San Martín de los Andes es uno de los lugares turísticos más visitados de la Patogonia Argentina. Según el observatorio turístico de la Secretaría de Turismo, estos últimos días registraron más de 120 mil pernoctes y en lo que va del mes de enero, alrededor de 30 mil consultas, lo que equivale a mil consultas por día.
Sábado 31 de enero de 2015
Tanto invierno como verano son temporadas altas en la ciudad cordillerana, visitada por turistas de distintos puntos de la Argentina y de distintos países del mundo. Pero detrás de los lagos y las montañas se esconde una cruda realidad. Para la mayoría de los residentes, las temporadas significan trabajo, no vacaciones.
La empresa "Nieves del Chapelco", concesionaria hace 10 años del Cerro homónimo, mantiene efectivos a un puñado de trabajadores. La mayoría está bajo contratos de 3 meses, dejando sin empleo a cientos de trabajadores cuando el turismo se retira.
Para los trabajadores sarmantinenses es difícil acceder al Cerro, ya que sus tarifas son muy elevadas. Por poner un ejemplo: para poder practicar los deportes de nieve es necesario un pase para los medios de elevación (telecabinas). Durante el 2014 el pase válido para toda la temporada alta invernal tuvo un valor de $15.750, y el pase diario unos $585. Para lo residentes, la temporada alta del año 2015 el precio del pase será de $10.000, y el pase diario de $800. La municipalidad sólo ofrece a los colegios públicos pases de acceso cuando casi ya se va la nieve…
Entre los que habitantes, hay enormes desigualdades. Los dueños de hoteles, camping, cabañas, campos del golf, y grandes propietarios de tierras; y los trabajadores y la juventud precarizada que vive en los barrios, no comparten por igual belleza de los paisajes. La juventud precarizada no hace las “visitas guiadas” .
En San Martin de los Andes, los barrios más populares están en lo alto de la montaña (el Arenal, Chacra 4, Buenos Aires Chico, Canteras, Godoy, Vallejos por nombrar algunos). Son los barrios más densamente poblados, y también los más patrullados por la Policía de Neuquén. Coincidencia con la ciudad rionegrina de Bariloche, donde la policía directamente impide que los jóvenes del alto bajen a las zonas turísticas. Los barrios populares contrastan con los barrios privados, con enormes y lujosas mansiones “rústicas”.
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Cuando hablamos de las diferencias entre los residentes, debemos recordar a Cristian González. A Cristian disfrutaba de la pesca deportiva. Cuando el 30 de agosto de 2006, Cristian y dos amigos fueron a pescar a orilla del río Quilquihue (que nace en Lago Lolog), recibieron una serie de disparos provenientes desde las “Cabañas Andinas”. Ante el pedido de explicaciones de Cristian, el guardia privado, Horacio Calderón, lo remató de un balazo en el cuello.
Desde entonces, Mirta y Angel, sus padres, junto a sus amigos reclaman justicia. Calderon recibió trece años y medio de prisión efectiva, pero el empresario de las cabañas, Gaspar Schoro, que contrató al guardia privado y le facilitó el arma -que no se hallaba declarada-, en ningún momento rindió cuentas del hecho.
A la hora de la recreación los jóvenes optan por las canchas de futbol, donde juegan los equipos que representan a los distintos barrios locales. No solo se ven camisetas de distintos colores, sino también camisas azules que son parte de un operativo policial que vigila los partidos. Hay reglas fundamentales, está prohibido cantar e hinchar por el equipo de tu barrio y la salida debe ser ordenada, y sino, afuera de la cancha.
Una de las pocas “alternativas” para la juventud, es el servicio militar voluntario. Ofrece una remuneración de $7000, y alojamiento para jóvenes de ambos sexos, de entre 18 a 25 años. El Estado aprovecha la importante desocupación que prima en la juventud, para adoctrinarla, para disciplinarla.
La falta de derecho a la diversión, al esparcimiento, el impedimento de acceder a los ríos y lagos gratuitamente, y el trabajo por temporada, son moneda corriente en las ciudades turísticas. San Martín de los Andes es una ciudad hermosa, pero esconde una cruda realidad. A la juventud de los barrios: precarización, éxodo, militarización, o persecución policial. Pero nada de eso aparece en las postales.