Los trabajadores y trabajadoras de la empresa Esfosa dedicada a la matanza de animales para el consumo humano y participada por Casa Tarradellas, inician jornadas de paro, exigiendo condiciones laborales dignas.

Joe Molina Trabajador despedido de Panrico, Barcelona | @joemolina57
Martes 5 de abril de 2016
La Coordinadora Obrera Sindical (COS), sindicato mayoritario en Esfosa, empresa cárnica ubicada en la población de Vic en la comarca de Osona (Barcelona) y una de las más importantes de este sector en todo el Estado español, realizó los días 29 y 30 de marzo paros en la actividad como protesta contra la precariedad laboral y la obligación de trabajar en festivos.
El principal motivo de las medidas de lucha es el reclamo por parte de los trabajadores de no trabajar en festivos y, si han de hacerlo, que sea a un precio que les compense. Aunque no son las únicas reclamaciones. También se quejan del no cobro de nocturnidad, la falta de un plan de emergencias y no tener un plan de rotación en los puestos de trabajo, a pesar de tener jornadas que son como mínimo de nueve horas, así como la discriminación que supone que unos trabajadores cobren estos días festivos y otros solo reciban compensación con horas de fiesta durante el resto de la semana.
Concretamente esta diferencia de criterio afecta a los trabajadores y trabajadoras con contrato temporal y a los pertenecientes a las llamadas falsas cooperativas, que desarrollan una tarea menos cualificada y sin apenas derechos laborales. "Es esclavitud lo que tienen estas cooperativas”, denuncia Montse Castañé, presidenta del comité de empresa.
No nos representan
Estas jornadas de paro han suscitado la reacción de CCOO y UGT, que pese a dar soporte a la convocatoria han criticado en un documento dirigido a los sectores de la industria cárnica que la asamblea de trabajadores y trabajadoras de Esfosa decidiera que no participasen.
Resulta muy curioso que los dos sindicatos mayoritarios del Estado al verse marginados llamen ahora a la unidad de los trabajadores como medio para conseguir los objetivos, cuando la realidad es que ellos no han contado nunca con nadie a la hora de tomar decisiones que, lejos de perseguir la unidad y la lucha conjunta, han tomado el camino de pactar y aceptar las condiciones que los empresarios han impuesto consiguiendo así la división y rechazo entre los colectivos de trabajadores.
En el primero de los dos días de huelga el paro tuvo un seguimiento muy amplio, un hecho que paralizó prácticamente la actividad en el interior del matadero. La huelga que comenzó el lunes por la noche, momento en que los huelguistas impidieron la entrada de camiones cargados de animales, tuvo una incidencia máxima a primera hora de la mañana, momento en que la gran mayoría de los 149 empleados dieran soporte al paro y durante toda la mañana no fue posible poner en marcha la planta.
A primera hora de la tarde y en un nuevo ejemplo de prepotencia, la empresa intentó poner las instalaciones en marcha con trabajadores procedentes de las cooperativas y de empresas de trabajo temporal, aprovechándose una vez más de las leyes que permiten tener a trabajadores sin ningún tipo de derechos, fuera de convenio y con la amenaza del despido si no se someten a las condiciones humillantes de precariedad laboral. Pero a pesar de la llegada de tales trabajadores, no fue suficiente para arrancar la actividad en condiciones normales.
Trabajadores denuncian amenazas y métodos caciquiles
Antoni Iborra, abogado del comité de empresa, calificó de intolerable que se ataque al derecho de huelga, al mismo tiempo que anunció la toma de medidas judiciales contra Josep Ramisa, miembro del consejo de administración de Esfosa por lanzar amenazas a los huelguistas del tipo “os voy a pegar cuatro tiros”, o dirigiéndose a un trabajador subsahariano “ya tengo preparados los papeles para que te vuelvas a África a morirte de hambre”, amenazas que según el propio abogado, repitió ante la presencia de las fuerzas de seguridad que acudieron.
Josep Ramisa no solo tiene mala fama entre sindicalistas, activistas medioambientales y agentes rurales, además fue condenado por el vertido de miles de litros de residuos como explicó a El Triangle el pasado mes de octubre, Carles Mencos, coordinador de la Unión de Pagesos de la Catalunya Central, siendo considerado con diferencia el peor empresario en cuanto al tratamiento del personal.