lid bot

México

Panorama Político. Peña Nieto, nubes en el horizonte

En las últimas semanas, la administración de Enrique Peña Nieto no cesa de acumular traspiés que empañan su imagen. Ni los hechos políticos ni la economía parecen ayudarle a superar el desprestigio y el “malhumor” social.

Pablo Oprinari

Pablo Oprinari Ciudad de México / @POprinari

Martes 30 de agosto de 2016 00:04

Foto: AP

El plagio y el descrédito acumulado

Aunque escandaloso en sí mismo, el plagio de la tesis de licenciatura de EPN no hubiera alcanzado semejante trascendencia si el momento político le fuera favorable. La pérdida de popularidad que arrastra el presidente amplificó el escándalo, y el escándalo acrecentó la caída que se vaticina para la próxima ronda de encuestas.

Peña Nieto viene de una sonada derrota electoral el pasado 5 de junio, y el PRI fue desplazado al segundo lugar en votos a nivel nacional. Las mediciones de opinión destacan que hoy el tricolor perdería las elecciones, y una posible alianza PAN-PRD le arrebataría la presidencia.

En ese contexto, a escándalos como los de la Casa Blanca se suma ahora el que acaba de destapar el equipo de investigación de Carmen Aristegui. El gobierno de Peña Nieto, que hace un par de años estaba en el centro del llamado “Mexican moment”, ve cómo aumenta el descrédito y eso vuelve eterno para el presidente el tiempo político hacia el 2018.

La economía, siempre la economía

Si los escándalos se potencian por el descrédito acumulado, en la base del mismo está también el crudo impacto de la coyuntura económica y la percepción que tienen amplios sectores de trabajadores, el pueblo y las capas medias.

Los últimos datos muestran el enfriamiento de la economía. El cierre estimado para el 2016 del crecimiento del PIB será de un 1.9% -con un máximo en un 2.6% según los más optimistas-, en tanto que la deuda pública aumentó al 42% del Producto Interno Bruto. El peso no se recupera frente al dólar y datos tales como la confianza del consumidor continúan a la baja. Mientras los bajos salarios son carcomidos por la inflación, medidas como los gasolinazos afectan el bolsillo de amplios sectores de la población.

Estos no son datos menores para un gobierno que en los primeros años de su mandato –con el apoyo de sus socios del pacto por México, el PAN y el PRD– llevó a cabo las reformas estructurales y se favoreció del aumento de las exportaciones no petroleras a los Estados Unidos y del crecimiento de la inversión extranjera en determinadas ramas de la economía.

Eso le permitió contar con el apoyo de amplios sectores de las capas altas y medias acomodadas –muchos de los cuales recientemente votaron al PAN– e incluso de sectores de la clase obrera, que apoyaban al PRI por temor a perder su fuente de trabajo. Ahora, hacia el próximo informe de gobierno, Peña Nieto buscará maquillar los datos y convencer del desempeño de su gobierno.

Sin embargo, la dinámica económica está en la base de la merma del prestigio del gobierno. Si en los años previos el gobierno enfrentó el surgimiento de movimientos como el que exigía la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ahora –aunque no hay movilizaciones de esa magnitud– se amplió el espectro de desilusión y oposición a la administración peñanietista a sectores que lo habían apoyado electoralmente en el 2012.

El llamado “malhumor social” está alimentado por los malos datos de economía y por el enojo que provocan los casos de corrupción por parte de los gobernantes priístas. La tesis plagiada se suma a éstos como una expresión más de la impunidad del poder político mexicano.

La incertidumbre, en ascenso

Un panorama complejo para el gobierno, cruzado por las próximas elecciones del 2017 que serán un preámbulo del 2018. Aunque no está claro aun el escenario político de las alianzas de la oposición, Peña Nieto necesita urgentemente recomponer la imagen de su administración y amarrar un mayor aval social. Los cuestionamientos recibidos por parte de la cúpula eclesiástica y empresarial no ayudan a eso.

El gobierno cuenta, sin embargo, con un elemento que juega favorablemente. La protesta social, cuyo punto más alto fue la lucha magisterial, no se generalizó en las calles. El paro magisterial, y la resistencia denodada de decenas de miles de profesores en toda la república, no llevó a un gran paro nacional de todo el movimiento obrero.

La responsabilidad de las direcciones sindicales en esto es evidente. La Unión Nacional de Trabajadores, que se reclama opositora, a pesar de sus declaraciones y algunas acciones de apoyo, evitó realizar una contundente medida con los métodos de lucha de la huelga y el paro. En el caso de los charros que están al frente del Congreso del Trabajo y la CTM, confirmaron (una vez más) su complicidad con la política de Peña Nieto y Aurelio Nuño.

Sin duda, para profundizar la crisis del gobierno y dar una salida favorable a los intereses de los trabajadores y el pueblo, es crucial desarrollar la movilización en apoyo a las y los maestros y contra las reformas estructurales.

Las próximas jornadas de movilización magisterial son una gran oportunidad para impulsar acciones de lucha y solidaridad de todo el movimiento obrero, así como de la juventud y de los sectores populares, preparando el camino para un gran Paro Nacional.


Pablo Oprinari

Sociólogo y latinoamericanista (UNAM), coordinador de México en Llamas. Interpretaciones marxistas de la revolución y coautor de Juventud en las calles. Coordinador de Ideas de Izquierda México, columnista en La Izquierda Diario Mx e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas.

X