banca -inyectándoles liquidez con el dinero proveniente de las pensiones de los jubilados-, a los empresarios -otorgándoles liquidez por 2.500 millones de dólares-, y a los agroindustriales con medidas abiertamente neoliberales y la profundización de medidas y planes entreguistas de nuestros recursos naturales como los anuncios de poner el Litio, un recurso estratégico, en manos de 3 transnacionales. Todo esto mientras que para las y los trabajadores y el pueblo pobre dejan las migajas convertidas en bonos absolutamente insuficientes que no llegan a representar ni un cuarto del salario mínimo nacional y mientras las y los trabajadores de salud, de aseo urbano y de la limpieza, entre otros esenciales, ni siquiera cuentan con las mínimas condiciones de bioseguridad en sus puestos de trabajo. 

La precariedad del sistema de Salud, como se ha evidenciado a nivel global, es resultado de décadas de gobiernos neoliberales pero en Bolivia también pone en evidencia la responsabilidad del Gobierno de Evo Morales que en 14 años ha mantenido la precariedad de la salud pública. Esto lo vemos por ejemplo en el hecho que de las 430 camas de UTI que existe en el país, el 60% están en manos privadas. La magnitud de la crisis de Salud en el país es tal que apenas llegaríamos a cubrir el 38% del mínimo requerido para enfrentar una pandemia como la actual.

Para los pueblos indígenas y comunidades campesinas la situación es dramática no solo porque no tienen acceso a servicios sanitarios sino porque incluso se ven limitadas sus posibilidades de acceso a alimentos lo que ha evidenciado con dureza que su situación de exclusión y pobreza estructural persiste. Las mujeres de estos sectores son las que más llevan en sus hombros los costos de la crisis y de la pandemia. El sector de la llamada economía informal es altamente feminizado; en la Salud, el 90% del personal de la enfermería son mujeres; en los sectores asalariados de trabajo doméstico, de aseo urbano y de servicios también la amplia mayoría son mujeres.

¿Cuál es la posición de los partidos reformistas y centristas y de las burocracias sindicales?

Pese a tener los 2/3 de la Asamblea Legislativa Plurinacional, desde consumado el golpe, el MAS no ha dejado de negociar con los golpistas. 

Toda la resistencia desarrollada de manera autoorganizada luego de coronado el golpe con el nombramiento del llamado “gobierno de transición” a la cabeza de Áñez, al MAS le sirvió como moneda de cambio para negociar “en mejores condiciones” con los golpistas. Tal es así que mientras en las movilizaciones de resistencia al golpe reclamaban la renuncia de Áñez, los asambleístas del MAS, a la cabeza de Eva Copa (presidenta del Senado), terminaron no sólo reconociendo al “gobierno de transición” barnizándolo de legalidad sino que han venido aprobando y permitiendo sus medidas anti populares y crecientemente represivas y hoy apuestan a las nuevas elecciones presidenciales convocadas por los golpistas. Elecciones que iban a realizarse el 3 de mayo pero que debido a la crisis del coronavirus a título de la “salud está primero” han quedado postergadas como fecha máxima hasta el 3 de agosto.

Por otra parte, las centrales sindicales obreras y campesinas, como la COB (Central Obrera Boliviana) y federaciones de trabajadores mineros, entre otras, que han sido cooptadas y corrompidas durante el Gobierno del MAS no dudaron ni un segundo en pasarse al bando golpista con tal de mantener las prebendas del Estado. Esto hace la situación más difícil para las y los trabajadores ya que mientras se producen despidos y rebajas salariales entre otros ataques patronales, las burocracias mantienen un rol desmovilizador y cómplice.

Un punto aparte merece el rol vergonzoso del Partido Obrero Revolucionario (POR), un partido de la izquierda centrista caracterizado por tener demandas meramente sindicales, que terminó haciendo unidad de acción con la derecha clerical y semifascista en el golpe de Estado. Y luego de las masacres apenas mostraba posiciones tibias de repudio a estos sucesos mientras los trabajadores y la gente pobre eran reprimidos y morían en las calles.

¿Qué políticas proponen como Pan y Rosas y LORCI? ¿Qué programa e intervención plantean para que sea una política independiente de los partidos del régimen y de las burocracias sindicales y de las burocracias de los movimientos sociales?

En los últimos acontecimientos hemos venido peleando en primera línea contra el golpe de Estado. Desde La Izquierda Diario hemos ayudado a romper el cerco mediático que la derecha golpista quiso imponer sobre las masacres, las torturas y las detenciones buscando también silenciar e invisibilizar la enorme resistencia de trabajadores, campesinos, mujeres y jóvenes de los sectores populares en Senkata (El Alto), Ovejuyo (La Paz), Sacaba (Cochabamba) y en otra zonas del país.

Hoy seguimos dando esta pelea en condiciones en las que el régimen golpista ha logrado recluir a la población a una especie de detención domiciliaria bajo la excusa de la pandemia, pero permanecemos en lucha junto a las mujeres, hermanas, madres y compañeras de las víctimas de las masacres y de las detenciones, continuamos exigiendo justicia y libertad plena para los presos políticos.

Desde la LOR-CI hemos acompañado y luchado junto a estos compañeros y compañeras, gritando juntos a ellos que ¡con nuestros muertos no se negocia!, ante los pactos vergonzosos del MAS con el golpismo pese a la enorme voluntad del auto convocado movimiento de resistencia. Y seguimos dando la pelea porque mientras el MAS apuesta a una salida electoral y saca hasta propuestas para el gobierno golpista, las políticas frente al coronavirus amenazan con causar no solo muerte por la pandemia, sino por hambre.

Desde la organización de mujeres Pan y Rosas también hemos estado presentes con las compañeras, destacando que las mujeres han estado en la primera línea de lucha frente al coronavirus y lo han sido durante el golpe, siendo en su mayoría mujeres las que han conformado asociaciones de víctimas del golpe. Hemos formando parte y peleado para que las marchas por el día internacional de las mujeres tengan un contenido claramente antigolpista, siendo encabezada por estos sectores de mujeres familiares de las víctimas.

También hemos venido luchando contra la “esencialización biológica de las mujeres” que ha tratado de utilizar el autoproclamado Gobierno de Áñez, como si ser mujer fuera un blindaje contra la corrupción o la represión. Nos encontramos en un contexto donde las tres principales autoridades del país son mujeres, y hemos visto que a ninguna de ellas les tiembla la mano a la hora de establecer medidas de represión contra el pueblo trabajador ni de hacer abiertamente negocios con la administración del Estado. Esto pone en evidencia, una vez más, que en definitiva: ¡el género nos une, pero la clase nos divide! Las condiciones de represión y precarización hacia los trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad, los pueblos indígenas y demás sectores oprimidos producto del golpe de Estado es despiadada, a esto hay que añadir la actitud conciliadora de la bancada del MAS a la cabeza de Eva Copa quién además instrumentaliza el identificarse como una mujer “alteña e indígena”.

Frente a esta situación, con mayor firmeza nuestra lucha feminista es también clasista. Dándonos el contexto la razón, cuando el sector de trabajadores de la salud y otros sectores esenciales que son los que están moviendo el mundo tienen una clara composición femenina y se muestran predispuestas a pelear para no morir a falta de insumos básicos de bioseguridad. Hoy, que se encuentran cumpliendo un rol destacado frente a la pandemia, desde el feminismo socialista planteamos la necesidad de no quedarnos como víctimas ni quedarnos solo en la mera resistencia como plantea el feminismo autonomista y/o poscolonial que en el intento de pelear contra la “esencialización” termina reforzando la misma al idealizar la identidad de las “mujeres del sur” como si no hubieran diferencias de clase.

Desde Pan y Rosas que hemos estado y estamos en la misma trinchera de lucha, junto con esas mujeres de los sectores humildes y precarizados, en cuyos hombros pesan las tareas de la reproducción de la vida que no les deja ni el espacio para pensar en una “agenda feminista”, hemos sentido a piel viva que el capitalismo y el patriarcado no se van a caer, sino que hay que tirarlos y que para ello necesitamos la unidad más amplia con las mujeres y hombres de los sectores oprimidos y explotados, recuperando la idea de tribunos del pueblo que había formulado Lenin, para pensar ya no en la mera resistencia de los subalternos sino para formular una estrategia que permita derrotar el sistema capitalista.

Es por eso que para las compañeras de Pan y Rosas que además militamos en la LOR-CI consideramos que la experiencia que venimos haciendo con las compañeras independientes y con las compañeras con quiénes hemos compartido trincheras de lucha durante los últimos acontecimientos, están permitiendo sacar importantes lecciones que nos muestran la necesidad de poner en pie un partido de las y los trabajadores que sea capaz de poner en la ofensiva a todos los explotados y oprimidos. En Bolivia, para nosotras ese camino es fortalecer la construcción de la LOR- CI y avanzar en la lucha por un partido revolucionario.

Aquí la entrevista original publicada en Klasse Gegen Klasse de Alemania Brot und Rosen Bolivien: „Der Putsch zeigt einmal mehr, dass uns zwar das Geschlecht verbindet, aber die Klasse uns trennt!“