Jueves 29 de septiembre de 2016
Levantamos nuestra voz desde las fábricas, las aulas y las calles, como cada 28 de septiembre, como lo hacemos en la cotidianidad en nuestra lucha contra la explotación y la opresión, mujeres trabajadoras y estudiantes hartas de vernos criminalizadas en nuestro más básico derecho a decidir; violentadas y condenadas a la muerte por la penalización del aborto, que día a día nos arrebata la vida de miles de mujeres de los sectores más empobrecidos a nivel global.
Nos impone la muerte por aborto clandestino el sistema económico, político y social imperante, el matrimonio conveniente entre capitalismo y patriarcado, bajo el cual continuamos siendo consideradas propiedad privada, sin voz, sin voluntad de decidir sobre nuestro propio cuerpo; desde el cual se atreven a llamarnos “asesinas” cuando nos negamos a la imposición de la maternidad como un “servicio social obligatorio”, siendo en realidad toda su estructura la que nos niega condiciones dignas para ser madres, que nos priva del derecho a una eficiente educación sexual y la accesibilidad a métodos anticonceptivos, y en última instancia, que condena a millones de seres humanos al hambre y a la miseria.
Las mujeres nos enfrentamos a la decisión de abortar, por diferentes motivos: porque el método anticonceptivo pudo fallar y nos vemos limitadas en condiciones materiales, viviendo en un país como Bolivia donde, por ejemplo, el sueldo mínimo no alcanza ni para la canasta básica familiar; abortamos porque fuimos violadas en una sociedad que además juzga más nuestras formas de vestir y el conjunto de nuestras decisiones que a los propios criminales que perpetúan estos actos de violencia machista; abortamos, entre otras, quienes por diferentes motivos estamos o estuvimos frente a un embarazo no deseado y escogimos no ser madres, siendo nuestra voluntad y derecho decidir sobre nuestras vidas.
Legales o no, los abortos se practican y se continuarán practicando, la diferencia radica en las muertes que podemos evitar si éste deja de ser criminalizado y perseguido por los Estados e Iglesias; luchar por el derecho al aborto, contrariamente a lo que señalan grupos clericales, es luchar por el derecho a la vida ¡la de las mujeres! En el mundo, años tras año se practican más de 22 millones de abortos inseguros, resultando al menos 47.000 muertes de mujeres y millones de consecuencias por mala práctica médica, casos de los cuales la gran mayoría se encuentra en América Latina y el Caribe (datos Organización Mundial de la Salud – ONU, 2015).
La penalización del aborto en Bolivia tiene consecuencias terribles, cobrando más de 480 vidas año tras año. Se manejan diferentes datos sobre la cantidad de abortos clandestinos practicados a diario por miles de bolivianas, entre 115 a 200 por día (números que son tan solo estimaciones de los casos visibles, existiendo una gran inaccesibilidad a datos reales debido a la imposibilidad de denuncia frente a la mala praxis y muertes). Se habla de un mínimo de 40.000 al año, pero existen datos que elevan esta cantidad a cerca de 80.000 (Centro de Información y Desarrollo de la Mujer CIDEM, 2013), de los cuales la gran mayoría se realizan en condiciones alarmantemente insalubres, donde las que tienen dinero consiguen sobrevivir y las que no, están condenadas a todo tipo de riesgos que van desde serias secuelas sobre su salud hasta la muerte en condiciones infrahumanas, que es el destino de miles de trabajadoras, de mujeres jóvenes con empleos precarios, de campesinas e indígenas, pues mientras las ricas pueden costear el lujo de una clínica privada, cientos de féminas mueren ocultas: se quiera o no ver, el aborto en Bolivia y el mundo también tiene carácter de clase.
Estamos convencidas de que ni este Estado ni este gobierno nos regalarán derechos ni reivindicaciones, ni la iglesia ni ninguna institución o individuo puede decidir por nosotras: la lucha corre por nuestra cuenta, organizadas y desde las calles.
Desde el Estado se ha pretendido acallar esta demanda con un fallo emitido a principios del 2014 (Sentencia Constitucional 0206/2014), que sostiene la penalización del aborto y se limita a suspender la orden judicial solo en caso de violación: fallo reglamentado recién un año después de su emisión (2015) y que no cuenta con condiciones serias para su ejecución (por ejemplo las mujeres deben enfrentarse a hacer la denuncia en una institución reaccionaria como la policial, demostrando haber sido violadas), además de ser completamente insuficiente frente a la muerte de más de una mujer al día por aborto clandestino.
Esa es la realidad, pese a los popularizados discursos de “despatriarcalización” que proclama hipócritamente el gobierno. Para los politiqueros tanto de la vieja derecha como de la nueva derecha del MAS, ambas de acuerdo en sostener esta punición junto a las instituciones clericales en convenio con el supuesto Estado “laico”, nuestras vidas son simples cifras y banderas empleadas en coyuntura electoral: queda claro que el denominado “Proceso de Cambio” no ha respondido a esta demanda y mucho menos responderá a la lucha incansable por nuestra emancipación.
Por todo ello, no rogamos ni pedimos: exigimos y luchamos para que las Iglesias y los Estados no intervengan en nuestra decisión, porque no se condene más a cientos de mujeres a la muerte por aborto clandestino, por la legalización para garantizar abortos seguros y gratuitos como parte de la salud pública, que además vaya acompañada de una educación sexual científica y laica y la distribución de anticonceptivos, sin intervención de las Iglesias y su moralidad retrógrada.
Y vamos por más. Desde Pan y Rosas nos organizamos para luchar por nuestra verdadera emancipación, sabiendo que este problema y las raíces de nuestra opresión en su conjunto, no encontrarán una solución estructural si no es en lucha franca contra sus pilares fundamentales: el capitalismo y el patriarcado que sostienen la penalización del aborto así como la explotación y los distintos tipos de opresión en que viven millones de seres humanos, privándonos de un sistema de salud gratuito para toda la población, ofreciendo condiciones de precariedad para la maternidad, imponiendo su obligatoriedad a costa de ser úteros para la generación de más mano de obra barata para el sistema etc. Sabemos que nuestra verdadera emancipación, es una quimera pensada si se piensan las luchas de manera aislada y así como luchamos por el derecho al aborto, proponemos como horizonte la organización para librar una lucha estructural.
¡No más muertas por la condena estatal! ¡Por un aborto libre, gratuito, seguro y legal!
Pan y Rosas
(Liga Obrera Revolucionaria + Indep.)
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