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TRIBUNA LIBRE. Parásitos

Compartimos con nuestros lectores, una columna de opinión de Álvaro Méndez Véliz, comunicador y gestor cultural de Maipú.

Lunes 29 de junio de 2020

Álvaro Méndez Véliz
Comunicador y gestor cultural maipucino

Se trata de organismos que podemos encontrar en distintos lugares y de diversas formas, tienden a articularse por conveniencia, perpetuarse casi por un instinto de supervivencia el que a la larga parece ser su fin último, necesitan de otras estructuras más grandes para subsistir, crecer y reproducirse ya que no pueden realizarlo por sí mismos, una vez que absorben los recursos que este “huésped” les otorga, buscan uno nuevo. Pueden llegar a enfermarnos (hasta matarnos incluso) y hoy más que nunca han sido culpables de la crisis – no sólo sanitaria – por la que atravesamos. ¿Imagina de quienes hablo?

Alcaldes y alcaldesas, diputadas y diputados, ministros y ministras, desde la presidencia hasta las concejalías… Toda esa gran fauna de representantes que se saben autoridades. Dejemos de entenderlos como tal, como personajes elegidos para estar sobre nosotros y tomar las decisiones que sus partidos y financistas les indican, saquemos la verticalidad de aquella mirada. Son representantes que ocupan esos puestos para ser nuestra voz, nada más y nada menos que eso. Su trabajo es tender al bien común, tomar decisiones de impacto colectivo y comunitario desde la responsabilidad, sin sesgos ideológicos, desde la información competente y objetiva, no a partir del dogma político, sin gustitos personales y sin armar castillos de naipes.

De igual modo esta casta de paladines es solamente la superficie, existe otra que se mueve de manera casi tan egoísta, equivocada y nociva, son comparsa cómplice y silenciosa. Se trata de un ejército de asesores, operadores, secretarios y asistentes, en general personajes que orbitan y secundan, cercanos cuya tarea es principalmente aplaudir y decir que sí, defender en las redes sociales, eventualmente disentir de manera cauta y temerosa, retractándose casi al instante, guardando siempre la esperanza de convertirse tras la próxima elección en “autoridad”, su rol es candidatearse permanente y sistemáticamente, ser el recambio de lo mismo. Es por ello que cuando escuche decir que necesitamos “caras nuevas” dude, dude mucho. Por lo general esas caras nuevas son parte de los mismos hábitos parasitarios, muy posiblemente han desarrollado una vida laboral que le debe todo a sus partidos, a sus jefes y jefas, son parásitos del parásito, una subcategoría tan sorprendente como peligrosa.

La cura que necesitamos por supuesto aún no existe, es un cambio de estructura, profundo, categórico, pero confiemos en que poco a poco está siendo desarrollado en los laboratorios del estallido social, en cada rebelión popular a lo largo del mundo. No es fácil porque junto con las y los parásitos, tenemos una serie de otros organismos de diversa índole, tales como la policía, el empresariado, la gran prensa, todos esos virus, bacterias y gérmenes que también actúan de manera parasitaria, pretenden hacernos creer que está todo bien cuando en realidad evidencian que el diagnóstico general es muy adverso, su labor es finalmente mantener viva esa enfermedad llamada capitalismo a punta de avalar placebos en forma de bonos, de acuerdos por la paz y la nueva constitución, de ingresos familiares de emergencia llenos de trampas, de una protección al empleo que protege más a las empresas que a los trabajadores, en forma cajas de alimentos, en forma de acciones temporales y mezquinas disfrazadas de soluciones.

Es que el capitalismo despiadado está inserto profundamente en este sistema, es su base, pero también en gran medida está en nuestras cabezas, en nuestras formas, en nuestras palabras y acciones, así nos lo han enseñado no sólo en Chile, sino que en prácticamente todo occidente. Llámale racismo cuando la policía gringa asesina a George Floyd y condénalo en todos los espacios, pero ese mismo racismo está en nosotros cuando acá la policía asesina a Camilo Catrillanca y no nos indigna. Llámale clientelismo cuando Don Francisco nos convoca a la solidaridad junto a un séquito de rostros de matinales, telenovelas y otros programas, para que Chile ayude a Chile, aportando el dinero que nos falta o comprándole a las mismas empresas que nos roban y vuelven más pobres, para a cambio sentirnos un poco más solidarios, de pasada celebramos a esos famosillos en sus Instagram, les llenamos de likes y aplaudimos cuando les fascina Ripley, pero entiende que todo eso también es clientelismo. Llámale machismo cuando en público apoyas el #NiUnaMenos pero callas ante los abusos de tus compas, porque “la mina era cuática” o porque para ti simplemente tu socio es un campeón. Llámale arribismo cuando aun sabiendo que esas familias acomodadas trajeron el coronavirus tras sus vacaciones en el sudeste asiático o Europa sin importarles nada, sueñas con vivir como ellas, o con refugiarte tranquilo en un lugar como sus casas de veraneo en Cachagua, tildando a la pasada de irresponsable a quien debe saltarse la cuarentena y estar en la calle para ganarse unos pesos, aunque sepas que de otro modo no comen, porque sus oportunidades son totalmente diferentes a las de esos acomodados a los que admiras.

Debemos ser capaces de trascender y superar estas contradicciones, por supuesto que un gran paso es detectarlas en los otros, pero el paso fundamental es mirarlas dentro de nosotros y comenzar a cambiarlas, ser implacables y críticos con ellas, así podremos ser implacables y críticos con toda esa clase de parásitos que se alimenta de nuestra inconsciencia e inconsistencia y que, al no cuestionarles, al no cuestionarnos, muchas veces nos vuelve tan parásitos como ellas y ellos. No se trata de autoflagelo, se trata de cambiar en lo personal para luego llevar ese cambio a lo colectivo, se trata de denunciar y condenar con énfasis las injusticias e incorrecciones, vengan de donde vengan, de superar esa idea instaurada de que la dignidad es para quien puede costearla y para los demás quedan las sobras. Es tiempo de cuidarnos de cualquier enfermedad y mantenernos sanos, en todos los sentidos posibles, pero principalmente es tiempo de luchar porque sea el estado quien nos proporcione aquella salud y que ésta sea para todas y todos, sea quien mantenga alejados a los parásitos, evitando ante todo convertirse en el lugar ideal para que proliferen. Debemos primero sacar a las y los parásitos de nuestra idea de sociedad, que no sean opción, así podremos luego sacarlos del congreso y del gobierno, de esos cargos en que hoy son “autoridades”, debiendo ser “representantes”, de esos puestos en los que creen estar construyendo un país más saludable, pero desde donde realmente nos están enfermando y matando, parasitando cómodamente, sobre todo en estos tiempos donde los virus están en casi todos lados.