Durante la Asamblea General de la ONU el Papa Francisco, se refirió nuevamente a la homosexualidad como un modelo de vida anormal.
Miércoles 30 de septiembre de 2015
Fotografía: Infobae.com
En el marco de su visita a los Estados Unidos, el papa Francisco, Jorge Bergoglio, intentó mostrarse amplio y con “espíritu” de inclusión. Sin embargo, su amplitud no llega a la aceptación tanto de la homosexualidad como de la transexualidad.
Blandiendo un discurso que se llenó de eufemismos, para intentar no romper el hechizo con el que inundó de “fiebre papal” a los Estados Unidos, dijo que “Algunos buscan promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos”.
Siguiendo con la misma línea argumental instó a la ONU a lograr: "el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer". Este pedido es una clara alusión al reciente fallo de la Corte Suprema que reconoce el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo.
No es la primera vez que ejerciendo el cargo más alto dentro de la escala eclesiástica, el Papa muestra el oscurantismo más brutal, que caracterizó a través del tiempo a la iglesia católica, afirmando que las personas transexuales son como armas nucleares, ya que "no reconocen la orden de la creación”.
Es notable la actitud que toma frente a determinados temas. Una liviandad extrema, cuando condena el amparo que mostró la iglesia por curas que abusaron de menores. Y la descarga sin miramientos de la doctrina más siniestra de la iglesia católica para con las personas homosexuales y trans.
La Iglesia Católica necesita sumar fieles a sus huestes raleadas, por eso intenta ofrecer, a través de su máximo representante el Papa Francisco, un cóctel progresista que contenga inmigrantes, jóvenes, pobres de todo el mundo, sin olvidar el medio ambiente. Pero lo que oculta es que con su poder económico y decisiones políticas es cómplice y responsable junto con los Estados, de la muerte de miles de mujeres por abortos clandestinos.
Es que la Iglesia, fiel a su doctrina, es una de las principales instituciones interesadas en asegurar la continuidad de la familia heterosexual y monogámica como modelo. Por eso no duda en discriminar y estigmatizar todo aquello que considera una amenaza, como para ella también lo son las personas LGTBI.