El martes se enteraron de que quedaban en la calle. Muchas de ellas trabajaron la mitad de su vida en la fábrica; allí se “rompieron”. La historia de Sandra, Silvana y Patricia, y sus ganas de luchar.

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2
Jueves 22 de junio de 2017
Te subís al colectivo en el centro porteño, empezando el viaje hacia la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Detrás de la parada del bondi un afiche séxtuple te propone “Festeja con Lay’s. Disfrutá y compartí”. Dos chicas salen del kiosko con uno de los paquetes de la publicidad. Camino a Florida, otros afiches, otros kioskos, otros paquetes. En la radio una voz eufórica te cuenta que “siempre hay motivos para festejar con Lay’s”.
Llegaste. Bajás del colectivo, imaginás que al doblar la avenida Roca te vas a encontrar con ese pujante “mundo Lay’s” que por todos lados te invita a “disfrutar y compartir”. Pero en la puerta de PepsiCo Snacks hay un grupo de trabajadoras en ronda. Detrás de ellas, atravesada en el portón, un cartel dice “no al despidos de los trabajadores/as”.
En la ronda, junto a las camperas de PepsiCo, hay otras que dicen Mondelez y Felfort. Son obreras de otras fábricas que se acercaron tras enterarse de los despidos.
Katy se acerca. Quizás algunos no la conocen, pero su caso se estudia en muchas facultades de derecho. “Catalina Balaguer contra PepsiCo”. La justicia ordenó, allá por 2002, su reincorporación, considerando que su despido había sido discriminatorio. Mucho antes de ser delegada “de derecho”, era una delegada de hecho para sus compañeras, enfrentando la prepotencia de la empresa.
Katy nos presenta a algunas de las mujeres que PepsiCo que se rompen el cuerpo con las papas que todo el mundo debería “festejar”, pero quieren pueden quedar en la calle.
“Estamos decididas a hacer acciones para ser escuchadas”
Sandra tiene 43 años y entró en 1998 a PepsiCo, hace 18. Tiene un hijo de 15 años.
Uno siente estar escuchando un resumen de un libro de traumatología. Pero son las marcas en el cuerpo que le dejaron el trabajo en las líneas de PepsiCo. “O sea que para ir a trabajar a otro lado ya no sirvo”, dice Sandra.
Durante todos estos años, Sandra sacó miles de cajas de Lay’s. De noche, de tarde, de mañana. De noche, de tarde, de mañana. Según estudios médicos de prestigiosas universidades, quienes trabajan por turnos y de noche pierden cinco años de vida por cada quince de jornada laboral. Además, tienen más de posibilidades de padecer trastornos psicológicos, digestivos y cardiovasculares.
Mañana, tarde y noche, Sandra hace cuentas.
Según la Revista Mercado, durante 2015, el último balance conocido, PepsiCo Argentina tuvo una facturación de 3800 millones de pesos. 800 millones más que el año anterior.
No nos merecíamos esto, no nos merecemos quedarnos en la calle como perros
Pero Sandra cuenta también que con sus compañeras y la comisión interna supieron ponerle freno a esa prepotencia de la empresa.
Esa organización que les permitió resistir cada embate de la empresa, le da confianza en este momento. Dice que al principio estaban shokeadas, aturdidas. Cuando parece quebrarse, retoma la voz firme.
“Toda una vida acá adentro para que te pongan ese cartel”
Silvana, entró a trabajar a PepsiCo casi junto a Sandra, que se queda acompañándola. Tiene 42 años, hace 19 que trabaja en la planta Florida. Casi la mitad de su vida. En ese lapso, tuvo un hijo que ahora tiene 11 y una nena de 3.
En PepsiCo Silvana se rompió, como muchas de sus compañeras, fabricando esas papas “para disfrutar y compartir”.
Hace 6 años estoy en selección de papas por tareas livianas, por el tema de las tendinitis en los brazos, manos y hernia cervical
Silvana y sus compañeras conocían las maniobras de PepsiCo. “Estaban queriendo vaciar la fábrica hace tiempo, nosotros hicimos campañas, haciendo cosas por todos lados”. Junto a la comisión interna, alineada con la agrupación Bordó, habían realizado denuncias y acciones contra el vaciamiento y los retiros voluntarios.
Se abraza con Sandra. Entraron juntas a la fábrica y juntas quieren pelear por la reapertura y contra los despidos. “La mayoría somos mujeres acá adentro. Muchas son madres. Toda una vida acá adentro para que te pongan ese cartel”.
Juntas leen un acta que les llega por el grupo de guasap que armaron entre los trabajadores. Por allí circulan las informaciones que envían los delegados, las actividades que organizan, las dudas que necesitan aclarar y las solidaridades que llegan.
“Nos pensamos quedar hasta que abran la fábrica de nuevo”
Patricia es delegada de la comisión interna de PepsiCo. Entró a la fábrica en 2010, cuando tenía 35 años. Hoy tiene 42. Todavía recuerda el cambio que significó entrar a una empresa multinacional donde además había vida política y sindical.
Como sus compañeras, Patricia tuvo que soportar la insaciable sed de ganancias de PepsiCo.
Cuenta que “hay cosas que no puedo hacer con mi bebé, con mis problemas de cintura; mucho tiempo a upa no lo puedo tener, y es un bebe chiquito que necesita muchos mimos”. Es que Patricia tiene desgarro de hombro, tendinits en un codo y problemas lumbares. Además del bebe de 10 meses, tiene una hija de 15. “Cuando le conté me dijo “¿otra vez te quedaste sin trabajo mami, de qué vamos a vivir”? De esta vamos a salir le dije”.
Patricia también tiene confianza en sus compañeros y la organización que han construido en estos años.
Estamos haciendo que todo el mundo sepa lo que estamos pasando, las cosas que quiere hacer Pepsico con nosotras
Las palabras de Patricia aclaran las cosas: parece que a la empresa no les gustó que hayan conquistado derechos. Ni que hayan enfrentado los intentos de vaciamiento y flexibilización. Y entonces la multinacional que propone “festejar y compartir”, quiere dejar en la calle a cientos de mujeres, madres, con los cuerpos lastimados de tanto empacar, embalar, limpiar.
Pero Patricia dice que no se van a salir con las suyas.

Lucho Aguilar
Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.