Días después de que la presidenta Cristina Fernández afirmara que la pobreza es de 5 por ciento, el azcobispo de Santa Fe José María Arancedo aseguró ayer que esta es de 25 por ciento.
Viernes 12 de junio de 2015
Luego de que la presidenta Cristina Fernández en un 5 por ciento la pobreza en el país durante su visita a Italia, y de que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijera que en Alemania hay más pobres que en la Argentina, la Iglesia Católica salió a refutar ayer esas afirmaciones. El arzobispo de Santa Fe y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo, y el titular de Cáritas, Oscar Ojea, ubicaron la probreza en la Argentina en un 25 por ciento.
Al hablar por LT10 radio Universidad del Litoral, Arancedo aseguró ayer que la pobreza “existe” y es de “dos dígitos siempre”, y estimó que según datos de la Universidad Católica es de un 25 por ciento. “Los números suponen estadísticas o parámetros diversos. En eso la Iglesia no se mete”, aclaró, y sostuvo: “La pobreza existe y se habla de dos dígitos siempre”. Arancedo expresó su confianza “en los índices del Movimiento Los Sin Techo para la ciudad y de la Universidad Católica para el país, que dan un 15 y un 25 por ciento de pobres, respectivamente”. También consideró que “necesitamos las estadísticas, y tiene que ser una tarea de mucho respeto elaborar los números objetivos.
En tanto, Oscar Ojea sostuvo que más allá de la polémica sobre el número de pobres en la Argentina “la realidad se impone” y advirtió que la Iglesia está “muy preocupada” por las “nuevas pobrezas”, categoría en la que incluyó las “adicciones, la trata de personas”, la violencia y el “delito joven”. “Si tomamos el Gran Buenos Aires, vemos que una parte importante de nuestros jóvenes están sufriendo la exclusión social, la falta de trabajo, las carencias familiares, lo que tiene que ver con problemas de educación y todo esto junto conforma una realidad que nos preocupa mucho”, alertó el obispo de San Isidro.
El purpurado indicó que “en los últimos años ha decrecido lo que podemos llamar la pobreza extrema, la vinculada con las necesidades básicas y que hacen a la dignidad de la persona, aunque todavía tenemos enormes déficits y bolsones de pobreza en muchos lugares del país y déficit habitacional, comprobado por el hacinamiento en que viven muchos hermanos nuestros”.