Iba súper bien en la entrevista, estoy segura, casi tenía el contrato. Hasta que a la psicóloga se le ocurrió la famosa pregunta: ¿tienes hijos?

Joselyn Encina Escobar Periodista
Martes 11 de octubre de 2016
Iba súper bien en la entrevista, estoy segura, casi tenía el contrato. Hasta que a la maldita psicóloga se le ocurrió la famosa pregunta: ¿tienes hijos? Sin darme cuenta comencé a sudar, pero supe en el mismo instante que no tenía otra alternativa. No tengo, mentí. Algo había aprendido de las tres entrevistas anteriores y es que si tienes hijos eres un problema para cualquier empresa y no te contratan. Así fue como negando a mis cabros chicos, pude obtener el puesto.
Una realidad como ésta la viven diariamente las mujeres trabajadoras, quienes son discriminadas sólo por ser mamás. Y lo más duro no se queda en acceder al mundo laboral, ya que ahí la pelea recién comienza, pues mantenerse es lo tortuoso.
Hoy existe el artículo 203 del Código del Trabajo, que obliga al empleador que tenga a más de 20 trabajadoras a pagar la sala cuna de los niños menores de dos años. Lamentablemente, en muchos lugares esto no se cumple. Es por lo anterior, que todas deben saber que esto es un derecho ganado y por lo tanto, las mujeres tienen toda la autoridad para exigir que se lleve a cabo.
Sin embargo, un problema es que es el empleador el que decide a cuál sala cuna irá el niño, y en muchos casos el lugar queda a varios kilómetros del trabajo. Ahí es cuando se acentúa la maratón, donde la que no corre se queda sin pega.
Para las que pueden resolver dónde o con quién dejar a sus niños o niñas, se abre una nueva etapa: Darlo todo y trabajar muchas veces el doble o el tripe para demostrar que no por ser mujeres no se la pueden. Ante la subestimación de los mismos colegas y de las jefaturas, la exigencia laboral es más dura.
Por si fuera poco, muchas mujeres trabajadoras tienen que lidiar con acosos sexuales, en todo ámbito, donde denunciar se vuelve un gran conflicto, pues en la mayoría de los casos es la mujer es la que sale perjudicada. Porque cuando reclama o se le baja el perfil, o terminan echándola, pues bajo el artículo 161 del código laboral, el empleador tiene la facultad de despedir a cualquiera y cuando quiera.
¿Cómo puede ser posible que los derechos más básicos no estén garantizados a las mujeres? ¿Cómo es que la ley puede permitir tal impunidad?
Aún estamos muy lejos de la igualdad de derechos ante los varones. Sólo es cosa de ver el sueldo de las mujeres a fin de mes y compararlo con el de los hombres. La brecha salarial arroja que las mujeres aún con lo descrito y estudiando más, ganan un tercio menos que los hombres. Y es que nuestro sueldo sigue siendo considerado como “complementario”.
Es decir, ganamos menos, debemos callar ante los abusos, subestiman nuestras capacidades, ser mamá y trabajadora es una odisea en el actual contexto y además tenemos una doble jornada laboral, pues las labores domésticas socialmente son consideradas de nuestra responsabilidad y después del trabajo hay que seguir limpiando, cocinando, amamantando y eso nadie lo paga.
¿Y ante esto cuando exigimos respeto e igualdad de derecho se nos tilda de feminazi? Oídos sordos es lo que deben hacer las mujeres ante estas calumnias, ya que no hay nada que perder y por el contrario queda mucho por avanzar y hay bastante por lo que luchar.