Esta semana habría definiciones sobre la fecha en que finalmente se convoque una medida de fuerza por parte de la central.
Juana Galarraga @Juana_Galarraga
Martes 5 de junio de 2018 11:41
Foto: Marcelo Silvestro
Un lector frente a la pantalla le comenta a su interlocutor que “parece que la CGT anuncia paro general para el 14”.
El diálogo no necesita mucha explicación, después de casi tres años de tregua con el gobierno de Cambiemos por parte de la dirigencia sindical argentina. Mientras la situación política y económica lo permitió, los jerarcas de los gremios sostenían que antes que adoptar medidas de fuerza, la Argentina necesitaba que los trabajadores apostaran al diálogo con empresarios y el Gobierno. Mientras, el oficialismo avanzaba con las primeras medidas del ajuste.
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Según consignó Ámbito Financiero, en una reunión de la cúpula de la central con las regionales del interior realizada este lunes, se planteó como posible fecha el 14 de junio, día en que Macri podría anunciar un acuerdo con el FMI. Todavía no está confirmado, pero probablemente se termine de definir este jueves cuando se celebre una reunión del Consejo Directivo de la CGT.
De la falta de diálogo a la falta de comprensión
En marzo de 2017 el atril de la CGT volando por el aire en un escenario rodeado por camioneros y los triunviros huyendo de la batahola, anticipaba el entuerto posterior en el que se vería enroscada la burocracia sindical durante el período posterior. Luego de esto se concretó, como dijo el triunviro Carlos Acuña, “para descomprimir”, el primer paro general contra Cambiemos del 6 de abril de 2017. Desde entonces ha primado la disputa por los cargos, los realineamientos en el mapa gremial y la discusión por arriba, mientras los ataques a las condiciones de vida de la clase trabajadora pasan. Aún así no se resolvió la crisis de conducción de la CGT y el triunvirato que muchos daban por muerto sigue al frente.
Ya pasó más de un año de aquel paro general. Por entonces el primer macrismo, el del gradualismo, seguía vivo. No había habido corrida cambiaria, ni pacto con el FMI a la vista, ni veto a la ley que limitaba parcialmente los tarifazos. Pero principalmente, no había habido un diciembre caliente como el de 2017.
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Ahora el discurso de los gremialistas ensayó una leve variación. Ya no se trata de agotar todas las instancias de diálogo, sino de terminar de reunir las condiciones necesarias para poder efectuar un paro. Pero la clave es la misma, siempre postergarlo. Según Juan Carlos Schmid, hace como dos meses que se está preparando el paro con acciones que, “a no dudarlo”, van a desembocar en medidas más duras. Según el hombre de dragado y balizamiento, hay que instalar la necesidad de un paro para que la sociedad acompañe al movimiento obrero.
Los amagues de la central obrera dan cuenta de una originalidad frondosa para decir siempre lo mismo: “No descartamos una medida”, “es probable que convoquemos un paro”, “se generan condiciones para llamar a un paro general”, “no nos va quedando más alternativa que tomar medidas”.
Inminente
Este lunes, Héctor Daer participó de un debate en TN junto al empresario Gustavo Grobocopatel. El zócalo en la parte posterior de la pantalla también amagaba: “¿Se viene un paro de la CGT?”. “No cabe duda de que condiciones objetivas existen ¿no?”, se arriesgó a asegurar el sindicalista.
El dirigente apareció en pantalla la misma noche en el ciclo de entrevistas de Luis Novaresio. “¿Se viene el paro general?”, apuró el periodista. “El paro es un instrumento que tenemos los trabajadores, las organizaciones sindicales, para hacer sentir nuestros reclamos cuando no son escuchados. Condiciones para el paro hay, recién usted describía algunas y otras que seguramente deben estar por venir. Ayer un periodista decía que estábamos tomando lo que posiblemente podía hacer el fondo”, fue la respuesta de Daer.
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Las condiciones de las que habla Daer eufemísiticamente son nada más y nada menos que ataques a la clase trabajadora. Se pueden anticipar futuros ataques, pero de acuerdo a la lógica de la CGT hay que esperar a que sucedan, en vez de evitarlos.
“Las condiciones para un paro son muy claras, lo que hay que lograr es que esas condiciones sean comprendidas por todo el contexto del movimiento obrero y a su vez, que las comprenda la sociedad también” agregó ante la repregunta de Novaresio. Que hay fuerzas para llevar a cabo un paro general es algo que se evidencia en cada movilización masiva, en cada escenario frente al cual el grito “paro nacional” o “ponele fecha” es algo que ningún discurso tapa ni ninguna cámara esquiva. Que la “sociedad” acompañaría una medida de fuerza del movimiento obrero es algo que se evidencia por ejemplo, en la gran simpatía y solidaridad que despierta la lucha de los trabajadores del subte. Las empresas de medios afines al gobierno buscaron rabiosamente mostrar el enojo de los usuarios ante el paro de todas las líneas, pero no pudieron. Es que el descontento es general y extendido.
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La exigencia a un paro general presiona con más fuerza desde que Mauricio Macri vetó la ley que limitaba parcialmente los tarifazos, aprobada en el Senado. La CGT había dicho que si el veto se concretaba iba a llamar a un paro general. Este martes por la tarde, los triunviros de la CGT recibirán a los senadores del PJ que votaron a favor de la ley antitarifazo encabezados Miguel Ángel Pichetto. Ya pasó casi una semana de aquella votación y la dirigencia sindical todavía está en veremos. La marcha federal impulsada por los movimientos sociales el viernes, volvió a poner en el centro de la escena la exigencia a un paro nacional.
En esa movilización, el sindicalismo combativo y la izquierda volvieron a plantear otro debate. El problema no es solo la fecha, sino qué tipo de medida de fuerza: ¿un paro "para descomprimir" como dijo alguna vez Acuña? ¿o como inicio de un plan de lucha que de pelea al ajuste? ¿Un paro "dominguero" y pasivo? ¿o un paro activo nacional con movilizaciones para desplegar toda la fuerza del movimiento obrero? Esta última opción es, obviamente, la que viene planteando el Frente de Izquierda, que además propone un programa que junto a las cuestiones de salario y empleo incorpore demandas para rechazar el nuevo saqueo en marcha, como el no pago de la deuda y el rechazo al pacto con el FMI.
¿Qué pasa con el resto?
El ¿tramo final? de la CGT hacia la convocatoria al paro general coincide con el inicio de las negociaciones de camioneros por paritarias. El líder Hugo Moyano y su hijo Pablo, articulan acciones con el bancario referente de la Corriente Federal de Trabajadores, Sergio Palazzo. Ambos, nucleados en la Multisectorial 21 de Febrero, constituyen lo que sería “el ala combativa” de la dirigencia gremial. La combatividad entre comillas, responde a que ha sido más discursiva que efectiva. Los camioneros recién se disponen a anunciar medidas de fuerza, apelando a su poder de fuego estratégico como uno de los principales gremios del transporte. Su exigencia es de un 27 % de aumento en paritarias, lejos del miserable 15 % que firmó la mayor parte de los sindicatos en los primeros tres meses del año. Palazzo por su parte, luego de una lucha persistente del gremio bancario con movilizaciones y paros, terminó firmando una paritaria insuficiente por debajo de la inflación y en dos tramos.
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Los camioneros y Palazzo, han convocado a movilizaciones masivas, como la del 21 F o del último 25 de Mayo. Allí, lejos de anunciar un plan de lucha, lo que ha primado es pensar mejor a quién votar en 2019.
La presión de los camioneros que amenazan con generar un desabastecimiento como sucedió recientemente en Brasil, es otro aspecto que apura le definición de un paro general. La semana pasada en conferencia de prensa, los camioneros anunciaron que irían al Consejo Directivo de la CGT a plantear que hay que llamar a un paro. “Se ve que los tiempos de los trabajadores no son los mismos tiempos que los de muchos dirigentes”, se lanzó desde la mesa a los periodistas. La dupla Moyano-Palazzo disputa al interior de la central obrera contra los Independientes y los Gordos, que encabezan Daer y Schmid, pero en concreto, son tan cómplices como ellos del avance del ajuste del Gobierno en estos años. En el caso de Moyano es un tanto evidente: pasó a una ubicación claramente opositora cuando además de olfatear el profundo descontento social, se vio cercado por las denuncias judiciales en su contra.
Lo que no se sabe tampoco es si la CGT confluirá o no con las CTA, que también forman parte de la multisectorial 21F. Las centrales dirigidas por Hugo Yasky y Pablo Micheli, aseguran que el paro debe tener lugar sí o sí durante la primera quincena de junio y según trascendió en Clarín, anunciarían un paro general para el 8 de junio.
Mientras tanto los trabajadores sufren con crudeza los ataques de las patronales y el Gobierno a sus condiciones de vida. El descontento es cada vez más extendido. Las dilaciones de la CGT y el conjunto de la conducción de los sindicatos es una escandalosa traición, sobre todo ante la amenaza de un nuevo saqueo histórico a través del acuerdo con el FMI al pueblo trabajador.